Kaito:luna Las Huellas Del Destino

CAP 6: El Corazón de la Profecía

El Santuario de los Susurros seguía vibrando con la energía que Kaito había desatado al sumergir su cascabel. La fuente de la luna creciente seguía girando, pero ahora, del centro del agua cristalina, comenzó a emerger una serie de orbes de luz celestial. Cada orbe contenía una imagen parpadeante del pasado, revelando la historia antigua que Luna había estado buscando.

—El reflejo del tiempo se está aclarando —susurró Luna, con los ojos blancos brillando con una mezcla de reverencia y urgencia.

Kaito, con las marcas de su pelaje gris todavía pulsando rítmicamente al unísono con el agua, se mantuvo erguido, sintiendo la energía fluir a través de él. El cascabel en su cuello emitía un tono suave y constante, como si estuviera afinando el poder del santuario.

—Espera, Luna... mira —dijo Kaito, señalando un orbe central más grande.

En la visión, un gran gato de pelaje oscuro y ojos llameantes —la sombra que habían visto en la cueva— estaba rugiendo hacia un cielo cubierto por un eclipse. Frente a él, dos luces familiares estaban unidas: una estrella azul brillante y una luna blanca y resplandecente. Pero esta vez, la visión continuó. De la unión de las dos luces surgió una única y poderosa entidad: un gato alado de pelaje radiante, cuyo cuerpo estaba formado por las estrellas mismas. Esta criatura, con un destello de luz pura, dispersó la oscuridad y restauró el equilibrio del cielo.

—La profecía... —Luna jadeó, comprendiendo el significado—. No se trata solo de la lucha entre la luz y la sombra. La leyenda dice que cuando el eclipse sea total, la unión de la estrella azul y la luna blanca creará el Gato Celestial del Eclipse, el único que puede sellar la sombra para siempre.

—Y ese "Gato Celestial"... —empezó Kaito, con voz temblorosa, mirando a Luna—, somos nosotros, ¿verdad?

Luna lo miró profundamente, y el sutil rubor que Kaito había notado antes volvió a aparecer en sus orejas.

—Sí, Kaito. Pero no es solo una unión mágica. Es una unión de almas. El eclipse total está muy cerca, y nuestra conexión debe ser inquebrantable para invocar ese poder.

Antes de que Kaito pudiera responder, la tranquilidad del santuario se rompió. El aire se volvió frío y la niebla baja que cubría el suelo comenzó a oscurecerse violentamente. Las flores azules de las enredaderas parecieron perder su brillo y un frío antinatural congeló el ambiente. Del espesor de la maleza surgieron no tres, sino seis siluetas hechas completamente de humo negro y ojos amarillos parpadeantes: los acechadores de la sombra. Y detrás de ellos, una sombra aún más grande, amorfa y aterradora, se materializó.

—Nos han encontrado —rugió Kaito, erizando el lomo y enseñando los colmillos, su cascabel tintineando con fuerza.

Luna, aunque exhausta por el uso de su magia, abrió el libro de cuero ancestral con urgencia y presionó una de las páginas rúnicas.

—¡Escudo estelar! —exclamó con voz clara, creando una barrera de luz blanca que los envolvió a ambos.

—No vamos a retroceder, guardiana —dijo Kaito, con las runas de su pelaje estallando en un brillo azul eléctrico cegador. Se interpuso en la trayectoria del ataque, mientras las criaturas de sombra se lanzaban violentamente contra la barrera de luz. La batalla por el destino del bosque estaba a punto de comenzar.




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