Kael’varya / Los Cinco Mundos

“El entrenamiento de los que vuelven a despertar”

Al estar todos de acuerdo, Christopher comenzó a explicarnos en qué consistiría nuestro entrenamiento: el de Fabián y el mío. Debíamos entrenar de forma rápida y eficaz, aprender a liberar nuestro poder de manera controlada para que los recuerdos regresaran de forma natural, sin ser forzados.

Le dije que eso sería imposible; necesitaríamos años de entrenamiento, como los que había tenido Rodrigo, para lograr algo así. Con una media sonrisa, Christopher respondió que eso sería cierto… si el tiempo funcionara de la misma manera para todos.

Entonces nos reveló su secreto.
Durante años había estado construyendo una cámara capaz de alterar el flujo del tiempo. Afuera podrían pasar solo unas horas, pero dentro de la máquina transcurrirían semanas enteras. No tendríamos que preocuparnos por envejecer, porque al liberar nuestro poder habíamos activado nuestra inmortalidad. La información sobre esa cámara solo la conocíamos quienes estábamos en esa sala.

Le pregunté entonces por el señor García. Christopher respondió que no lo sabía; creía que ambas cámaras cumplían la misma función, pero él había añadido mejoras. Quería estar preparado en caso de que el enemigo se moviera con rapidez… y, en esas circunstancias, nosotros ya íbamos muy atrasados.

Mariana propuso que almorzáramos primero y luego comenzáramos el entrenamiento. Todos estuvimos de acuerdo, así que la ayudé a preparar la cena mientras los demás configuraban la cámara. En menos de tres horas ya estábamos frente a ella.
Antes de entrar, Christopher me pidió que le mostrara el mundo que había invocado. Así lo hice. Al verlo, me dijo algo que me dejó sin palabras: a pesar de no tener aún todos mis recuerdos ni todo mi poder, había logrado una invocación de nivel superior. Añadió que, por precaución, podríamos llevar a nuestros enemigos a ese mundo si llegábamos a pelear, para evitar que el pueblo sufriera daños. Yo solo asentí, aún procesando sus palabras.
Cuando entramos en la cámara, me quedé sin aliento. Christopher había creado un mundo completo en su interior, un espacio que parecía no tener fin. Le pregunté cómo lo había logrado y respondió con naturalidad que era una combinación de magia y tecnología obtenida en otros mundos.

Nos indicó el lugar donde entrenaríamos: un bosque situado en uno de los extremos de la cámara. Podíamos correr libremente por toda la zona; no había peligro de perdernos. Aunque el espacio era infinito, había cámaras distribuidas por todo el lugar para vigilar nuestra posición y nuestros signos vitales.

Además, la cámara contaba con sensores capaces de drenar nuestro poder si perdíamos el control.
Eduardo, impaciente como siempre, dijo que ya deberíamos empezar a entrenar y dejar la conversación para después. Le respondí que no fuera tan apresurado, que aún me faltaban recuerdos y que muchas cosas seguían sorprendiéndome. Si quería preguntar, lo haría cuando lo sintiera necesario.

Rodó los ojos y dijo que debía hacerlo cuando saliéramos de la cámara. Le contesté que dejara de ser tan igualado y empezara a respetarme. Con una sonrisa burlona, respondió que me respetaría cuando lo venciera, pues todavía me veía como la chica que había llegado a cuidar la casa.

Sabía que intentaba provocarme, así que lo ignoré. Me acerqué a Mariana, la abracé y le pedí que me ayudara a controlar a Eduardo, porque estaba siendo un irrespetuoso. Ella lo miró con severidad y él, temeroso, se encogió en su sitio. Reí, mientras él me fulminaba con la mirada. Los demás no pudieron contener la risa.
Sin alargar más la charla, Christopher nos dividió en grupos: Fabián entrenaría con Eduardo y yo con Mariana. Él y Rodrigo se encargarían de controlar los sensores y la cámara, para evitar que liberáramos demasiado poder. El entrenamiento consistiría en combates uno contra uno. Eduardo y Mariana irían elevando su nivel conforme nosotros aumentáramos el nuestro.

Comenzamos a luchar.

Mariana era increíblemente ágil, incluso más de lo que recordaba.

Pelear con ella me trajo recuerdos de cuando yo misma la entrenaba siendo más joven. Ahora los roles estaban invertidos, pero el objetivo seguía siendo el mismo: volvernos lo suficientemente fuertes para derrotar a nuestros enemigos.

Así empezaron a pasar los días, y el entrenamiento se volvió cada vez más exigente. Sin embargo, notaba los cambios en mi cuerpo: me sentía más ágil al lanzar mis poderes y lograba igualar su velocidad, aunque sabía que aún me faltaba mucho. Ellos siempre nivelaban su poder con el nuestro.

Fabián también había cambiado; se volvió más rápido que yo. Sus ojos se tornaban verdes cuando liberaba su poder, y sus recuerdos comenzaban a regresar. Estaba confundido, pero feliz de recordar a sus hermanos… y a mí, en mi rol como Kael’Varya.

Dentro de la cámara no habían pasado simples días, sino semanas completas. Cuando Christopher nos informó que ya se habían cumplido dos meses de entrenamiento, se mostró satisfecho: Fabián y yo avanzábamos más rápido de lo esperado.

También tuvimos que avisar al señor García que ya no volveríamos a su cámara; el señor Hunt nos había respondido y debíamos mantener el secreto. Nadie podía saber que Christopher estaba en el pueblo, ni quién era yo en realidad.

Incluso entre los habitantes del pueblo podía haber enemigos pertenecientes a esa organización. Cinco años atrás habían descubierto que Vor’Kael logró abrir la puerta de la Tierra y corromper a varias familias. Esas personas no habían perdido sus poderes, porque Vor’Kael bloqueó mi hechizo cuando cerré las puertas del mundo.

Y ahora… esas sombras volvían a moverse de manera cautelosa. Seguían actuando como si respetaran mis antiguas enseñanzas, pero Christopher me explicó que habían jurado fidelidad a Vor’Kael. En sus viajes, fue descubriendo que cada vez más familias estaban corrompidas.

Debíamos apurarnos: la guerra ya había comenzado.

Nosotros continuamos entrenando.




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