Juntos, ¡pero jamas revueltos!

Capítulo 65/1: Mudanza

Los días de “aislamiento preventivo” habían sido maravillosos, pero solo pudimos soportarlo por cuatro días. Black y yo nos dimos cuenta que habíamos desarrollado tal vez una pizca de independencia emocional hacia los chicos. Decidimos lidiar con ello luego, pero lo mejor era dar por finalizado el “aislamiento preventivo”.

Lily y Micael se encontraban sentados en el sillón. Les había pedido que tomaran asiento para anunciarles mi decisión.

Pero las cosas no estaban saliendo según lo planeado.

—¿Mudarte? —Micael arrugó el rostro, incrédulo. Observó a Black—. ¿La corriste?

—Claro, siempre es culpa del blanco.

—¿Vas a renunciar, Ro? —Lily hizo un puchero—. ¿Tú y papá se disorviaron?

—Se dice “divorciaron”, cariño —le corrigió Black—. Y no lo hicimos porque no estamos casados. Aún… ¡Ahg! —lo pisé antes de que su “Aún” pudiera entenderse.

—Disculpa, no vi tu pie —le sonreí, inocente.

—Claro… —refunfuñó.

—No voy a renunciar, solo dejaré de vivir aquí. La inauguración de la academia será pronto y voy a tener que organizar mi tiempo—le expliqué—. Creo que es conveniente que me mude más cerca del local.

—El local está a veinte minutos de aquí —expuso Micael, con los brazos cruzados.

—Pero buscaré un lugar donde se encuentre a diez —rebatí. Alzó sus cejas, suspicaz. Miré a Black, en busca de ayuda. Fingió demencia. Con esos novios para qué enemigos—. Mi plan es optimizar el tiempo.

—Es una completa estupidez —escupió Micael—, ¿no lo crees, papá?

—Es su decisión y debemos respetarla, hijo —aseveró Black. Le agradecí su intervención—. Ahora bien, la señorita Herrero contactó a una agente de bienes raíces para encontrar un buen departamento. Vendrá aquí y he decidido acompañarla en auto.

—¿De verdad? —asintió. Sonreí, conmovida—. No debió molestarse.

—Sí, no debiste molestarte —espetó Micael.

—Pero lo hice —sonrió—. Irán conmigo.

—¡Si! —exclamó Lily. Micael resopló y se levantó de mala gana.

—Micael, no tienes que venir si no quieres.

—¿Estas excluyéndome de mi propia familia?

—¡Ooowww! ¿Soy tu familia? —inquirí con exagerada ternura. Hizo una mueca de disgusto—. Tus poderes mentales de manipulación adolescente solo sirven con tu padre.

—A mí ni me nombren en su contrapunteo.

— Si quieres venir, bien, sino,también —continué, ignorando la intervención tan colaborativa de Black.

—Como sea —gruñó Micael, poniéndose de pie—. Igual no tengo nada qué hacer.

Sonreí, victoriosa. Giré mi rostro. Notando que Black me había estado viendo, divertido. Carraspeé y endurecí mi gesto.

—Bien. Como quieras.

—Si ya terminaron de pelear, podemos irnos. La agente de bienes raíces nos está esperando afuera.

Los chicos se adelantaron y salieron al pasillo. Black me tomó de la cintura y me atrajo hacia él para plantarme un beso en los labios, lo aparté.

—Más te vale que no hagas eso en lo que resta de día —le advertí. Alzó sus brazos, divertido—. Hablo en serio, Black.

Caminé hacia la puerta, con el corazón a mil por hora. Black sujetó el pomo antes de que yo pudiera hacerlo, impidiéndome salir.

—Solo quiero dejar en claro una cosa —lo encaré, enojada y, al mismo tiempo, abrumada por mis sentimientos.

—¿Qué?

—No tengo pensado ocultarle a mis hijos que te amo.

Un escalofrío me recorrió entera. Incluso mi corazón se crispó. Creí que una vez que estuviéramos juntos mis emociones se calmarían, pero solo les había dado rienda suelta para que hicieran de las suyas.

—¿Vas a tirarme a la jauría?

—Sí —respondió sin más, encogiéndose de hombros. Lo vi, estupefacta—.La verdad, es que si no te presiono un poco y solamente dependiera de ti, tendría que ocultar nuestra relación hasta a mis nietos.

—¿No crees que exageras un poco?

—La verdad es que no. —Entorné los ojos—.¿Que voy a decirle a Lily o a Micael si hay alguien a quien ama y esa persona quiere ocultarlos? Como padre, debo dar el ejemplo y darme a respetar. No merezco ser ocultado como un… sarpullido —negué, incrédula—. Así que, si no quieres que sea yo quien hable con Micael, debes apresurarte.

—Eres un vil traicionero.

—Un vil traicionero que está loco por ti —dijo, guiñandome el ojo y pasando a un lado de mí para abrir la puerta.

Había sido traicionada. Salí del departamento sin poder caber en mi propia incredulidad.

Black atravesó el pasillo con una asquerosa sonrisa radiante. Lily y Micael nos esperaron frente a la puerta del ascensor.

—¿Por qué tardaron tanto en salir? —inquirió Micael, fastidiado.

—Tu padre salió corriendo al baño porque tiene diarrea. Pero.., digamos que no pudo llegar a tiempo. Hizo un desastre en el pasillo —dije fuerte y claro. Para que todos en su departamento pudieran escucharlo. La sonrisa de Black se borró. Me vio, amenazante. Fue mi turno de sonreír radiante.

—¡Papá! —Micael y Lily taparon sus narices con su camisa, mirándolo con asco.

—¡Yo no…! —intentó explicarse, pero sabía que ya estaba condenado. Sonrió. Su gesto no me gustó. Fue el de una persona vengativa—. Estoy enfermo. Esas cosas le pasan a cualquier enfermo —exclamó en dirección a todos los departamentos.

La puerta del ascensor se abrió. Los chicos entraron y Black aprovechó el punto ciego para entrecerrar sus ojos y darme una sonrisa que prometía cobrarse la afrenta. Fingí demencia, entré al ascensor y presione el botón. Dio un paso hacia nosotros, pero Lily lo detuvo.

—Papi, espera, ¿por qué mejor no te vas por las escaleras? —inquirió, sin destaparse la nariz.

Me atraganté al contener una carcajada.

—Pero, cariño, son muchos pisos.

Black estaba devastado.

—Lily, la familia debe estar en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad —intervine—. Tu padre está pasando por un mal momento. Debemos apoyarlo.




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