Kaito:luna Las Huellas Del Destino

cap 10: La Llave y el Equilibrio

El desfiladero quedó atrás en un borrón de garras, destellos azules y persecuciones desesperadas. Jadeando, con el pelaje erizado y restos de humo negro disolviéndose a su alrededor, Kaito y Luna cruzaron el umbral de piedra del Altar de la Totalidad. Las pesadas puertas del templo se cerraron tras ellos con un eco ancestral, bloqueando momentáneamente a la horda de sombras menores que los perseguían.

El interior del altar era sobrecogedor. Una enorme cámara circular de piedra gris estaba flanqueada por columnas en ruinas que apuntaban hacia el cielo abierto. Justo en el centro, el suelo se abría en un abismo sin fondo, y suspendida sobre él por antiguas plataformas de piedra, se alzaba una mesa ceremonial. Encima descansaba el cofre sagrado, con su cerradura en forma de luna creciente brillando tenuemente.

En lo alto, el eclipse total proyectaba una corona de fuego dorado y frío sobre el templo. La oscuridad era casi absoluta, rota únicamente por la luz que emanaba de los dos héroes.

—Lo logramos... estamos aquí —susurró Luna, exhausta. Su amuleto de luna creciente palpitaba con una luz blanca que repelía las sombras que intentaban colarse por las grietas del techo.

—Aún no —respondió Kaito, poniéndose en guardia—. Mira arriba.

Desde el centro del abismo y descendiendo desde el cielo eclipsado, la Sombra Mayor se materializó en su forma más terrorífica. Ya no era una masa amorfa; ahora tenía múltiples extremidades afiladas, ojos rojos como brasas ardientes y un aura de pura malicia que congelaba el aire. Con un rugido que hizo temblar los cimientos del templo, la criatura lanzó un zarpazo oscuro directamente hacia el cofre.

—¡Luna, el escudo! —gritó Kaito saltando a la acción.

Luna concentró toda la energía de su amuleto, proyectando una barrera esférica de luz lunar pura que cubrió el cofre y la plataforma central. El impacto de la Sombra Mayor contra el escudo generó una onda de choque que agrietó el suelo. Luna apretó los dientes, sosteniendo la barrera con todas sus fuerzas mientras sus patas temblaban por el esfuerzo.

Kaito no perdió un segundo. Sus runas brillaron con la intensidad de una estrella azul y la electricidad comenzó a bailar por todo su cuerpo. Sabía que Luna no podría aguantar mucho tiempo el ataque directo de una deidad oscura.

—¡Tienes que abrirlo ahora! ¡Yo la distraigo! —maulló Kaito antes de impulsarse hacia adelante.

Convertido en una exhalación de rayos azules, Kaito trepó por las columnas derribadas y se lanzó directamente contra el rostro de la Sombra Mayor. Sus zarpazos cargados de energía estelar cortaron la oscuridad líquida de la criatura, provocando explosiones de luz que hacían retroceder al monstruo. El cascabel de su cuello repicaba con fuerza, rompiendo el silencio sepulcral del templo y desorientando a los sirvientes menores que intentaban entrar.

Mientras Kaito esquivaba los letales ataques de la Sombra Mayor en una danza de agilidad y peligro, Luna corrió hacia el cofre. El panel de la cerradura requería ambas energías. Luna colocó su pata sobre el símbolo de la luna en el cofre, haciendo que su amuleto canalizara un torrente de luz blanca hacia los mecanismos antiguos.

—¡Kaito, la llave estelar! ¡Necesito tu energía para activar el mecanismo central! —gritó Luna.

La Sombra Mayor, dándose cuenta del plan, golpeó a Kaito con una de sus extremidades falsas, lanzándolo contra una columna. Kaito cayó al suelo, dolorido, pero al ver a la criatura girarse hacia Luna con intenciones asesinas, sacó fuerzas de flaqueza.

Concentrando el último remanente de energía de sus runas estelares, Kaito rugió y disparó un rayo de electricidad azul pura directamente hacia el cofre, justo donde Luna sostenía la conexión.

Las dos energías —la luz blanca y pura de la Luna y la electricidad azul de la Estrella— se fusionaron dentro del mecanismo del cofre. Una gigantesca llave de luz celestial emergió de la cerradura, girando sobre sí misma y desatando una explosión de energía geométrica que iluminó todo el templo.

La Sombra Mayor soltó un alarido de agonía insoportable cuando las ondas de luz total comenzaron a disolver su cuerpo de oscuridad. El equilibrio del mundo felino estaba a solo un instante de ser restaurado.




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