Justicia Divina

3: Oportunidad y Sorpresa

Sus uñas ya sangraban por morderlas demasiado. Sus nervios se apoderaban de ella sin saber qué hacer, mientras observaba los papeles de inscrpición, que le envió el Colegio.

— ¿Rebeca estás aquí?-su amiga se acerca a ella tomando los papeles que estaban sobre la mesa-¿ya llegaron?-interroga-¿qué esperas para inscribirte?

— No sé si debo hacerlo...-arroja los papeles desordenándolos

— ¿Estás loca?¿Qué ocurre? Si es por el alojamiento, ya le he dicho a mi amiga sobre ti y está de acuerdo, puede recibirte...

— No es eso, Susan-la interrumpe-es que...mi madre...

— ¿Otra vez con tu madre? Amiga, ella ya está haciendo su vida con su nuevo novio, piensa en tu futuro, en tus objetivos...-dejó de escuchar a Susan al pensar en cómo estaría su madre al escuchar las palabras de su amiga, estaría sumamente enfurecida ¿Pensar en ella misma? Eso no estaba dentro de su vocabulario. Pero ya no podía volver, su madre no la iba a recibir.

— Tal vez tengas razón-admite.

Vuelve su mirada hacía los papeles y toma un bolígrafo. Comienza escribiendo su nombre hasta que su teléfono comienza a sonar, lo cual es extraño ya que solo su amiga tiene su número. Observa la pantalla para ver el número y no lo reconoció. Susan ya se había ido y ella decide contestar.

— ¿Hola?

— Con que este es tu número maldita perra, yo te he dado la vida y tú decides abandonarme ¿Yo te he criado así?-al reconocer la voz de su madre sus nervios aparecen sin aviso, dejando su teléfono caer a suelo mientras la mujer del otro lado de la línea seguía insultándola. Sus manos temblaban sin ella saber el por qué. Sentía lágrimas rodar por sus mejillas y temía el que su madre la encontrara, pero debía alejarse, tal vez debía escuchar a su amiga y comenzar con sus objetivos, y sus sueños.

Toma el teléfono, que se encontraba en el suelo, y corta la llamada. Era su nuevo comienzo, no el de su madre.

Mientras esperaba la respuesta del Colegio, intentó conseguir un trabajo, nuevamente como lavaplatos, ya que no tenía alguna otra experiencia laboral, y su edad no la acompañaba demasiado. Logró conseguir un trabajo en uno de los restaurntes lujosos de la ciudad. Su primer día fue algo alocado, ya que fue demasiado exigente. Aún así siguió, ya que la paga era bastante buena y ese dinero por primera vez podía gastarlo en ella.

Una noche, al salir del trabajo, tomó sus cosas y decidió tomar un taxi. Siempre iba a pie, pero era fin de semana y terminó sumamente agotada. Se subió al taxi y se dirigió hacía la casa de su amiga. Recostó su cabeza en el asiento y cerró sus ojos. Esos ojos verdes, que vio en la fiesta, aparecieron nuevamente en su mente como un flash, pensó que se estaba volviendo loca. “Solo es el cansancio” se dijo a así misma.

Ya en su destino, entra y se encuentra a su amiga tirada en el suelo, con su cabello revuelto e inconsciente. Arroja todas sus cosas y corre hacía ella en desespero.

— Susan ¿Estas bien? ¿Qué te pasó?-toma su cabeza e intenta que reaccione

— Nunca mezcles el vodka y el wisky , aniquilará tu cuerpo por completo-el aliento a alcohol llega a su nariz a lo que suelta su cabeza, cayendo al suelo nuevamente-¿quieres matarme?-interroga sobando su cabeza.

—¿Estás loca? Pensé que te había pasado algo. No debes beber así, sé que es fin de semana, pero debes hacer algo más...productivo

— Lo siento, es que mis padres no me lo permiten. Me pagan absolutamente todo y no quieren que trabaje...

— Tu me has dicho que siga mis sueños y mis proyectos dejando de lado a mi madre ¿Quieres saber cuantos mensajes de voz me ha dejado mi madre?

— Tienes que cambiar de número, amiga. Así ella ya no te molestará. También puedes cambiar tu teléfono, te regalé ese porque era el que tenía a mano cuando quería contactarte, pero ya deberías modernizarte.

— Tal vez tengas razón, lo haré-asiente su amiga. Susan se despide de Rebeca y se va a su habitación.
Se encamina a su habitación y se recuesta sobre su cama. Pensando en si escuchar los mensajes de voz que dejó su madre o simplemente ignorarla, aunque ella es su madre, no puede simplemente hacer eso.

Toma su teléfono y reproduce el primer mensaje, escuchando insultos, maldiciones, que nunca debió haber nacido, que por su culpa su padre la abandonó Ya con lágrimas en los ojos, deja el teléfono a un lado y se acurruca. Debía pasar por todo esto sola, sin el calor ni el arropamiento de nadie. Debía ser valiente y sobre todo fuerte.

Ya saliendo el sol, se prepara el desayuno y decide buscar la correspondencia. Observando los sobres, entre todos localiza el logo del Colegio, se desespera y la abre rápidamente.

— Señorita Rebeca Ortiz, su solicitud de ingreso ha sido aceptada, otorgándole un beca....-sin poder seguir leyendo, la emoción tomó posesión de su cuerpo y comenzó a saltar de la emoción. Por fin podría seguir estudiando para entrar a la universidad. Observa a su amiga salir de su habitación y corre hacía ella, tomándola por sopresa. La abraza sin control y su amiga sin comprender demasiado, salta junto a ella-¡me aceptaron!-confiesa ella y Susan la envuelve con sus brazos y le da un beso en su mejilla-no tanto cariño....-la aleja un poco-tu boca apesta a alcohol-se ríen ambas. Podía ser su nuevo comienzo. Así lo era. Desayuna tranquilamente con su amiga, disfrutando su día de descanso, a lo que Susan propone una idea alocada de que la acompañe a la discoteca, era su primera vez en una discoteca y por su edad no iban a permitir que ella entre- soy menor de edad aún, no van a dejarme entrar.




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