Kael’varya / Los Cinco Mundos

"El precio de proteger a la Kael’Varya"

Sin decir más, Cristopher, Eduardo y Mariana incrementaron su poder. La energía que liberaron se expandió como una onda invisible, haciendo temblar el campo de batalla. El suelo vibró bajo sus pies y el aire se volvió denso. Si no fuera por el campo de contención que Fabián había levantado alrededor del pueblo, los habitantes habrían sufrido las consecuencias del poder de los guardianes.

Se lanzaron al ataque contra los hijos de Vor’Kael, quienes también aumentaron su propia energía. El aire vibraba con la presión de ambos bandos, como si el mundo mismo contuviera la respiración.

Cristopher sabía que debía apresurarse. Estefanía estaba en peligro… y no sabía si debía temer más al enemigo o al propio poder de su madre. De cualquier forma, el pueblo estaba en riesgo.

Los golpes eran letales. Los poderes chocaban sin tregua. Ninguno cedía. Destellos de energía cruzaban el campo, cortando el aire y levantando polvo.

Pero el ingenio de Mariana, junto con la fuerza de Cristopher y Eduardo, comenzó a sincronizarse. Atacaron a Radir y a su hermano. Esquivaron varios ataques y lograron obtener ventaja. Mariana, conectada mentalmente con ellos, les indicaba cada movimiento.

—Ahora… a la izquierda.
—Eduardo, bloquea su flanco.
—Cristopher… prepárate.

Los enemigos comenzaron a quedar arrinconados.

En el último ataque, Mariana ordenó:

—¡Cristopher! ¡Lanza tus cadenas con toda tu fuerza y sujétalos!
Cristopher obedeció sin dudar. Las cadenas surgieron envueltas en energía oscura y se dispararon como serpientes vivas, enroscándose alrededor de sus enemigos y restringiendo sus movimientos.
Después, Mariana se comunicó mentalmente con Rodrigo y Fabián.

—¿La entrada al mundo que invocó Estefanía está lista?

Rodrigo respondió de inmediato:
—Sí. Tráiganlos. Yo ayudaré a Fabián con las criaturas.

—Perfecto —respondió Mariana—. Nos dirigimos hacia allá.

Eduardo y Cristopher utilizaron sus poderes para conducir a los enemigos hacia la entrada. Con un golpe certero lograron empujarlos dentro del portal y encerrarlos. No perdieron tiempo. De inmediato se dirigieron hacia donde estaba Estefanía.

***
Momentos antes…

Narra Estefanía

Salimos de la mansión de manera sigilosa con el señor García, rumbo a su casa. Me sentía intranquila. Había dejado a mis guardianes con toda la responsabilidad de atrapar a mis enemigos.

Miré hacia atrás varias veces.

El señor García notó mi preocupación.

—Corre —me dijo con firmeza—. No mires atrás. Los guardianes son lo suficientemente fuertes para enfrentarlos.

Seguimos corriendo. Minutos después, antes de llegar al pueblo, un poder casi nos golpea de lleno. Lo esquivamos y nos impulsamos hacia la copa de un árbol.

Al mirar hacia atrás, lo vi.

Uno de los hijos de Vor’Kael.

No nos habíamos dado cuenta de que nos estaba siguiendo.

Nos lanzó otro ataque. Nos dispersamos para esquivarlo. Con mi poder, creé una espada y la lancé con toda mi fuerza. Él la detuvo en el aire… y me la devolvió con más energía.

No sabía si podría detenerla.
Creé un escudo y me preparé. Pero antes de impactar, la espada cambió de dirección. Subió… y luego descendió rápidamente hacia mí. No me dio tiempo de reforzar el escudo.
Pero no llegó a tocarme.

El señor García lanzó un hechizo. Luego arrojó una cápsula. De ella salió una criatura parecida a las que me ayudaban a entrenar en el mundo que había invocado en mis sueños.

La criatura atacó al enemigo.

El señor García siguió invocando, fortaleciendo a su criatura. Su respiración se volvió más pesada.
Me sobresalté cuando me tomó del brazo.

—Tenemos que seguir corriendo.

—¿No vamos a pelear? —pregunté.

—No. La prioridad es ponerte a salvo. Ese muñeco nos dará tiempo.

Sus palabras, junto con la imagen de mis guardianes peleando, hicieron que un peso se instalara en mi alma. Sentía que no podía ayudarlos… que era un peso muerto.

Fabián avanzaba… pero yo solo los frenaba.

Además, había notado cómo me miraban después de descubrir que mi poder estaba tomando control de mí. Había desconcierto… pero también desconfianza.

No sabía de qué sería capaz si perdía el control.

Salí de mis pensamientos cuando alguien apareció frente a nosotros.
Nos detuvimos abruptamente. El señor García me puso detrás de él.
Nuestro enemigo nos observó. Sus ojos se detuvieron en García. Hubo reconocimiento.

—Diego… ¿qué haces con ella? —dijo con voz profunda—. Padre te castigará por traicionarlo.

El señor García respondió con dureza:

—Cállate.
Me quedé sin palabras.
¿El señor García pertenecía al grupo que nos había hecho tanto daño?
Me separé un poco, pero él me sujetó con firmeza.

—No te separes —susurró—. Un movimiento en falso y tendrá la ventaja. Nos matará. No lo subestimes… es letal.

—¿Tú… pertenecías al grupo de Vor’Kael? —pregunté temblando.

—No es el momento. Después te explicaré.

El hombre comenzó a reír.

—Qué ironía, Diego… estás protegiendo a la diosa que ayudaste a matar.

El señor García maldijo en voz baja.
Comencé a temblar.

El enemigo continuó:

—Puedo sentir las auras. ¿Quién no reconocería el aura de la Kael’Varya?
Mi corazón se aceleró.

El poder del enemigo comenzó a elevarse, oscuro y opresivo.

—Mi señora —dijo García con voz calmada—. Antes era joven y no comprendía lo importante que era usted para el equilibrio de los mundos… pero ahora puedo redimirme protegiéndola.

Negué.

No quería que se sacrificara por mí.
El enemigo habló con frialdad:

—Si hubieras conservado tu juventud, podrías haberme hecho frente. Pero ahora estás viejo… y desgastado.

García soltó una carcajada sin humor.

—Yo también entrené todos estos años. No me subestimes, Sael.
Lanzó un hechizo.




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