El lunes por la mañana, Valeria entró a Nova Ideas con una sonrisa que no podía ocultar.
Camila la vio y corrió hacia ella.
—¡Buenos días, futura esposa!
Valeria soltó una carcajada.
—Todavía no me acostumbro a que me digas así.
—Pues ve acostumbrándote.
Nicolás apareció detrás de ellas.
—Buenos días.
Camila lo señaló.
—Y tú, futuro esposo, tienes mucho trabajo.
—¿Yo?
—Claro. Organizar una boda no es cualquier cosa.
Valeria y Nicolás se miraron.
—Creo que tiene razón —dijo Valeria.
Ese mismo día, durante el almuerzo, comenzaron a hacer una lista.
Lugar.
Invitados.
Música.
Comida.
Fotografías.
Valeria escribió todo en una libreta.
—Tenemos demasiadas cosas que decidir.
Nicolás se inclinó para mirar la lista.
—Podemos hacerlo poco a poco.
—¿Y si algo sale mal?
—Lo arreglamos.
Valeria sonrió.
—Siempre dices eso.
—Porque siempre encontramos una solución.
Ella tomó su mano.
—Por eso quiero hacerlo contigo.
El sábado comenzaron a visitar lugares para la ceremonia.
El primero era demasiado grande.
El segundo no les gustó.
El tercero parecía perfecto, pero estaba demasiado lejos.
Después de varias horas, Valeria estaba cansada.
—Creo que necesitamos descansar.
Nicolás rió.
—Estoy de acuerdo.
Mientras regresaban a casa, pasaron frente a un pequeño jardín que acababan de inaugurar.
Valeria se detuvo.
—Es bonito.
Nicolás observó el lugar.
—Mucho.
Los dos se quedaron mirando el jardín.
No era enorme ni lujoso.
Pero tenía algo especial.
—¿Qué tal este lugar? —preguntó Nicolás.
Valeria sonrió.
—Me gusta.
Al día siguiente regresaron para conocerlo mejor.
El encargado les mostró el espacio.
Había árboles, flores y una pequeña terraza donde podían organizar la recepción.
Valeria miró alrededor.
—Puedo imaginar nuestra boda aquí.
Nicolás tomó su mano.
—Yo también.
No necesitaron seguir buscando.
Habían encontrado el lugar.
Esa noche, Valeria llamó a su madre para contarle la noticia.
—Mamá, encontramos el lugar para la boda.
Elena se emocionó.
—¡Quiero verlo!
—Te lo enseñaremos el próximo fin de semana.
—Estoy muy feliz por ustedes.
Después de despedirse, Valeria dejó el teléfono sobre la mesa.
Nicolás se acercó.
—¿Todo bien?
—Sí.
Ella sonrió.
—Solo me cuesta creer que realmente nos vamos a casar.
Nicolás la abrazó.
—Yo todavía no puedo creer que aquella primera junta de lunes terminara así.
Valeria rió.
—Quién iba a imaginarlo.
Los dos se quedaron abrazados.
La boda todavía estaba lejos.
Había mucho que organizar.
Pero cada decisión que tomaban hacía que el futuro pareciera un poco más real.
Y el siguiente paso sería conocer a todas las personas que formarían parte de ese día tan especial.