Juntas de lunes, besos de viernes

Capítulo 41: El vestido y el traje

El sábado por la mañana, Valeria tenía una cita que llevaba días esperando.

Había llegado el momento de elegir su vestido de novia.

Camila la acompañó desde temprano.

—¿Estás nerviosa?

—Muchísimo.

—No te preocupes. Vamos a encontrar el indicado.

Valeria sonrió.

—Eso espero.

Entraron a una boutique tranquila y una asesora las recibió con una sonrisa.

—¿Buscan un vestido para una ocasión especial?

Camila respondió inmediatamente:

—Para una boda.

Valeria se puso un poco nerviosa al escucharlo.

La asesora comenzó a mostrarle diferentes opciones.

Valeria se probó varios vestidos, pero ninguno terminaba de convencerla.

—Son bonitos, pero siento que no soy yo —dijo mientras se miraba al espejo.

Camila asintió.

—Entonces seguimos buscando.

Después de unos minutos, la asesora regresó con una última opción.

Valeria entró al probador.

Cuando salió, Camila se quedó en silencio.

—¿Qué?

Camila sonrió emocionada.

—Ese es.

Valeria se miró nuevamente al espejo.

Por primera vez, no imaginó cómo se vería en una fotografía.

Imaginó el momento en que caminaría hacia Nicolás.

Y sonrió.

—Creo que tienes razón.

Había encontrado su vestido.

Mientras tanto, Nicolás estaba en otra tienda con Daniel.

—Nunca pensé que elegir un traje pudiera ser tan complicado.

Daniel se rio.

—Es porque quieres que todo sea perfecto.

—Quiero verme bien.

—Te vas a casar con Valeria. Eso ya es suficiente.

Nicolás sonrió.

Después de probar varias opciones, finalmente encontró un traje que le gustó.

Se miró al espejo.

—Este.

Daniel asintió.

—Definitivamente ese.

Por la tarde, Valeria y Nicolás se encontraron en una cafetería.

Ninguno podía contarle al otro cómo sería su atuendo.

Era una sorpresa para el día de la boda.

—¿Encontraste el tuyo? —preguntó Nicolás.

—Sí.

—¿Te gustó?

Valeria sonrió.

—Muchísimo.

—Entonces yo también estoy feliz.

Ella lo miró.

—¿Y tú?

—También encontré el mío.

Los dos sonrieron.

—No podemos decir nada más —dijo Valeria.

—De acuerdo.

Al salir de la cafetería, caminaron tomados de la mano.

La boda se acercaba cada vez más.

Ya tenían el lugar, la lista de invitados y ahora también sus atuendos.

Pero todavía quedaban muchas cosas por preparar.

La música.

La decoración.

Las invitaciones.

Y, sobre todo, los votos que cada uno quería decir frente a todos.

Mientras caminaban, Nicolás miró a Valeria.

—¿Sabes qué es lo que más espero de ese día?

—¿Qué?

—Verte llegar.

Valeria sonrió.

—Y yo espero verte esperándome.

Nicolás apretó suavemente su mano.

—Entonces tenemos una cita.

—La más importante de todas.

Y continuaron caminando juntos, contando los días para el momento que cambiaría sus vidas para siempre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.