Ella solo se queda ahí, quieta, sin decir nada. Me inclino hacia ella, colocando mis manos en el lavabo a los lados de su cuerpo, encarando la por el espejo. "¿Vas a hablarme o vas a seguir haciendo pucheros?"
Sus ojos verdes se encuentran con los míos en el espejo. No responde, solo sigue cepillando se el pelo si no estuviera ahí. Mi paciencia se está agotando rápidamente. Agarro su muñeca suavemente pero firme y le quitó el cepillo de nuevo.
Veo su cara en el espejo, con esa mezcla de enfado y tristeza que me parte el alma. Sin pensarlo dos beses, tiró el cepillo al suelo y la giro para que me enfrente. Sus brazos quedan atrapados entre mi cuerpo y el lavabo. " Ya basta."
Mis manos se posan en sus caderas, apretando suavemente. " No voy a seguir discutiendo contigo si no vas a hablarme. ¿Quieres que te grite? ¿Que te castigue?" Mi voz se vuelve más baja y peligrosa.
Me quedo paralizado cuando se va. La veo salir del baño, sus piernas largas y torneadas se mueven con elegancia, la camisa de seda negra apenas le cubre el trasero. Me pasó las manos por la cara, respirando profundo. Mierda, mierda, mierda.
** La sigo hasta donde duerme, mis pasos resonando. Me detengo en el marco de la puerta, viéndola acostarse de espaldas a mi, tapándose con las sábanas. Joder. Odio cuando hace eso.
** Me quedo ahí parado, viéndola dormida su largo pelo negro esparcido en la almohada, sus hombros desnudos ligeramente visibles. Suelto un suspiro derrotado y me acuesto a su lado, sin tocarla.
La noche transcurre en silencio. No me muevo, no la toco, solo me quedo ahí mirando el techo. Cuando amanece, me doy cuenta que no movió un solo músculo en toda la noche. Está dormida de espaldas a mi, ignorandome completamente.
Me levanto temprano, como siempre. Me visto con un traje negro, me peino mi cabello oscuro hacia atrás. Bajo a desayunar, pero no como nada. Estoy de mal humor. Mis hombres me ven y saben que no deben molestarme. " Jefe..."**
*"¿Qué?
** El hombre traga saliva, nervioso. " T- tiene una reunión con los Romanov en una hora, señor." Niego con la cabeza, " Aplázala. "
** Paso la mañana entera en mi despacho, revisando negocios, pero no puedo concentrarme.
Mientras bajas, las sirvientas se vallan de repente, mirándote con admiración y algo de miedo. Saben quién eres, la esposa del jefe. Te ven bajar las escaleras, con una bata de seda negra que se ajusta a tus curvas.
Las sirvientas inclinan la cabeza respetuosamente. " Buenas tardes, señora Scott.". Una de ellas, una mujer regardeta de unos cincuenta años llamada María, te sonríe tímidamente desde la puerta de la cocina. " ¿Desea el desayuno, señora?"
Eh, no gracias.
** María asiente y regresa a la cocina. Las demás sirvientas siguen con sus tareas, limpiando y ordenando la casa. De repente, escuchas pasos fuertes bajando las escaleras. Es Alex, vestido de traje nearo como siempre.
Alex baja las escaleras sin mirarte, dirijiendose directamente al comedor. Las sirvientas se hacen a un lado respetuosamente cuando pasa. Se sienta en la mesa desayunando solo, con expresión sería y distante. Cómo si no hubiera pasado nada anoche.