Kael’varya / Los Cinco Mundos

Cuando el silencio se quebró

Después de lo ocurrido, todos se fueron a descansar y, durante los tres días siguientes, Estefanía comenzó a reanudar su entrenamiento. Pero ahora también incluían al hada y a Pipo. Ellos generaban obstáculos que ayudaban a afinar mejor las habilidades tanto de Estefanía como de Fabián, quien, a pesar de haber recuperado todos sus recuerdos, todavía tenía un cuerpo nuevo que era demasiado débil para abarcar todo su poder.

Por decisión unánime decidieron pasar solo unas horas dentro de la cámara. De ese modo cumplirían un mes de entrenamiento en esas pocas horas. No querían que Estefanía se sobreesforzara.

Se habían dado cuenta de algo preocupante: cuando ella sacaba lo máximo de su poder, la marca que había aparecido comenzaba a brillar, provocando que su energía se distorsionara. Aquello hacía que detuvieran el entrenamiento constantemente.

Eso frustraba profundamente a Estefanía.

Ella quería seguir entrenando.
Sabía que no solo el grupo de Vor’Kael ponía en peligro a los Cinco Mundos. También era su propio poder el que, si no lograba controlarlo, podría convertirse en un riesgo para todos.
Aquella idea la atormentaba.

Por un lado, deseaba deshacerse de esos sentimientos humanos que aparecían cuando atravesaba problemas. Sabía que, en su vida anterior, podía controlar perfectamente sus pensamientos, tanto los buenos como los malos. Eso le permitía tomar decisiones con la cabeza fría.

Pero también sabía que aquello mismo había provocado su caída.
Tal vez era el destino que hubiera nacido como humana.

Tal vez, en su vida anterior, faltaron esas emociones que ahora poseía y que podrían ayudarla a vencer a Vor’Kael.

En ese instante se encontraba entrenando. Lo único que se escuchaba eran los golpes de poder que se lanzaban unos contra otros.
El hada y Pipo se encargaban de lanzar rocas y troncos de árboles. Uniendo sus habilidades eran extremadamente rápidos. Los guardianes y Estefanía los esquivaban mientras intercambiaban ataques entre sí.

Mariana utilizó una de las rocas como apoyo y se impulsó para lanzarse contra Fabián. Pero él, con un movimiento rápido, lo esquivó. Se ocultó detrás de uno de los árboles, sacó su espada, la impregnó de poder y se abalanzó contra Mariana.
Sin embargo, Mariana era más ágil que él.

Antes de que pudiera acercar la espada, ella ya había sacado su arma. Comenzaron a atacarse una y otra vez.

Cerca de sus rostros pasaron unas dagas.

Ambos regresaron a ver.
Eduardo los observaba con una sonrisa ladeada.

—No se pongan en mi camino —dijo con calma—. O los venceré.

Ellos solo lo miraron y comenzaron el contraataque.

Empezaron a pelear con una velocidad casi imperceptible para el ojo humano.

En el otro lado de la cámara, Rodrigo, Cristopher y Estefanía entrenaban entre ellos. También liberaban sus poderes, aunque de manera más controlada por parte de los guardianes.

Estefanía empezó a tener problemas.
La marca le dolía.

Le quemaba.

Pero no quería avisarles, porque sabía que detendrían el entrenamiento y ella quería seguir.

Aumentó otra vez su poder y comenzó a atacar a Cristopher. Lanzó varios ataques consecutivos contra él. Cristopher formó un escudo con su poder y los esquivó todos.

Rodrigo apareció por detrás, pero Cristopher lo detuvo con una patada.
Rodrigo miró por un momento a Estefanía.

Ella asintió.

Estefanía corrió hacia Rodrigo. Él puso las manos y ella se impulsó. Invocó un animal con su poder amarillo y lo materializó con su poder verde. Lo lanzó contra Cristopher.
Pero un obstáculo se interpuso.
El animal invocado explotó antes de alcanzarlo.

Estefanía miró con mala cara al hada y a Pipo.

El hada habló con calma.

—No te enojes, mi señora. En una batalla real pueden pasar estas situaciones. Por eso debes reaccionar más rápido y observar lo que te rodea, porque en la guerra nunca sabes por dónde vendrán los ataques.

Estefanía solo asintió y siguió peleando.

Cada vez le dolía más la marca.
Le estaba quemando.

Intentó respirar despacio para que su energía no se distorsionara y alertara a los demás. En su mente le decía a su poder que se calmara, que no era un buen momento para revelarse.
Nadie respondió.

Sacudió la cabeza y continuó con los lanzamientos de su poder.
De repente se sintió más ligera.
Podía ver mejor los ataques de Cristopher.

Parecía moverse más lento.
Ideó un contraataque.
Cuando acertó el golpe se felicitó mentalmente y continuó.
Cristopher se sorprendió.
Los movimientos de Estefanía se habían vuelto más finos.

Más precisos.

Entonces vio sus ojos.

Uno de ellos estaba de color rojo.
Aquella era una señal clara de que su entrenamiento estaba dando resultados.

Cristopher también aumentó ligeramente su poder. Invocó un hechizo y lo lanzó directamente contra Estefanía y Rodrigo. Ambos lo esquivaron por poco.

Pero Cristopher notó algo extraño.
Estefanía se veía más pálida.
El ambiente cambió.

El aire se volvió más pesado, como si una presión invisible comenzara a llenar la cámara. Las hojas de los árboles temblaron sin que hubiera viento y una energía oscura vibró alrededor de Estefanía.

Sus ojos estaban fríos.

Vacíos.

Como si su voluntad hubiera desaparecido.

Cristopher intentó acercarse.
En ese momento los ojos de Estefanía cambiaron completamente a rojo.

—Aléjate de mí ama —dijo con una voz fría—. Tú eres uno de los que hizo que me separara de ella.

Sus ojos se tornaron de un rojo más oscuro.

Lanzó un hechizo.

Cristopher se protegió como pudo, pero aquel ataque era de un nivel completamente diferente.
De inmediato llamó mentalmente a sus hermanos.

Al escuchar eso los demás corrieron hacia donde estaban.

Cuando llegaron vieron a Estefanía atacando a Rodrigo y a Cristopher.
Al acercarse Estefanía lanzó un poder contra ellos.




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