Kaito:luna Las Huellas Del Destino

El eco de las runas ancestrales

El Bosque de los Ancestros era un lugar prohibido para los animales comunes, pero Kaito no era un gato ordinario. Su pelaje gris azulado estaba adornado con extrañas marcas místicas que brillaban con un tenue color zafiro cuando la magia andaba cerca. En su cuello, un viejo collar de cuero sostenía un cascabel desgastado y un amuleto con runas talladas que tintineaba con cada uno de sus pasos sigilosos.

Kaito avanzaba esquivando las enormes raíces de los árboles centenarios. Sentía una extraña vibración en sus almohadillas; la tierra misma parecía estar susurrando. De pronto, llegó a un claro donde el tiempo parecía haberse detenido. Del suelo cubierto de musgo sobresalían antiguas lápidas de piedra con inscripciones olvidadas.

Se acercó a una de las piedras y extendió su pata, rozando los bordes tallados. En ese mismo instante, las marcas de su pelaje destellaron con fuerza.

—No deberías tocar eso si no sabes cómo controlarlo —dijo una voz suave, pero firme, que rompió el silencio del bosque.

Kaito dio un salto hacia atrás, erizando el lomo por el susto, y miró en dirección a las sombras.

De entre los arbustos emergió una gata de una elegancia impresionante. Su pelaje era de un blanco tan puro y perfecto que parecía reflejar la luz del cielo, ganándose a pulso el nombre de Luna. Sus ojos fijos en Kaito transmitían una sabiduría oculta. Detrás de ella, medio ocultos por las hojas, yacían una vieja mochila de viaje y un pesado libro de cuero cerrado con un broche de oro.

—¿Quién eres tú? —preguntó Kaito, recuperando la compostura y bajando las orejas—. Este lugar se supone que está deshabitado.

—Soy Luna, la guardiana del conocimiento de este sector —respondió ella, caminando con paso ligero hacia el libro—. Y ese artefacto que tocaste reacciona a la energía que llevas dentro. No eres un caminante cualquiera, Kaito. El destino suele tener hilos muy finos, pero hoy nos ha traído al mismo lugar por una razón.

Antes de que Kaito pudiera replicar, la tierra tembló ligeramente. El libro de cuero en el suelo comenzó a vibrar y las runas de las piedras pasaron de un brillo dorado a un azul profundo, idéntico al de las marcas místicas de Kaito. Una ráfaga de viento sacudió las copas de los árboles, como si el bosque les estuviera advirtiendo que algo oscuro se había despertado.

Luna miró el libro y luego a Kaito con urgencia.

—El sello se está debilitando —sentenció la gata blanca—. Si queremos proteger este bosque y descubrir la verdad sobre tu origen, vamos a tener que trabajar juntos.

Kaito miró el misterioso libro, luego el amuleto de su propio collar que no paraba de brillar, y finalmente a Luna. Supo en ese momento que su vida tranquila había terminado, y que una gran aventura acababa de comenzar.




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