Juramento Inquebrantable

Episodio 1: Mal presagio

Assia, cinco años después…

Amaba la cocina con cada fibra de mi ser, la combinación infinita que se podía crear con los millones de sabores que existían en el vasto mundo. Me fascinaba sentirme en constante crecimiento, absorbiendo y aprendiendo cada día algo totalmente nuevo. Sin embargo, odiaba con toda el alma a esas personas vacías que se creían superiores a los demás únicamente por tener dinero. Como si el maldito dinero pudiera comprar el talento o la experiencia acumulada.

—Allí viene Deena —susurró Nash a mi lado—. Es una completa molestia.

—Creí que no iba a venir —dijo Wall, inclinándose sobre las piernas de Nash—. ¿Su papi no se la iba a llevar de viaje?

—Supongo que se dio cuenta de que su hijita no sabe ni cortar un rábano y la han enviado como castigo —bromeé.

Cada curso contaba con los típicos alumnos: el chico con complejo de comediante; ese era Diego. El grupo de tres amigas inseparables: Nash, Wall y yo. El chico guapísimo del salón: ese puesto estaba vacante, pues todos parecían una manada de adolescentes hormonales sin gracia. Los de relleno, simplemente estaban allí, ocupando espacio pero sin aportar absolutamente nada de valor a la clase. Y la chica adinerada que no servía para absolutamente nada, pero que se creía superior a todos, incluso al profesor, solo por tener un padre con dinero y poder. Sí, Deena era hija de un poderoso e influyente político que le cumplía cada capricho absurdo y malcriado.

Y que quede claro: no le tenía ni una sola pizca de envidia, jamás. Simplemente me parecía un ser humano asqueroso, vacío y profundamente despreciable. Era desesperante e indignante verla cada maldito día pavonearse sintiendo que estaba a otro nivel, cuando no era capaz de cortar bien ni una simple cebolla. Pero, de alguna forma —manejando los hilos con el dinero su papi—, Deena había pasado cada módulo y había logrado llegar a la graduación. Supongo que el verdadero talento era irrelevante cuando se trataba del capricho mimado de una nepobaby con pretensiones de ser chef.

Deena se pavoneó por la primera fila del recinto, hasta detenerse frente a mí con los brazos cruzados. Me lanzó una mirada de asco y comento:

—Estás en mi lugar.

—Si querías sentarte en la primera fila hubieras llegado antes —respondí sin darle importancia.

—Además, los puestos fueron asignados y este es el mío —expliqué Nash y me hice a un lado para que viera mi nombre en el respaldar de la silla.

—Ese puesto se lo dieron porque es la mejor del salón —agregó Wall usando un tono de arrogancia pura. Supongo que había esperado mucho para decirle algo así—. Tu lugar está en el corral, con los animales y es una ofensa para ellos.

Nash y Wall chocaron las manos.

—Son una bola de tontas. ¿No te avisaron? La mejor de la clase soy yo. —Deena alzó una ceja y señaló al profesor Vetle que venía detrás de ella—. Dígale, profe los nuevos cambios. No es mi culpa que esta organización sea tan cutre.

El profesor Vetle fue incapaz de sostenerme la mirada, así que la desvió con cobardía. Pero la postura rígida de sus hombros y su actitud cabizbaja me dejaban perfectamente en claro que Deena, una vez más, estaba jugando sucio.

El profesor se acercó a mí con pasos vacilantes y en voz baja dijo:

—Lo siento, Assia, el director me acaba de informar del cambio.

Miré hacia la tarima donde estaba el grupo directivo y negué con la cabeza, sintiendo una opresión dolorosa en el pecho.

—Esto es increíble —soltó Wall desde su silla—. Ella se ganó ese primer lugar.

—No entenderías cómo funciona la vida, ni porque te lo explique con caramelos —manifestó Deena sonriendo victoriosa.

—Claro que entiendo, eres un fraude y siempre lo serás. —Nash no se cortaba para decir las cosas y esta no sería la primera vez.

—Basta chicas. No hay nada que puedan hacer —declaró el profesor Vetle—. Assia, por favor, dale tu asiento a Deena.

—Esto es una injusticia…

—Está bien —interrumpí a Wall de forma mordaz y me puse de pie—. El primer lugar viene con un puesto en la cocina del Chef Schwartz. Me gustaría ver la cara del Chef cuando llegue Deena a su cocina y no sepa ni hacer una sopa instantánea. ¿Qué dirá de la formación de la academia?

—Assia, no está en mis manos…

—No se preocupe profesor. Sin embargo, no me quedaré para avalar este fraude. Pueden enviarme mi certificado por correo.

—Eres una maldita malcriada —declaró Deena sentándose en mi lugar—. Mi papá se va a enterar de la humillación que me están haciendo pasar.

No respondí a su insulto; solo me giré con elegancia y comencé a caminar por el pasillo del auditorio sintiendo cómo la mirada de todos se clavaba punzante en mí. Llegué hasta donde estaba esperando mi hermana, mi cuñado y mi tierna sobrina. Me tragué la rabia sofocante y la profunda frustración que me quemaban por dentro antes de inclinarme para decirles:

—Estoy aburrida. ¿Qué tal si vamos a comer pizza? —propuse sabiendo que Nova adora la pizza y sería la primera en aceptar.

—Sí, sí, yo quiero con queso y jamón —comenzó a contar con sus deditos los ingredientes extra que quería ponerle—, y cebolla. Y tocineta, amo la tocineta.




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