Kamika: Dioses Supremos

25. Consejo de guerra

25. Consejo de guerra

Fuera de la recamara se asentó un silencio tenso. Sentí como cada uno de los pares de ojos de mis amigos caían sobre mí sin decir una palabra. Y entonces recordé que mi presentación no era la mejor, y que todos estaban al tanto de mi encuentro previo con Zeus. Pero ni siquiera eso borraba el peso de la conversación con Epimeteo. Un sabor amargo se quedó en mi boca, una sensación que acompañaba un mal presentimiento respecto a ese titán.

—Ailyn —dijo Sara, despacio y en voz baja, sacándome de mis pensamientos—. Estás temblando.

Era verdad. Mis manos no dejaban de temblar. Las cerré en un puño y me sacudí. Entonces, alcé la mirada hacia todos los presentes. Nadie más parecía saber qué decir a continuación. Yo solo sabía que necesitaba ordenar mis ideas.

—No puedes creerle —soltó Cailye, usando un tono tan similar al de Logan que me heló la sangre. Todos, excepto Temis, la miraron—. Es el esposo de Pandora, no importa cuánto la haya intentado matar en el pasado, dudo que quiera colaborar con nosotros.

Su mirada era fría, filosa, tan similar a la de Andrew tiempo atrás que me dolió.

—Lo sé —dije—. Pero no podemos descartar todo lo que dijo. Es la persona más cercana a Pandora además de Pirra. La conoce mejor que nadie.

Cailye frunció el ceño, visiblemente molesta, pero no dijo nada más.

—No tenemos como confirmarlo —añadió Evan—. O al menos no por ahora.

—Evan tiene razón —secundó Daymon con ojos serios—. Pero Deimos y Fobos volverán pronto con información. Hasta entonces debemos pensar que lo que dijo es cierto. Cada palabra.

Fruncí los labios. Esperaba que Epimeteo fuera una fuente confiable, esperaba que al despertar estuviera tan desesperado por matar a su esposa que no le importaría el medio. Pero ese hombre estaba loco, embriagado por algo agrio que no era ni amor ni odio por Pandora, y eso lo hacía más peligroso e impredecible. No podía asegurar de qué lado estaría.

—¿En verdad crees que Pandora busca a los Hecatónquiros? —preguntó Sara con esa mueca en los labios tan característica.

Recordé las notas de Logan, su investigación.

—Era una fuerte posibilidad. —Me volví hacia todos—. Pandora no vendrá por nosotros sin algo grande, algo que incluso antes representó un reto para el Olimpo. Primero el Tifón y ahora Hecatónquiros, o Titanes, o cualquier otra criatura que ya se haya enfrentado a los dioses. Busca aliados con hambre de venganza, y para eso irá por cualquiera que desee aniquilarnos más que nada. Ella no puede entrar al Olimpo, pero ya vimos que ese no es un obstáculo para ella. Y si suponemos que Epimeteo no mentía…

—Nos hará salir —concluyó Andrew con una mirada astuta y afilada.

Asentí.

—Pandora esperará y luego nos irá ir tras ella, a su territorio, bajo sus reglas, donde tenga la ventaja. Por eso no sabemos en dónde está todavía, porque ella aún no está lista.

—Entonces debemos ir tras ella antes de que lo esté —añadió Daymon.

Fruncí el ceño. Algo al respecto todavía no me convencía. No podía evitar pensar que estábamos bailando la pieza que ella quería.

—Así es. —Lo miré—. ¿Cuándo volverán tus mensajeros?

Una sonrisa enorme se dibujó en su rostro, llena de placer y fiereza. Sus ojos brillaron.

—Volverán en tres días. Y te traen un regalo, líder.

Alcé una ceja, intrigada, pero Daymon no compartió más detalles. Y tampoco lo presioné, por alguna razón eso del regalo sonaba siniestro cuando lo decía con esa sonrisa.

—Bien. —Me volví hacia Evan—. Programa un concejo para dentro de cuatro días. En el gran salón. Todas las deidades deben estar ahí.

Él asintió sin preguntar nada más.

—Seguiré trabajando con Epimeteo, tal vez logre sacarle más información —dijo Andrew con convicción—. Le pediré a Deucalión que hable con él.

Lo miré con atención.

—Epimeteo…

—Es un hombre roto, traicionado y enamorado, no es una buena combinación —siguió él, con una seguridad férrea en su mirada—. Pero sé cómo convencerlo y cernir su información.

La interrogante se tatuó en mi rostro. Sus ojos brillaron con astucia y algo más.

—Porque a pesar de todo lo que pasó, de todo lo que se hicieron, y a pesar del odio que siente, él todavía ama a su esposa. De una forma retorcida y destructiva, pero lo hace, eso lo sé.

—Quiere matarla, lo intentó antes —le recordó Cailye con cierta amargura. Por un segundo me miró antes de continuar—. El amor no destruye. Si lastimas a alguien a quien amas simplemente no lo amas.

Tan solo la miré, sin responder a aquello. Recordé a Pirra y Deucalión, a Sara y Daymon, a Kirok y Atenea, y recordé cuando lastimé a Cailye cuando perdí el control. Amor. El amor sana tanto como destruye, mucho más en los dioses. La nueva Cailye era más cruel de lo que pude haber pensado.

Temis sonrió, una sonrisa ladeada mientras miraba a Cailye, luego posó sus ojos bronce sobre mí. Ni siquiera sabía qué estaba haciendo ahí, sin decir una palabra, al otro lado de la habitación.




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