Justo al otro lado del pasillo

Capítulo 17: Afuera también existe

Había evitado pensarlo.

Pero no podía hacerlo para siempre.

El correo llevaba días sin abrir.

Lo sabía.

Lo había visto cada vez que revisaba el celular, cada vez que aparecía esa notificación pendiente que decidía ignorar.

Hasta que esa mañana… ya no pude.

Me senté en la cama, con el celular en la mano, mirándolo unos segundos más de lo necesario.

—Ya —murmuré—. Basta.

Lo abrí.

Asunto: Inicio de semestre – información importante

El pecho se me apretó apenas.

Leí rápido.

Fechas.
Horarios.
Asignaturas.

Y ahí estaba.

Todo lo que había estado evitando desde que llegué.

Mi vida real.

Apoyé la espalda contra la pared, dejando caer el celular a mi lado.

El departamento estaba en silencio.

Pero esta vez no era cómodo.

Era… confrontante.

Porque ya no se trataba solo de empezar de nuevo en un lugar distinto.

Se trataba de sostenerlo.

De construir algo.

De hacerme cargo.

Cerré los ojos un segundo.

—No puedo seguir posponiendo esto.

La frase salió sola.

Y no me gustó.

Pero era verdad.

El golpe suave en la puerta llegó unos minutos después.

Como si el tiempo se hubiera alineado de alguna forma extraña.

Abrí.

Tomás.

—Hola.

—Hola.

Me miró un segundo más de lo habitual.

—¿Todo bien?

Negué levemente.

—No.

Se quedó en silencio.

Esperando.

Como siempre.

Me hice a un lado.

—Pasa.

Entró sin decir nada más.

Se apoyó en la pared, mientras yo volvía a sentarme en la cama.

Tomé el celular y lo levanté apenas.

—Tengo que volver a la universidad.

No sonó como una decisión.

Sonó como una obligación.

Tomás asintió.

—¿Cuándo?

—Mañana.

Silencio.

Pero no incómodo.

Más bien… expectante.

—No quiero.

Lo dije sin filtro.

Sin suavizarlo.

Sin justificarlo.

Él no respondió de inmediato.

—¿Por qué?

Solté el aire con frustración.

—Porque significa volver a todo.

Lo miré.

—A lo que dejé a medias. A lo que no sé si quiero. A lo que… —dudé—. a lo que no pude sostener.

Tomás se acercó un poco más.

Sin invadir.

—Pero no es lo mismo.

Fruncí el ceño.

—¿Cómo que no?

—No eres la misma.

Eso—

Eso me detuvo.

—No lo sé.

—Sí lo sabes.

Negué suavemente.

—No es tan simple.

—No.

—Entonces no lo hagas parecer así.

Silencio.

Pero no tenso.

Más bien… claro.

Me levanté de la cama y empecé a caminar por el departamento sin rumbo fijo.

—Siento que voy a volver al mismo lugar —admití—. A la misma versión de mí que no pudo con todo.

Me detuve.

Lo miré.

—Y no quiero eso.

Tomás sostuvo mi mirada.

—Entonces no vuelvas a eso.

Solté una pequeña risa, cansada.

—No funciona así.

—¿Por qué no?

—Porque no puedo elegir qué sentir cuando esté ahí.

—Pero sí puedes elegir qué hacer con eso.

Silencio.

La frase quedó.

Pesando.

Más de lo que esperaba.




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