Juntas de lunes, besos de viernes

Capítulo 38: Una decisión para siempre

El lunes comenzó como cualquier otro.

Valeria llegó temprano a Nova Ideas y encontró a Nicolás esperándola con su café.

—Buenos días.

—Buenos días.

—¿Dormiste bien?

—Sí. Aunque todavía estoy pensando en nuestro viernes.

Nicolás sonrió.

—Yo también.

Valeria dejó sus cosas sobre el escritorio.

—Fue una noche muy bonita.

—Quería que fuera especial.

—Lo fue.

Durante la junta, la directora presentó varios proyectos nuevos.

Valeria tomó notas mientras Nicolás revisaba algunos documentos.

Todo parecía normal.

Hasta que la directora anunció:

—También quiero informarles que la empresa ha decidido crear una nueva dirección para los proyectos internacionales.

Todos comenzaron a murmurar emocionados.

—Y ya tenemos a las personas ideales para ocupar esos puestos.

Valeria y Nicolás se miraron.

La directora sonrió.

—Valeria y Nicolás.

Los dos quedaron sorprendidos.

—¿Nosotros? —preguntó Nicolás.

—Ustedes.

Los aplausos llenaron la sala.

Después de la junta, Valeria salió al pasillo.

Nicolás la alcanzó.

—¿Te das cuenta de lo que acaba de pasar?

—Sí.

—Tenemos nuestro propio departamento.

Valeria sonrió.

—Y pensar que al principio ni siquiera podíamos trabajar juntos.

—Eso quedó muy atrás.

Ella lo miró.

—Estoy orgullosa de nosotros.

—Yo también.

Esa tarde, cuando terminaron de trabajar, Nicolás le pidió a Valeria que lo acompañara al parque.

Era el mismo lugar donde habían compartido su primer beso.

Valeria lo reconoció inmediatamente.

—¿Otra vez aquí?

—Sí.

Caminaron hasta la banca donde habían hablado de sus sentimientos por primera vez.

Nicolás se detuvo.

—Quería traerla aquí porque este lugar significa mucho para nosotros.

Valeria sonrió.

—También para mí.

Nicolás respiró profundamente.

—Hemos pasado por muchas cosas.

—Sí.

—Nos conocimos por trabajo. Después nos convertimos en amigos, luego en pareja y terminamos construyendo una vida juntos.

Valeria lo escuchaba en silencio.

—Y ahora quiero preguntarte algo.

Nicolás sacó una pequeña caja.

Valeria abrió los ojos sorprendida.

—Nicolás...

Él abrió la caja.

Dentro había un sencillo anillo.

—No quiero que esto sea una promesa de una vida perfecta. Quiero que sea una promesa de que seguiremos hablando, apoyándonos y eligiéndonos incluso cuando las cosas sean difíciles.

Valeria tenía los ojos llenos de emoción.

—¿Quieres casarte conmigo?

Ella sonrió.

—Sí.

Nicolás le colocó el anillo y ambos se abrazaron.

Después compartieron un beso lleno de felicidad.

Cuando regresaron a la oficina al día siguiente, Camila notó inmediatamente el anillo.

—¡NO!

Valeria se echó a reír.

—Sí.

Camila la abrazó emocionada.

—¡Por fin!

Nicolás se acercó.

—¿Tan obvio era?

—Desde el primer día que se conocieron —respondió Camila.

Los tres comenzaron a reír.

Y así, después de tantas juntas de lunes y tantos viernes compartidos, Valeria y Nicolás dieron el paso más importante de sus vidas.

Pero todavía quedaban doce días para la boda.

Y la boda estaba apenas comenzando a planearse.




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