Justo al otro lado del pasillo

Capítulo 7: Cuando alcanza

No respondí.

Pero tampoco pude ignorarlo.

El celular quedó sobre la mesa, inmóvil, como si el silencio fuera una pausa antes de algo inevitable. Caminé por el departamento sin rumbo claro, pasando de una habitación a otra sin realmente ver nada.

El mensaje seguía ahí.

Aunque no lo mirara.

Aunque no lo abriera de nuevo.

Sabía lo que significaba.

Siempre era lo mismo.

Insistir.
Aparecer.
No soltar.

Me detuve frente a la ventana, cruzándome de brazos, observando la ciudad sin realmente enfocarme en nada.

—Decide tú cuándo termina.

La voz de Tomás volvió a mi cabeza con demasiada claridad.

Como si todavía estuviera ahí.

Como si no se hubiera ido.

Cerré los ojos un segundo.

Era fácil decirlo.

Pero hacerlo…

Era otra cosa.

El celular vibró otra vez.

Esta vez no lo dudé.

Lo tomé.

Y respondí.

No pensé demasiado en lo que escribí.

Tal vez porque si lo hacía, no lo iba a hacer.

“Se terminó. No me escribas más.”

Lo envié antes de poder arrepentirme.

El corazón me latía demasiado rápido.

Fuerte.

Inestable.

Como si acabara de hacer algo irreversible.

Porque lo había hecho.

La respuesta no tardó.

“No puedes hablar en serio.”

Apreté el celular con más fuerza.

Respira.

No respondas.

Pero lo hice.

“Sí puedo.”

Silencio.

Uno.

Dos segundos.

Tres.

“No sabes lo que dices.”

Cerré los ojos.

Y ahí fue cuando algo cambió.

No fue miedo.

No fue duda.

Fue… cansancio.

Profundo.

Pesado.

De esos que se acumulan sin que te des cuenta.

“Lo sé perfectamente.”

Envié el mensaje.

Y esta vez, cuando la pantalla volvió a iluminarse, no sentí ese impulso inmediato de responder.

Lo miré.

Leí.

“Voy a ir a buscarte.”

El aire se me quedó atrapado en el pecho.

No.

No.

No.

Di un paso atrás, como si la distancia pudiera protegerme.

Como si eso fuera suficiente.

Pero no lo era.

Nunca lo había sido.

Mis manos empezaron a temblar levemente.

—No va a pasar —murmuré en voz baja—. No va a pasar.

Pero no sonó convincente.

No esta vez.

No sé cuánto tiempo estuve ahí.

Minutos.

Tal vez más.

El punto es que no me moví.

Hasta que el sonido de algo golpeando la puerta me sacó de golpe de todo.

Fuerte.

Inesperado.

El corazón se me subió a la garganta.

No.

No podía ser.

Otro golpe.

Más fuerte.

—Emilia.

La voz.

Lo confirmé sin necesidad de acercarme.

El aire se volvió pesado.

Irrespirable.

Di un paso hacia atrás.

Luego otro.

Como si huir dentro de mi propio departamento fuera posible.

—Sé que estás ahí.

Cerré los ojos con fuerza.

No.

No iba a abrir.

No esta vez.

No otra vez.

—Abre.

El golpe en la puerta hizo que todo mi cuerpo se tensara.

—Emilia, no hagas esto más difícil.



#5549 en Novela romántica
#1496 en Chick lit

En el texto hay: vecinos, relación., vecino raro

Editado: 10.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.