Mudarse a otra ciudad era la única forma que Emilia tenía para empezar de nuevo.
Dejar atrás una relación que la rompió no era fácil, pero quedarse tampoco era una opción. Con una maleta llena de dudas y un departamento vacío que no se siente como hogar, Emilia intenta convencerse de que esta vez todo será diferente: menos errores, menos sentimientos… menos dolor.
Pero empezar de nuevo no significa olvidar.
Y mucho menos cuando, justo al otro lado del pasillo, aparece alguien que no encaja en sus planes.
Tomás es reservado, distante y difícil de leer. No hace preguntas, no insiste… y, aun así, siempre parece estar ahí cuando más lo necesita. Lo que comienza como encuentros casuales en un pasillo silencioso, poco a poco se transforma en algo que Emilia no sabe cómo manejar.
Porque acercarse a él implica arriesgarse otra vez.
Y ella prometió no volver a hacerlo.
Entre silencios, miradas y emociones que crecen sin permiso, Emilia tendrá que decidir si huir sigue siendo la mejor opción… o si, por primera vez, quedarse también puede ser una forma de empezar.