La organización estaba prácticamente lista, pero había algo que Valeria y Nicolás todavía no habían preparado.
Sus votos.
La mañana del lunes, mientras tomaban café antes de comenzar la junta, Valeria sacó una pequeña libreta.
—Hoy voy a empezar.
Nicolás la miró con curiosidad.
—¿Los votos?
—Sí.
—Yo también debería hacerlo.
Valeria sonrió.
—Pero no puedes ver los míos.
—Ni tú los míos.
—Trato hecho.
Durante toda la semana, cada uno buscó momentos tranquilos para escribir.
Valeria se sentaba por las noches junto a la ventana.
Intentaba encontrar las palabras correctas para expresar todo lo que sentía.
Recordó aquella primera junta.
La primera vez que discutieron.
El primer proyecto que hicieron juntos.
El viaje al extranjero.
El día en que Nicolás le confesó lo que sentía.
Y, finalmente, el día en que le pidió matrimonio.
Sonrió mientras escribía.
No quería prometer una vida perfecta.
Quería prometer una vida compartida.
Nicolás también escribía sus votos.
Una noche, sentado en su escritorio, recordó el primer día que vio a Valeria.
Nunca imaginó que aquella compañera seria y organizada terminaría convirtiéndose en la persona más importante de su vida.
Escribió durante varios minutos.
Después cerró la libreta.
—Ahora sí.
El viernes por la tarde, ambos terminaron sus respectivos votos.
Valeria guardó su hoja dentro de un sobre.
Nicolás hizo lo mismo.
Se encontraron en el mismo parque donde habían compartido tantos momentos importantes.
—¿Terminaste? —preguntó Nicolás.
—Sí.
—Yo también.
Se sentaron en la banca.
—¿Quieres saber algo? —preguntó Valeria.
—¿Qué?
—Me costó mucho escribirlos.
—A mí también.
—Porque hay cosas que no sé cómo explicar con palabras.
Nicolás sonrió.
—No tienes que explicarlo todo.
Valeria lo miró.
—¿No?
—No. Algunas cosas simplemente se sienten.
Ella tomó su mano.
—Entonces espero que entiendas lo que quiero decir ese día.
—Estoy seguro de que sí.
El viento movió suavemente las hojas de los árboles.
Valeria apoyó la cabeza sobre el hombro de Nicolás.
—¿Estás nervioso por la boda?
—Un poco.
—Yo también.
—Pero estoy más emocionado que nervioso.
Valeria sonrió.
—Yo igual.
Se quedaron allí unos minutos, disfrutando de la tranquilidad.
Sus votos seguían siendo un secreto.
Ninguno sabía qué había escrito el otro.
Y así querían mantenerlo.
Porque el día de la boda querían escucharlos por primera vez frente a todos.
Antes de despedirse, Nicolás miró a Valeria.
—Nos queda una cosa más.
—¿Qué?
—Elegir nuestra canción.
Valeria abrió los ojos.
—¡Es verdad!
Nicolás sonrió.
—Entonces nuestra próxima cita será para encontrarla.
Valeria entrelazó sus dedos con los de él.
—Perfecto.
Se alejaron del parque juntos.
La boda estaba cada vez más cerca.
Y todavía quedaba una última decisión que convertiría aquel día en un recuerdo completamente suyo.