Mientras Eduardo venía hacia la mansión, me puse a preparar el desayuno. Quería compartirlo con él y, al mismo tiempo, escuchar una explicación sobre lo que había leído. Pasada media hora llegó. Lo saludé con una sonrisa contenida y nos dirigimos a la cocina. Le serví lo que había preparado y me senté a su lado, observando el brillo curioso en sus ojos.
Él fue el primero en romper el silencio.
—Dime… ¿qué dudas tienes? ¿Qué preguntas te han surgido?
Suspiré y bajé la mirada hacia mi plato.
—Leí un poco del libro, pero… algo extraño pasó —hice una pausa—. Pensé en el sueño que tuve la primera vez, seguí los pasos que leí… y eso provocó que volviera a soñar con el bosque.
Levanté la mirada y continué:
—A diferencia de los últimos sueños, vi otra vez a la señora Dolores. Me perseguía, Eduardo… y yo corría con todas mis fuerzas. De repente, desperté habilidades que nunca imaginé tener. Movimientos rápidos, precisos… como los de un ninja.
Eduardo soltó una carcajada burlona.
—¡Eres tremenda! Primero cerebrito y ahora ninja.
Fruncí el ceño y le di un golpe en el brazo. Cuando levanté la mano para darle otro, él alzó las suyas en rendición.
—Está bien, ya no te molesto. Lo prometo.
Lo miré con esa paciencia falsa que uno usa cuando sabe que la otra persona está a dos segundos de volver a fastidiar.
—Lo que sí se repitió —retomé— fue la frase… “libera tu poder o morirás… o morirán”. Cuando me acorraló tuve que saltar para escapar, pero antes me rasguñó. Lo sentí real, Eduardo… como si la herida fuera de verdad. Y al despertar, la marca estaba en mi brazo.
Me incliné hacia él y le mostré el vendaje improvisado para que no se infectara. Eduardo tomó mi brazo con delicadeza, retiró la venda y, al ver la herida, sus ojos se abrieron apenas. Exhaló despacio antes de mirarme.
—Lo que te está pasando —dijo con voz grave— es que tu poder te está llamando. Está usando recuerdos, personas y símbolos que reconoces para forzarte a liberarlo. Y para empujarte… está recurriendo a demonios de bajo rango que te atacan en sueños. Por eso las heridas aparecen también en tu cuerpo cuando despiertas. Lo mismo ocurrió cuando lloraste lágrimas de sangre.
Un frío me subió por la espalda.
—Déjame ver el libro que estabas leyendo.
Lo tenía conmigo, así que lo saqué y se lo entregué. Eduardo recorrió las páginas que yo había avanzado. Después de unos minutos, lo cerró con un chasquido seco.
—Este libro no es para ti todavía. Es demasiado avanzado. Obliga al lector a enfrentarse directamente con los entes… y en tu caso, con tu propio poder —alzó la vista hacia mí, serio—. Aún no sabes controlarlo. Si insistes, lo único que lograrás es que te maten. Has tenido suerte hasta ahora, Estefanía.
Me indicó que subiéramos a la biblioteca: allí me mostraría cuál libro debía leer. Mientras caminábamos, una idea se me clavó como espina: Eduardo sabía demasiado. No solo “lo básico”. Sabía exactamente qué buscar… y cómo.
Cuando entramos a la biblioteca, lo detuve antes de que avanzara.
—Me sigues mintiendo —dije, firme—. No viniste solo unas pocas veces. Has venido más… lo suficiente como para conocer todo esto.
Eduardo guardó silencio un instante. Luego me miró con resignación.
—Estefanía, no puedo decirte más de lo que ya sabes. Si lo hiciera, me metería en serios problemas. Te lo advertí: en este lugar los secretos se guardan con recelo.
—¿Entonces? —insistí.
—Entonces confía en mí. Te estoy ayudando porque lo que enfrentas es serio. Pero no me presiones. Cuando llegue el momento, si mi familia lo permite… sabrás más.
No respondí. La desconfianza se me quedó instalada en el pecho, como si alguien hubiera dejado una aguja ahí y se hubiera ido.
—Lo único que puedo decirte ahora —añadió— es que algunos de los libros de esta biblioteca no pertenecen al señor Hunt. Fueron entregados por distintas familias para sus investigaciones. No importa cuántas veces haya venido aquí, Estefanía. Importa lo que te está ocurriendo. Tus sueños… son urgentes.
Dio un paso más, como si necesitara que me entrara por los ojos.
—Debes empezar por los libros correctos. Investigar. Aprender a fortalecer tu mente y tu espíritu. Solo entonces estarás lista para volver a ese texto que leíste. Si lo haces antes de tiempo, lo que te espera no será el despertar de tu poder… sino tu muerte.
La biblioteca se llenó de un silencio espeso. Eduardo caminó hacia los estantes de libros relacionados con sueños. Su mirada se desplazaba con concentración, revisando lomos, títulos, marcas… hasta detenerse en uno. Lo tomó con cuidado. Era pequeño, pero sorprendentemente grueso.
Se acercó y me lo entregó. Al tenerlo en mis manos, lo primero que hice fue leer el título en voz alta:
—Arte de los Sueños Oscuros: Guía de supervivencia para iniciados. Escrito por Ghra’khen.
Alcé la vista hacia Eduardo.
—¿Este libro… me ayudará a entender mis sueños?
Él asintió, sin rastro de broma.
—Sí. Este texto enseña a comprender lo que te rodea dentro del sueño. Si aparece alguna criatura, aprenderás a permanecer invisible para ella. Es seguro para empezar. Debes fijarte en cada detalle, observar lo que no encaje. Poco a poco irás entendiendo qué es lo que realmente tienes que buscar… o interpretar.
Nos sentamos y comenzamos a leer. La introducción era inquietante. Pero el primer capítulo lo era aún más:
“Antes de dormir, toma un baño con flores rojas. Luego enciende una vela. Acuéstate boca arriba, respira cinco veces y cierra los ojos. Para las primeras sesiones es recomendable que haya una persona presente. Si algo sale mal en el sueño, la llama de la vela se moverá como si una corriente de aire intentara apagarla. En ese momento, la persona que esté afuera deberá tocar una campana, y el soñador tendrá que dirigirse hacia el sonido. Ese será el fin del sueño.”
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Editado: 01.02.2026