Juntos hasta la eternidad

Parte 1

Nataly vivía en la ciudad de Antofagasta, a fines del siglo XX, en el norte de Chile, era una joven tímida, de pelo oscuro y ojos café, algo rellena para los cánones de belleza, era baja para su edad. 

Su primera infancia cuidó de su madre, quien tenía una enfermedad degenerativa que la tuvo muchos años en cama, por eso del colegio se iba enseguida a su casa, hasta que su progenitora murió, dejándola totalmente sola a los 15 años, se sintió perdida, no tenía a nadie que pudiera cuidarla, por eso la mandaron a un Centro de Menores.

Allí, luego de un día en que se mantuvo alejada de todas, una rubia muy desinhibida se le acercó.

— ¿Por qué te trajeron, droga, te golpeaban? — le preguntó mientras le pasaba un cigarrillo, mirando que ninguno de los cuidadores la viera.

— Gracias, no fumo. Mi mamá murió, era mi única familia, soy Nataly — respondió triste.

— Soy Yasna, entiendo, tu papá fue a comprar cigarros y no ha volvió jajajajaja.

— Murió cuando yo todavía era un bebé — ambas quedan un rato en silencio, luego le devolvió la consulta — ¿Y tú porque?

— Mi madre no quería que estuviera con mi novio solo porque es algo mayor que yo, me fui de casa, pero ella puso la denuncia en Carabineros, cuando me encontraron hablo con una asistente social y me interno, todo para que no lo viera, pero — sonrió picara — ya tengo listo un plan para irme ¿Te gustaría ir conmigo?

— Heeee...

— Tienes una semana para pensarlo, me caíste bien chata.

Nataly no pensaba irse, pero cuando uno de los cuidadores la acosó una noche, entendió que si no se iba la pasaría muy mal.

— Voy contigo — le dijo en un susurro a la rubia.

— Bien, te avisaré cuando nos debemos juntar, lleva solo lo indispensable. Nos encontraremos en el patio.

Dos días después, sin muchos problemas se subieron al techo y saltaron a la calle, donde los esperaba un auto, entraron y se fueron lo más rápido que pudieron

— Hola hermosa — un joven buen mozo saludó a Yasna con un beso, tenía como 25 años, moreno — ¿Y ésta?

— Es una amiga.

— Espero que nos ayude, ya casi no me queda dinero.

— Yo hablare con ella, tranquilo.

Nataly miraba nerviosa, silenciosa, pero por ahora era mejor a la perspectiva de que abusará de ella el tipo del hogar. Llegaron a un lugar bastante tranquilo, fueron al segundo piso de un gran edificio.

— Yasna, voy y vengo, traeré a dos — les guiñó el ojo y se fue.

— ¿Qué quiso decir? — preguntó incómoda la morena.

— Nada importante, toma, esto te hará sentir mejor — le pasó un cigarro con un olor fuerte.

Empezaron a fumar, al principio Nataly se atoró, pero según se fue acostumbrando se sintió más tranquila.

— ¿Y lo has hecho? — preguntó la joven rubia.

— ¿Cómo? — ni se sonrojó, los efectos de la droga ya la estaban afectando.

— ¿Qué si has tenido sexo?

— No.

— Bien.

Nataly pronto ya no era consciente de nada, no se sentía ansiosa, ni con miedo, incluso vio a su madre que le habló. Mientras Yasna le avisó a Javier que su amiga era virgen, así que este trajo un cliente especial, que al ver a la jovencita le refulgieron de ambición los ojos.

— ¿No crees que es mucho? — preguntó el hombre a quien lo llevo allí.

— Serás el primero ¿Eso no vale lo que pido? Mírala, es bella.

— Ni tanto, pero... tienes razón, aquí tienes.

Pagó el dinero pedido, y se llevó a la jovencita a una pieza donde tuvo sexo con ella toda la noche. Al otro día cuando Nataly se despertó, no tenía idea de donde estaba, el cuerpo le dolía, al verse se dio cuenta lo que pasó, ya que no recordaba nada, en la sala estaba Yasna, su novio había salido.

— ¿Quién fue... Javier? — preguntó nerviosa y asustada.

— No, fue un cliente.

— ¿Un qué...? — gritó.

— Vamos, tranquila, no debes preocuparte, le gustaste mucho, vendrá a la noche de nuevo.

— Eres una maldita, ese tipo me violó. Iré a la policía a denunciarlos.

— No escuche que dijeras que no, solo pedías más y más, y por donde él quisiera... gritaste de placer, bueno mientras tenías la boca desocupada... jajaja ¿Irás a denunciarnos? ¿Quieres volver a ese lugar? Al menos acá te cuidaremos, tendrás casa, libertad, comida y dinero, que más puedes pedir.

— No quiero ser una puta, me iré — tomó su mochila.

— La puerta está abierta, cuando te lleven de nuevo al hogar, ese tipo que te miraba te hará cosas peores que la de la noche, y no te dará dinero.

Nataly luego de pensarlo mucho decidió quedarse, todo el día estuvo nerviosa, cuando estaba por llegar la noche, le pidió a Yasna otro de esos cigarros, cuando llegó el tipo, ya estaba como el día anterior, se la llevó de nuevo a la cama, ella solo tenía alucinaciones, así pudo aguantar un mes, pero un día no tuvieron droga que darle, al llegar el tipo de turno, tuvo que hacerlo consciente, y esa vez no pudo hacerlo, el cliente se fue molestó y no pagó nada.

— Si no quieres pasarla mal, debes ser complaciente con los hombres que vienen.

— Ya no quiero, esto es asqueroso  — tomó su mochila, donde tenía el dinero que ha ganado este tiempo, para irse.

— No te irás así, me debes dinero, te he mantenido este tiempo — la miró malicioso — yo te enseñaré como obedecer, y al mismo tiempo me pagarás el dinero que me debes — la tiró al sillón, y comenzó a desvestirla, por suerte Yasna lo golpeó en la cabeza y lo dejó semi inconsciente.

— Corre — le gritó.

La joven salió como alma que lleva el diablo, se olvidó de sus cosas, solo iba con lo puesto, a las horas se escondió en un callejón con frío y miedo, durante el amanecer un hombre la vio, ella asustada se apegó a la pared.

— ¿Qué te pasó?

— Yo...

— No me tengas miedo, ven, prometo que no te haré daño.

Vio tanta sinceridad en su mirada que lo siguió, fueron a una casa modesta en un barrio normal. Él le dio comida y la dejó dormir en uno de los dormitorios mientras él salía a trabajar, volvió en la noche.




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