Kael’varya / Los Cinco Mundos

El poder que debía dormir

El poder de Estefanía se volvió lentamente, como si una presencia invisible hubiese llamado su atención. Sus ojos buscaron entre el caos hasta encontrar al responsable del golpe. En el instante en que vio a los guardianes, una ira profunda encendió su mirada.

—¿Por qué me detienen? —su voz resonó cargada de furia contenida—. Ese individuo hirió a mi señora… intentó asesinarla. Merece la muerte.

Su grito desgarró el aire y, por un segundo, el suelo bajo sus pies vibró.

Cuando intentó lanzarse nuevamente al ataque, Christopher reaccionó de inmediato al percibir la creciente sed de sangre que emanaba de ella. Sus cadenas se materializaron en un instante, atravesando el aire como serpientes vivas. Envolvieron a Sael con precisión implacable y lo arrastraron hacia ellos, frustrando el ataque antes de que pudiera consumarse.

El poder de Estefanía estalló en una maldición oscura y vibrante, como si el aire mismo se hubiese quebrado.

—¡¿Por qué?! —rugió con una voz grave y ajena—. ¿Acaso ustedes no sufrieron cuando nos la arrebataron? ¿Por qué protegen a su enemigo?

Una pausa densa y peligrosa cayó sobre todos.

—Le prometí que no los mataría… pero en este momento… me está resultando difícil cumplirlo.

El ambiente se volvió pesado, sofocante, como si una sombra invisible descendiera lentamente sobre el lugar. Los ojos de Estefanía, que por un instante habían recuperado su color normal, volvieron a teñirse de un rojo escarlata profundo y amenazante.

Los guardianes intercambiaron miradas desconcertadas.

Su madre… jamás había permitido que su poder la dominara de aquella manera.

Pero debían aceptarlo: esta nueva versión de ella era distinta. Más emocional. Más sensible. Y precisamente por eso… mucho más peligrosa.

Christopher tragó saliva con discreción. Incluso él comenzaba a sentir miedo.

—¡Rodrigo, el portal! —ordenó con firmeza.

Sin dudar, Rodrigo abrió un portal detrás de ellos. Christopher lanzó a Sael hacia él, encerrándolo junto a los otros hijos de Vor’kael, justo a tiempo para esquivar el ataque que Estefanía liberó sin contenerse.

La explosión hizo temblar el lugar.

Los guardianes reaccionaron al unísono. Sus armas aparecieron en sus manos casi por instinto. Sabían que, en ese estado, el poder de su madre se volvía impredecible… irracional.

La rodearon.

Invocaron su poder.

Y atacaron.

Los golpes eran certeros, letales… pero inútiles.

El poder de Estefanía desbordaba como una tormenta indomable, repeliendo cada intento de contenerla. La energía rojiza que la envolvía parecía reaccionar antes incluso que ella, como si estuviera viva.

Y cuando vio una apertura… no dudó.

Se lanzó hacia ellos.

En un movimiento rápido, arrebató la espada de Fabián, impregnándola con su energía. El metal vibró violentamente antes de oscurecerse. Entonces comenzó a atacar con una precisión inquietante.

Los guardianes intentaban contenerla… pero era imposible.

Su fuerza superaba incluso la de los entrenamientos.

No era la misma.

Era como enfrentar a su madre en su vida pasada… pero diferente.

Más oscura.

Más intensa.

Más cruel.

El ambiente, que antes solía sentirse cálido entre ellos, ahora estaba cargado de una sed de sangre que emanaba de Estefanía y contaminaba todo a su alrededor.

Comprendiendo que no podrían detenerla individualmente, los guardianes comenzaron a sincronizarse. Sus energías se entrelazaron lentamente, formando un único pulso de poder.

Y atacaron nuevamente.

Mariana lanzó su guadaña, pero al ver que Estefanía estaba a punto de atraparla, Christopher reaccionó de inmediato. Sus cadenas interceptaron el arma en el aire, la hicieron girar con fuerza y la redirigieron contra Estefanía.

Ella levantó un escudo sin necesidad de invocaciones.

El impacto retumbó.

Pero antes de que pudiera recuperarse, Eduardo lanzó una serie consecutiva de dagas, sin darle tregua. Las cuchillas atravesaban el aire como relámpagos, pero Estefanía las esquivó con rapidez sobrenatural.

Entonces giró lentamente hacia Eduardo.

Y liberó una descarga de energía.

El impacto lo lanzó varios metros atrás.

Fabián corrió hacia él.

—¡Eduardo!

Eduardo tosió con fuerza antes de intentar levantarse. Una pequeña línea de sangre descendía por la comisura de sus labios.

—¿Estás bien? —preguntó Fabián, sujetándolo del brazo.

Eduardo asintió con dificultad.

Pero en el fondo sabía que no podrían resistir mucho tiempo más.

Ambos regresaron a la pelea.

Sin embargo, era inútil.

El poder que controlaba a Estefanía parecía anticipar cada movimiento de los cinco guardianes.

Entonces ella levantó lentamente una mano.

Cinco esferas de energía comenzaron a formarse alrededor suyo, pulsando como corazones vivos.

Las lanzó.

Fueron demasiado rápidas.

Los guardianes apenas tuvieron tiempo de reaccionar antes de ser derribados violentamente.

El suelo se agrietó bajo ellos.

Cuando lograron levantarse, Mariana hizo una seña, tocándose la cabeza.

Todos entendieron de inmediato.

Mientras continuaban peleando, Mariana comenzó a comunicarse con ellos telepáticamente. Hubo un breve silencio.

Eduardo frunció el ceño.

Rodrigo tardó unos segundos en comprender.

Mariana giró los ojos con impaciencia y soltó un suspiro.

—El poder de nuestra madre nos está atacando con fuerza suficiente para herirnos… pero no para matarnos.

Los demás pusieron atención.

Y entonces lo entendieron.

Los ataques no eran letales.

Aún había una parte de Estefanía luchando desde dentro.

Eduardo fue el primero en hablar:

—Tiene razón… eres demasiado perspicaz, hermana.

Mariana ignoró el comentario y continuó explicando rápidamente su plan.

Todos estuvieron de acuerdo.

Actuaron.




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