Junto a la fogata

Cuento #2.

"El milagro"

Megan.

En pleno inverno cuando la nieve cae con más fuerza y el viento sopla la gente suele quedarse adentro de sus casas disfrutando de la calefacción y tal vez un café o chocolate caliente mientras ve una película o disfruta de una buena charla con su familia, pero estos viejos locos prefieren estar a la intemperie donde lo único que nos cubre es un viejo de techo de lámina el cual permite que aquella fogata que nos trasmite un poco calor estuviera prendida, es ahora que le agradezco a dios que mientras viajábamos a la casa de los abuelos de Alessia aún no empezara la nevada, si no posiblemente ahorita estuviéramos atascados en la carretera, aunque ahora que lo pienso no sería tan malo porque estaríamos adentro del carro y no afuera pudriéndonos de frio como en este momento.

—Yo contare la primera historia—anuncié—. Bien, esto me paso en mi parto...

Solté un suspiro y comencé a narrar mi historia, aquella historia que aún vive muy presente en mis recuerdos y el pensarla, aunque sea un segundo hace que un escalofrió recorra toda mi piel y el miedo crezca en mí, esta historia sucedió aproximadamente hace un año cuando estaba por dar a luz a mi primer bebe en un hospital que jamás había visitado y estaba repleto de leyendas urbanas que te hacían cuestionarte si realmente querías atenderte en ese lugar.

Yo no tuve realmente opción porque cuando mi pequeño decidió que era hora de venir al mundo íbamos en plena carretera y ese era el pueblo más cercano, mi dolor era tanto que no me podía permitir seguir adelante hasta que encontramos un lugar mejor. El hospital no era feo y sus instalaciones estaban en buen estado, incluso su personal era muy amable y me atendieron al instante. Mi historia comienza al entrar al quirófano por lo que nos remontamos a un año atrás...

Un año atrás.

Hace una hora que el enfermero me había preparado para entrar directamente a quirófano, actualmente me encontraba esperándolo impacientemente en mi habitación junto a mi novio, Daniel se encontraba demasiado nervioso y yo no me quedaba atrás, pero a diferencia de él que caminaba de un lado a otro yo solo podía quedarme en la cama observándolo.

—Basta, me mareas —dije harta de verlo caminar de un lado a otro.

—Lo siento Megan —por fin lo vi tomar asiento, pero su pie no dejaba de moverse—. Estoy nervioso.

—Yo también lo estoy —le respondí molesta, el dolor me estaba matando.

Él iba a contestar, pero el doctor y el enfermero entraron interrumpiendo nuestra conversación por lo que al instante guardamos silencio, el enfermero comenzó a ver el aparatito que estaba al lado de mi cama.

— ¿Cómo te sientes? —me preguntó el doctor mientras aplicaba algo de gel en mi abdomen.

—Me duele—contesté sin más, él solo asintió sin despegar la mirada de la pantalla.

—Tenemos que llevarte de urgencia al quirófano —soltó de golpe, y comenzó a darle instrucciones al enfermero.

— ¿Qué? ¿Por qué? —Pregunté confundida.

—Él bebe trae el cordón enredado—contestó sin dar más explicaciones.

Fueron cuestiones de segundos cuando varios enfermeros entraron para llevarme al quirófano, por más que preguntaba qué estaba pasando y si me bebe estaba bien nadie me dio respuesta alguna y eso solo logro alterarme hasta el punto de que comencé a sentir miedo, no pánico, temía que algo malo le pasara mi bebe.

—Está muy alterada —escuché decir a uno de los enfermeros.

No me importo lo que dijo yo solo quería levantarme de aquella camilla y buscar a mi doctor, el sabría qué hacer y él si me respondería, a él si le tengo la confianza.

—Tendremos que dormirla — escuché decir al doctor.

Uno de los enfermeros se acercó a mí e inyecto algo en mi brazo, no sé cuánto tiempo tardo en hacerme efecto que me empecé sentir tan cansada hasta el punto de que mis ojos ya no podían mantenerse abiertos y sin poderlo evitar por más tiempo, estos se cerraron sumergiéndome en una oscuridad total.

Cuando volví abrir los ojos ya no me encontraba en la camilla y no había nadie a mi alrededor ahora estaba en un pasillo poco iluminado, volteó a todos lados pero no logro ver a nadie, era como si todos hubieran desaparecido porque tampoco lograba detectar ningún sonido, todo estaba tan callado, tan pacifico que daba miedo, comencé a dar pasos lentos recorriendo los pasillos, necesitaba encontrar a alguien, llevó mi mano hacia mi vientre pero este ya no estaba abultado ahora solo era un vientre plano, que extraño ¿Dónde está mi bebe? ¿Ya nació?, algo andaba mal.

Pequeños pasos se comenzaron a escuchar y eso me alegró, pues al parecer por fin me encontraría con alguien y espero que esa persona sea algún médico que me explique qué está pasando y porque rayos me dejaron en un pasillo, sabía que esto era un hospital de mierda, mi instinto nunca falla. Los pasos se siguieron escuchando hasta que logre identificar la figura de una mujer, le llame una y otra vez, pero nunca recibí una respuesta de ella, tan solo podía escuchar una risa de su parte que me causo más de un escalofrío.

Empecé a retroceder lentamente y ella se seguía acercando sin dejar de reír, esto ya me estaba empezando a dar miedo pero lo que si termino se asustarme fue cuando coloco una de sus manos en la pared como si la estuviera rasguñando, eso producía un sonido horripilante que lastimaba mi oídos, esta vez sin pensarlo más comencé a correr por todos los pasillos sin saber a dónde ir o que hacer solo sabía que tenía que escapar, me freno de golpeé al verla parada frente a mí y no pude evitar soltar un grito que fue ahogado cuándo con su mano tomo mi cuello y lo comenzó a apretar sin borrar su estúpida sonrisa del rostro.




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