Kaito:luna Las Huellas Del Destino

CAP 5 : El Santuario de los Susurros

El sol de la mañana comenzó a filtrarse tímidamente a través de las colosales copas de los árboles, disipando los últimos restos de la fría niebla de la noche anterior. Luna parpadeó lentamente, despertando del profundo sueño en el que había caído. Lo primero que sintió fue un calor reconfortante que la envolvía por completo. Al levantar la cabeza, se dio cuenta de que Kaito seguía allí, sentado firmemente a su lado, con los ojos entornados pero atento a cualquier sonido del bosque, manteniéndose como un escudo protector entre ella y los peligros del exterior.

El cascabel en el cuello del gato gris dio un leve tintineo cuando él notó que ella se movía.

—Buenos días, guardiana —dijo Kaito, dedicándole una sonrisa cansada pero genuina—. Vaya que duermes pesado cuando te lo propones. No ha venido ninguna otra sombra, por si te lo preguntabas.

Luna se incorporó despacio, estirando sus patas delanteras. Sintió que sus orejas se calentaban un poco al recordar cómo se había acurrucado junto a él para protegerse del frío.

—Gracias, Kaito... —susurró, desviando la mirada por un segundo antes de volver a mirarlo a los ojos—. De verdad. Si no hubieras estado ahí para contener a esos acechadores, no sé qué habría pasado con el libro.

—Te lo dije, ya no soy un simple vagabundo —replicó Kaito, inflando el pecho con orgullo juguetón—. Además, somos un equipo, ¿no? Tú pones la magia ancestral y yo pongo las garras y los reflejos.

Luna soltó una pequeña risa, la primera que sonaba con total ligereza desde que comenzaron el viaje.

—Sí, supongo que sí. Somos un equipo.

Ambos retomaron la marcha, guiados por las indicaciones que el libro de cuero había revelado durante la visión cósmica. Tras un par de horas de caminata por senderos cubiertos de musgo y flores que brillaban con luz propia, el espeso bosque se abrió para revelar las ruinas de lo que alguna vez fue una hermosa ciudadela felina: el Santuario de los Susurros.

Estructuras de piedra blanca, ahora devoradas por la vegetación y las enredaderas de flores azules, se alzaban silenciosas. En el centro del lugar, una gran fuente de piedra esculpida con la forma de una luna creciente contenía un agua tan pura que parecía cristal líquido.

—Este lugar... —Luna caminó hacia la fuente con paso reverente—. Aquí es donde los antiguos astrónomos purificaban los amuletos sagrados. Kaito, tu cascabel... tenemos que sumergirlo en el agua de la luna.

Kaito se acercó a la orilla de la fuente y miró su reflejo en el agua. El amuleto de su cuello comenzó a vibrar con suavidad, emitiendo un pulso azul que hizo que el agua de la fuente empezara a girar en círculos perfectos.

—Siento que algo me llama desde el fondo —dijo Kaito, acercándose un poco más al borde.

—Ten cuidado —advirtió Luna, colocándose muy cerca de él, compartiendo el espacio mientras abría el libro para buscar el conjuro de purificación—. El agua revelará la siguiente parte del camino, pero también despertará la energía dormida en tu interior. Puede ser doloroso.

Kaito miró a la gata blanca. La distancia entre sus rostros volvía a ser corta, permitiéndole notar la genuina preocupación en los ojos de ella.

—No tengo miedo si estás aquí para guiarme —respondió Kaito con una confianza que hizo que Luna parpadeara sorprendida, conteniendo el aliento por un instante.




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