La casa Bridgerton estaba inusualmente tranquila aquella tarde.
La luz dorada del atardecer se filtraba por las grandes ventanas del salón, iluminando los retratos familiares y las elegantes paredes. Edith estaba sentada en uno de los sofás, observando distraídamente un libro que llevaba varios minutos sin leer.
A su lado, Eloise caminaba de un lado a otro con evidente impaciencia.
-¿No te parece maravilloso? -dijo de repente.
Edith levantó la vista.
-¿Qué cosa?
-La paz -respondió Eloise con dramatismo-. Por una vez en esta casa nadie está hablando de debutantes, bailes o matrimonios.
Edith dejó el libro a un lado.
-Eloise, literalmente vamos a ir a un baile esta noche.
-Detalles sin importancia -replicó su hermana con una sonrisa traviesa-. Pero al menos todavía no somos nosotras las que están en el centro de todo.
Edith suspiró suavemente.
-Sabes que tarde o temprano lo estaremos.
-Pues espero que sea muy tarde -dijo Eloise, dejándose caer en una silla-. No entiendo por qué todas ustedes desean tanto casarse.
Edith sonrió con paciencia.
-Porque algunas sí queremos formar una familia.
Eloise la miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.
-¿Formar una familia? Edith, tienes toda una vida por delante. ¿Por qué querrías empezar por una jaula?
Edith soltó una pequeña risa.
-A veces pienso que cuando eras pequeña te caíste de cabeza.
Eloise entrecerró los ojos.
-Ah, claro. Porque querer ser independiente significa que estoy loca.
-Exactamente.
-Muchas gracias, querida hermana con la que compartí el vientre.
-De nada.
En ese momento la puerta del salón se abrió y su madre apareció con una expresión decidida.
-Mis niñas -dijo Violet-, será mejor que comiencen a prepararse. Esta noche asistiremos al baile de los Ashford.
Eloise dejó caer la cabeza hacia atrás.
-¿Es obligatorio?
-Absolutamente.
Edith se levantó de inmediato.
-Yo sí quiero ir.
Eloise la miró con incredulidad.
-Claro que quieres. Siempre te gustan estas cosas.
-Porque son divertidas.
-Porque eres peligrosa para la sociedad -respondió Eloise con tono burlón.
Edith solo rió antes de salir del salón para prepararse.
No sabía que aquella noche cambiaría muchas cosas..
EN EL BAILE
El baile estaba lleno de música, risas y vestidos brillantes. Candelabros enormes iluminaban el salón, y el sonido de los violines llenaba el aire.
Edith caminaba junto a su madre y sus hermanos, observándolo todo con curiosidad. Siempre le había gustado fijarse en los pequeños detalles de los lugares: los cuadros antiguos, las molduras doradas, las lámparas de cristal que parecían brillar como estrellas.
Mientras caminaban entre la multitud, escuchó a algunas damas mencionar la llegada de un príncipe extranjero. Pero Edith no prestó demasiada atención. Su mirada se había detenido en una pintura antigua que mostraba un paisaje marino.
Pasaron unos minutos y, entre conversaciones y saludos, Edith terminó separándose ligeramente de su familia. Varios caballeros comenzaron a acercarse para hablar con ella, convencidos de que ya había debutado.
Aquello la incomodó un poco.
Con una sonrisa educada, se disculpó y decidió salir al jardín para tomar un poco de aire.
La noche era fresca y tranquila. La música del salón llegaba amortiguada, mezclándose con el suave sonido de las hojas movidas por el viento.
Edith respiró profundamente.
Por un momento cerró los ojos, disfrutando de aquella calma.
Entonces escuchó unos pasos detrás de ella.
Se giró.
Frente a ella estaba un joven alto, de porte elegante. Su cabello era tan claro como los rayos del sol y sus ojos tenían el profundo color del mar.
Por un segundo ambos se quedaron en silencio.
El joven fue el primero en hablar.
-Espero no haberla asustado -dijo con una ligera sonrisa.
Edith negó suavemente con la cabeza.
-No, en absoluto. Solo estaba... disfrutando del aire fresco.
-Entonces me alegra no haber arruinado el momento.
Había algo en su tono que resultaba tranquilo, casi cercano. No tenía la rigidez habitual de los caballeros que hablaban con damas desconocidas.
-Supongo que usted también escapó del salón -dijo Edith.
-Exactamente -respondió él-. Confieso que los bailes pueden resultar un poco... abrumadores.
Edith sonrió.
-Eso depende de cuánto le gusten.
-¿Y a usted?
Ella lo pensó un momento.
-Me gustan observarlos más que participar.
El joven pareció divertido con la respuesta.
-Eso es curioso. La mayoría de las jóvenes desean bailar toda la noche.
-Quizás no soy como la mayoría -respondió Edith con naturalidad.
El joven la observó con más atención.
-Creo que tiene razón.
Hubo un breve silencio cómodo entre los dos.
-Disculpe mi atrevimiento -continuó él-, pero tengo la impresión de haberla visto antes esta noche con la familia Bridgerton.
Edith asintió.
-Sí. Soy Edith Bridgerton.
El joven arqueó ligeramente las cejas, sorprendido.
-Entonces usted es la hermana de Daphne Bridgerton.
Edith asintió otra vez.
-Así es.
Él sonrió con admiración.
-Vaya... parece que la belleza es cosa de familia.
Edith sonrió tímidamente.
Sin embargo, al escuchar la mención de su hermana, sintió una pequeña punzada de inseguridad. Era algo extraño para ella. Nunca había dudado realmente de sí misma, pero ser comparada con Daphne... por un momento la hizo sentirse un poco menor.
Qué extraño, pensó.
Aquello no era propio de ella.
Pero el joven no parecía haber notado su breve incomodidad.
-Debo admitir -continuó él- que su familia tiene una reputación bastante notable en la sociedad.
-Espero que sea una buena reputación -respondió Edith con una pequeña risa.
-La mejor, según lo que he escuchado.
La conversación continuó con una facilidad sorprendente.
Hablaron del baile, de la música, de los jardines de la ciudad, de los viajes del príncipe y de los libros que Edith disfrutaba leer. Él parecía genuinamente interesado en escucharla, y Edith descubrió que podía hablar con él sin sentirse observada o juzgada.
Era extraño.
Pero agradable.
El tiempo pasó casi sin que lo notaran.
Por primera vez en toda la noche, Edith no estaba pensando en regresar al salón.
Finalmente, al escuchar que la música cambiaba y que más invitados comenzaban a salir al jardín, Edith se levantó suavemente.
-Creo que debería regresar -dijo con amabilidad-. Mi familia probablemente estará buscándome.
El príncipe también se levantó.
-Ha sido un verdadero placer conocerla, señorita Bridgerton.
Edith inclinó ligeramente la cabeza.
-Lo mismo digo, alteza.
Antes de marcharse, él le dedicó una última sonrisa.
Edith regresó lentamente al salón.
Mientras caminaba, no pudo evitar pensar en la conversación que acababa de tener.
¿Se había enamorado... de una charla larga con un hombre que acababa de conocer?
No.
Claro que no.
Seguramente solo era un gusto pasajero.
...¿verdad?