El sol de la mañana se filtraba con suavidad a través de los ventanales, derramando su luz cálida sobre cada rincón de la habitación, como si intentara arrancar de las sombras cualquier vestigio de la noche. El aire permanecía en calma, suspendido en una quietud casi reverente, hasta que unos pasos comenzaron a romperla poco a poco. Al principio lejanos, apenas perceptibles, pero con cada segundo más firmes, más presentes, hasta detenerse frente a la puerta.
El leve instante de silencio que siguió pareció alargarse, como si contuviera una expectativa silenciosa, antes de que la puerta se abriera de un solo movimiento decidido.
Argi llevaba horas despierto. Sus ojos, acostumbrados ya a la claridad del amanecer, habían recorrido una y otra vez los mismos detalles de la estancia, como si buscaran algo que nunca terminaba de aparecer. Aun así, siempre esperaba ese momento. Siempre deseaba que fuera Lucy, su sirviente, su compañía, su único vínculo constante dentro de aquella inmensa mansión, quien cruzara el umbral para anunciar el inicio del día.
No era una simple rutina. Era una pequeña ilusión cuidadosamente sostenida, un gesto cotidiano que le permitía fingir, aunque fuera por unos instantes, que no estaba solo.
Porque en el fondo, en ese rincón de su mente al que no podía engañar, Argi sabía la verdad. Podía repetirse mil veces lo contrario, podía aferrarse a la presencia de Lucy o al eco de los pasillos habitados por recuerdos… pero nada de eso cambiaba lo esencial.
Aquella mansión, por vasta que fuera, no era más que un reflejo de su propia soledad. Y él, pese a todo, seguía estando completamente solo
—Es hora de levantarse. El gran amo llegará al mediodía —anunció Lucy con su habitual encanto, sin que su sonrisa perdiera ni un ápice de calidez. Su voz, suave pero firme, parecía traer consigo la prisa del día que apenas comenzaba.
Argi alzó la mirada con una leve confusión dibujándose en su rostro, todavía atrapado entre el sopor del descanso y la claridad repentina de la noticia.
—¿No debía llegar mañana? —preguntó, frunciendo apenas el ceño. Recordaba con precisión las palabras de su esposo antes de partir; el señor de la casa nunca hablaba sin certeza, nunca dejaba espacio para errores en algo tan simple como una fecha.
—Lo sé. A mí también me avisaron en el último momento —respondió Lucy mientras se dirigía con rapidez hacia el armario, abriéndolo con decisión. Sus manos comenzaron a recorrer las prendas con diligencia, evaluando telas y colores con la destreza de quien conoce cada detalle—. Rápido, debemos estar presentables.
El murmullo de las telas al ser apartadas llenó el silencio que quedó en la habitación.
Argi permaneció unos instantes en la cama, inmóvil, dejando que la información terminara de asentarse en su mente. La confusión inicial no tardó en transformarse en algo más denso, más inquietante.
Su esposo nunca mentía. Nunca se retrasaba. Nunca cambiaba sus planes sin una razón de peso. Era un alfa honorable, alguien cuya palabra tenía el peso de una promesa inquebrantable, y precisamente por eso, cualquier alteración en sus decisiones resultaba imposible de ignorar.
Si estaba adelantando su regreso… entonces no era un simple capricho.
Una sensación incómoda comenzó a instalarse en su pecho, como una sombra que se alargaba sin forma definida. Argi no necesitaba aún ponerle nombre para saber que aquello no traía nada bueno. Y, sin embargo, en el fondo de su mente, una sospecha comenzaba a tomar forma, lenta pero inevitable.
Y eso fue lo que realmente lo inquietó.
Pero el sonido de la voz de Lucy terminó por arrancarlo de aquella inquietud que comenzaba a enraizarse en su pecho, devolviéndolo de golpe a la realidad. Al alzar la vista, lo encontró frente a él, sosteniendo dos conjuntos de ropa con una naturalidad casi teatral, como si aquel pequeño momento cotidiano fuera suficiente para disipar cualquier sombra.
—¿Cuál prefieres? —preguntó, elevando ambas prendas para que Argi pudiera apreciarlas con detenimiento. Sus ojos brillaban con un deje juguetón—. Yo me quedo con esta —añadió, señalando la de la izquierda—. Resaltará mucho tus… provocadoras curvas.
Intentó contener la risa, pero esta se filtró en su voz, apenas disimulada, traicionando la burla cariñosa que acompañaba siempre ese comentario
Era un chiste recurrente entre ellos.
Argi no tenía curvas que presumir. Su figura era más bien recta, discreta, muy lejos de las formas suaves y marcadas que caracterizaban a otros omegas. Y aunque había aprendido a fingir que aquello no le afectaba, que no tenía importancia, en el fondo siempre había sido una pequeña herida abierta. Cada vez que observaba a otros omegas, con cuerpos más definidos y llenos, una punzada de envidia silenciosa lo atravesaba, difícil de ignorar. Sin embargo, cuando venía de Lucy, el peso de esas palabras cambiaba.
Con él, las bromas no dolían de la misma forma. Había una confianza construida con el tiempo, firme y silenciosa, que lo protegía. Lucy no era solo su sirviente; era su mejor amigo, su único confidente dentro de aquella inmensa mansión. Había estado a su lado desde el primer día, cuando todo le resultaba ajeno y abrumador. Lo había cuidado, acompañado, sostenido en momentos en los que Argi sentía que ya no podía más.
Y aunque no era mucho mayor que él, su presencia siempre le había transmitido algo parecido a la seguridad de un hermano mayor, alguien en quien refugiarse cuando el mundo o aquella casa, se volvía demasiado pesado de soportar.
Por eso, incluso ahora, entre bromas y prisas, su compañía lograba hacer que todo pareciera un poco más llevadero.
—Dame el azul —dijo Argi, arrebatándole el otro conjunto de las manos con un gesto casi impulsivo. Sin darle más vueltas, se levantó de la cama y comenzó a desvestirse, dejando atrás la tibieza de la mañana y cualquier rastro de pereza.
—Ja, ja… déjame ayudarte —respondió Lucy, acomodándose de inmediato a su lado, listo para cumplir con su tarea con la familiaridad de quien ha repetido aquel ritual incontables veces.
#4997 en Novela romántica
#1206 en Fantasía
alfas betas omegas, controlador y posesivo, infedilidad y pasion
Editado: 19.04.2026