Pero antes de volver, Valeria y Nicolás todavía tenían una última misión en el extranjero.
Dirigir el proyecto más importante que habían recibido hasta ese momento.
El lunes por la mañana, Sofía reunió a todo el equipo.
—Tenemos tres meses para presentar esta campaña. Será nuestro proyecto más grande del año.
Daniel revisó los documentos.
—¿Y quién estará a cargo?
Sofía miró a Valeria y Nicolás.
—Ellos dos.
Valeria respiró profundamente.
Nicolás sonrió.
—Entonces tenemos mucho trabajo.
Durante las siguientes semanas, el equipo trabajó sin descanso.
Valeria se encargaba de organizar las reuniones y coordinar a cada departamento.
Nicolás supervisaba la parte creativa y se reunía constantemente con los diseñadores.
A pesar de la presión, habían aprendido a confiar completamente el uno en el otro.
Cuando uno tenía dudas, el otro estaba ahí.
Cuando surgía un problema, lo resolvían juntos.
Y cuando algo salía bien, lo celebraban juntos.
Una tarde, Paula se acercó a Valeria.
—Nunca había visto a dos jefes trabajar así.
—¿Así cómo?
—Como si supieran exactamente lo que el otro está pensando.
Valeria sonrió.
—Supongo que después de tanto tiempo aprendimos a conocernos.
El día de la presentación finalmente llegó.
Todo el equipo estaba preparado.
La sala estaba llena de representantes de diferentes empresas.
Valeria comenzó la exposición.
Nicolás continuó con la estrategia creativa.
Daniel y Paula presentaron sus respectivas áreas.
Por primera vez, no eran solamente Valeria y Nicolás los que sostenían una presentación.
Todo el equipo había crecido junto.
Cuando terminaron, hubo unos segundos de silencio.
Después llegaron los aplausos.
El cliente se levantó.
—Excelente trabajo. Esta campaña es exactamente lo que estábamos buscando.
Valeria sonrió emocionada.
Nicolás la miró.
No necesitaban decir nada.
Lo habían conseguido.
Esa noche, el equipo organizó una pequeña celebración.
Hubo comida, música y muchas fotografías.
Paula levantó su vaso.
—Por nuestro último gran proyecto juntos.
Daniel la corrigió.
—Último proyecto aquí, no juntos.
Todos rieron.
Valeria miró a sus compañeros.
—Gracias por estos meses. Cuando llegamos, no conocíamos a nadie. Ahora siento que dejamos amigos aquí.
Sofía se acercó y la abrazó.
—Siempre tendrán un lugar aquí.
Nicolás también agradeció al equipo.
—Nos llevamos muchísimo de esta experiencia.
Más tarde, cuando todos se habían ido, Valeria y Nicolás quedaron solos en la terraza de la oficina.
La ciudad estaba iluminada frente a ellos.
—¿Te acuerdas de lo que dijiste cuando llegamos? —preguntó Valeria.
—¿Qué cosa?
—Que cualquier lugar podía sentirse como hogar.
Nicolás sonrió.
—Y resultó ser cierto.
Valeria apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Pero ahora quiero volver a casa.
—Yo también.
Él tomó su mano.
—Y esta vez no será por una oportunidad de trabajo.
—Será porque nosotros lo elegimos.
Se quedaron abrazados durante unos segundos.
Habían llegado a aquel país como dos profesionales que buscaban demostrar su capacidad.
Se irían como una pareja mucho más segura de lo que quería para su futuro.
Y todavía les quedaba una última despedida.