Justo al otro lado del pasillo

Capítulo 26: Lo que viene después

La conversación con Tomás siguió conmigo durante días.

No por la discusión.

Ni siquiera por las lágrimas.

Sino por una frase.

“No me conviertas en el lugar donde descargar cuando no sabes qué hacer contigo.”

Al principio me molestó.

Después me hizo pensar.

Y finalmente entendí que tenía razón.

Durante mucho tiempo había vivido reaccionando.

Sobreviviendo.

Apagando incendios emocionales antes de que se volvieran más grandes.

No había espacio para preguntarme qué quería.

Solo para intentar no hundirme.

Pero ahora las cosas eran distintas.

Y eso implicaba aprender cosas nuevas.

Incluso las incómodas.

—Te ves sospechosamente reflexiva.

Levanté la vista.

Valentina dejó su mochila sobre la mesa y se sentó frente a mí.

—Eso fue un insulto.

—Fue una observación.

—Pasas demasiado tiempo con Tomás.

Ella sonrió.

—Puede ser.

Estábamos en una cafetería cerca de la universidad.

Un lugar pequeño que se había convertido en nuestro punto de encuentro habitual después de clases.

Otro detalle que unos meses atrás me habría parecido imposible.

Tener hábitos.

Tener personas.

Tener lugares.

—¿En qué piensas? —preguntó Valentina.

Miré por la ventana.

La tarde estaba gris.

Las personas caminaban rápido por la vereda.

Cada una ocupada en su propia vida.

—En el futuro.

Valentina dejó lentamente su taza sobre la mesa.

—Eso sí es sospechoso.

Reí.

—No de esa forma.

—¿Cuál forma?

Suspiré.

—Antes nunca pensaba más allá de una semana.

Ella no respondió.

Solo escuchó.

—Siempre estaba resolviendo algo.

Sobreviviendo a algo.

Esperando que algo terminara.

Y ahora...

Me quedé observando la calle.

—Ahora empiezo a preguntarme qué quiero hacer después.

Valentina sonrió.

No grande.

Pero sincera.

—Eso es bueno.

—Da miedo.

—Las cosas importantes suelen hacerlo.

Esa noche encontré a Tomás sentado en las escaleras del edificio.

Tenía audífonos puestos y una libreta apoyada sobre las piernas.

—¿Qué haces?

Levantó la vista.

—Nada ilegal.

—Eso no responde la pregunta.

Me senté a su lado.

Tomás cerró la libreta rápidamente.

Demasiado rápido.

Lo miré.

—¿Qué escondiste?

—Nada.

—Tomás.

—Emilia.

—Tomás.

Suspiró.

—Eres insoportable.

—Gracias.

Finalmente me entregó la libreta.

La abrí.

Y encontré dibujos.

Muchos dibujos.

Lo miré sorprendida.

—¿Tú haces esto?

Se encogió de hombros.

—A veces.

Pasé las páginas.

Edificios.

Calles.

Personas.

Detalles increíbles.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque nunca preguntaste.

Lo golpeé suavemente en el brazo.

—Eso es injusto.

—Es verdad.

Seguimos hojeando la libreta unos minutos.

Hasta que encontré algo conocido.

Demasiado conocido.

Mi departamento.

Mi ventana.

Mi balcón.

Y después...




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