Al reconocer aquella energía, nos comunicamos telepáticamente y nos movimos con la mayor rapidez posible; la presencia era intensa y se encontraba casi al límite del pueblo.
Al llegar, la escena se reveló ante nosotros: Fabián y otras dos personas estaban siendo amenazadas por un ser de sombra, una de esas entidades originarias del mundo de Tarid.
En ese instante, cuando el señor Hunt intentó hablar, Fabián lo interrumpió. Con voz suave, pero firme, pidió contar el motivo real de su llegada al pueblo. Luego me miró directamente y, tras tomar una respiración profunda, comenzó a hablar.
-Estefanía... era mentira que vine por una convención. La verdad es que vine para saber más sobre las investigaciones del señor Hunt.
Siempre escuché que él investigaba fenómenos sobrenaturales y que no solo los estudiaba, sino que los comprobaba. Pero lo que más me impactó fue descubrir que muchas de sus investigaciones sobre criaturas mitológicas eran reales. Eso me intrigó profundamente.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
-Cuando supe que el señor Hunt residía en Cochapamba, sentí que tenía que venir a conocerlo. Necesitaba respuestas.
Bajó la mirada por un momento y continuó, con un tono más cargado de emoción.
-Sé que tú pensabas que a mí esto de investigar me dejó de gustar después de cumplir quince años, que dejé todo eso y me dediqué por completo a mis estudios... pero no fue así. Nunca me dejó de gustar.
Levantó la vista y sus ojos reflejaron una tristeza profunda.
-Lo hice por nuestros padres. Cuando vieron lo mucho que me interesaba ser investigador de cosas sobrenaturales, se sentaron conmigo y me dijeron que no era una buena idea, que no había un campo laboral estable para la carrera que yo quería seguir. Me dijeron que lo más prudente era elegir una profesión que me asegurara trabajo al graduarme.
Respiró hondo antes de seguir.
-Les hice creer que lo dejé. Al verme enfocado en otras cosas "más productivas" -dijo, haciendo comillas con las manos-, ya no volvieron a tocar el tema conmigo.
Su voz se volvió más baja, casi confidencial.
-Pero la verdad es que nunca dejé de leer ni de estudiar este tipo de investigaciones. Y hace ocho meses y medio encontré un blog en internet donde decían que el señor Hunt había regresado a Ecuador. Algunos chicos comentaban que, si querían conocer al investigador responsable de tantos estudios únicos, esa era una oportunidad irrepetible... porque él no solía quedarse mucho tiempo en el país antes de volver a recorrer el mundo para continuar con sus investigaciones.
Hizo otra breve pausa.
-Sabía que tenía que venir al pueblo a conocer al señor Hunt, pero, aparte de la ilusión que me hacía conocerlo, también sentía que había algo más que tenía que hacer aquí. No me preguntes qué sensación era, porque no sabría cómo explicártelo... era como si mi poder, o mi alma, también los estuvieran buscando.
En ese momento señaló a Eduardo, a Rodrigo, a Marina y al señor Hunt.
-Entonces comencé a prepararme para viajar, pero justo antes de salir nuestra madre vino a visitarme. Al verme con la maleta, me preguntó dónde iba. Ahí le mentí y le dije que tenía que asistir a una convención en Cochapamba... y mantuve la mentira.
No pude evitar interrumpirlo y preguntarle por qué no me había dicho la verdad, si él nunca me había mentido.
-Te lo iba a decir -me respondió-, pero no podía. Me lo prohibieron, así que me quedé con la versión de que me fui a una convención.
Fabián retomó la conversación.
-Al llegar a Cochapamba me reuní con otros chicos que también eran fanáticos de las investigaciones del señor Hunt. Comenzamos a preguntar a la gente del pueblo por él, pero noté que se quedaban mirándonos raro apenas mencionábamos su nombre. Nos ignoraban y se iban. No sabíamos por qué actuaban así.
-Entonces entramos a la cafetería de Mariana. Al preguntarle a ella, fue más amable que el resto de las personas del pueblo y nos dijo dónde vivía el señor Hunt, pero nos advirtió que, si queríamos que nos recibiera de buen agrado, primero debía llamarlo. Le agradecimos y, después de hablar con él, nos dijo que tendríamos que esperar dos días para verlo, ya que estaba terminando de escribir su última investigación.
-Resignados por no poder conocerlo en ese momento, nos alojamos en un hostal. Durante esos días estuve haciendo turismo, y lo que vi fue sorprendente: marionetas que bailaban sin hilos, amuletos que brillaban y casas con extraños símbolos. Para alguien con un gran interés investigativo, era como visitar otro mundo.
Yo solo asentí mientras lo escuchaba, porque desde que había llegado a ese pueblo no dejaba de preguntarme por todo aquello que parecía fuera de este mundo.
Fabián me sacó de mis pensamientos cuando continuó.
-En el segundo día que estuve en el pueblo, los chicos me convencieron de ir a tomar unos tragos. Me pareció una buena idea, así que acepté. Salimos del bar pasadas las dos de la mañana. Tratamos de coger un taxi, pero la calle estaba desolada, así que decidimos caminar.
-Caminamos unos minutos cuando sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo. Al principio asumí que era por el frío, pero la sensación comenzó a oprimirme el pecho y a dolerme la cabeza. Les dije a los chicos que camináramos más rápido, pero me preguntaban por qué. No podía explicarles que sentía que algo malo iba a pasar... me habrían tachado de loco. Así que no dije nada más y solo aceleré el paso.
-De repente, una ráfaga de viento nos lanzó bruscamente al suelo. Intentamos incorporarnos, pero el viento era demasiado fuerte. Al girarnos, lo vimos.
-Era un ser siniestro. Su estructura parecía hecha de humo, pero su apariencia era terrorífica: dientes afilados, más dientes que boca, ojos negros y manos con uñas largas y filosas.
-Uno de los chicos le preguntó qué era. La criatura, con una voz profunda, respondió: "Yo soy uno de los hijos de Var Kael".
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Editado: 11.01.2026