Ka'mah Yomori

PRÓLOGO

La selva amazónica, que hoy respira vida, guarda secretos más antiguos que sus árboles más longevos. Hace milenios atrás, mucho antes de que el Gran Río trazara su camino, antes que los seres humanos existieran en este plano existencial y los Ñaguares se convirtieran en los reyes de la noche. El cielo se rasgó. Desde las profundidades del cosmos, naves de luz y metal descendieron, no con propósitos pacíficos, sino con la furia de una guerra intergaláctica.

Los pueblos estelares, que surcaban las galaxias, lucharon por el control de una energía primigenia y desconocida "(inicio la gerra del ka'mah)". La batalla devastó vastas extensiones de tierras, y planetas, sus ecos aún resonaban en la roca y el agua. Pero en medio del caos, hubo un acto de esperanza. Los clanes más sabios de esos viajeros cósmicos, previendo la aniquilación, confiaron su legado a los más puros de los nativos: niños elegidos, con la promesa de que, un día, despertarían para proteger este mundo.

Estos niños, imbuídos de un conocimiento y una esencia estelar, fueron los progenitores. Sus descendientes se dispersaron por la selva, olvidando con el tiempo su origen cósmico, pero manteniendo una conexión innata con la tierra y una sabiduría que iba más allá de lo terrenal. Así nacieron las primeras tribus amazónicas, guardianes silenciosos de un pacto ancestral, viviendo en armonía con un mundo que era, en parte, suyo y, en parte, una herencia de las estrellas.

Los Yomori eran uno de esos legados. Sus tradiciones, sus símbolos, incluso la forma de sus chozas cónicas, eran tenues recuerdos de aquellas naves que una vez cruzaron el firmamento. Pero el paso de mil años había velado la verdad con el velo del mito y la leyenda.

Ahora, el aire se corrompía con una pestilencia que no era de este mundo, un olor que anunciaba el resurgimiento de la tecnología olvidada, la misma que había provocado la Guerra del Ka'mah. El hedor metálico y acre, que ahogaba el perfume de las orquídeas y el dulce aliento de la tierra, era el despertar. No de una enfermedad simple, sino de una antigua amenaza. La montaña de hierro donde la energía estelar había sido enterrada, comenzaba a pulsar de nuevo. Y con su despertar, los descendientes de aquellos niños elegidos, los Yomori, se verían forzados a recordar su verdadera herencia y enfrentarse a un conflicto que, en realidad, nunca había terminado.



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En el texto hay: nativos, tribus, selva amazónica

Editado: 18.03.2026

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