Kasandra la invocadora

La Yuki-onna de Kioto

Thyra salió del Aquelarre antes de que el castillo terminara de despertar.

No era inusual en ella Thyra tenía una relación con las mañanas tempranas que nadie le había preguntado cómo había comenzado y que nadie preguntaría, de la misma manera en que nadie preguntaba sobre la mayoría de las cosas de Thyra que simplemente eran sin necesitar explicación. Lo que sí era inusual era que saliera sola, sin decirle a nadie adónde iba, con la escoba bajo el brazo y el vestido negro que usaba para los viajes largos en lugar del que usaba dentro del castillo.

La escoba era de madera oscura con un hechizo de vuelo grabado en la veta de la madera en espirales tan finas que solo eran visibles a cierta luz y cierto ángulo. No era decorativa. Era el tipo de objeto que lleva tanto tiempo siendo usado por la misma persona que ha adquirido algo de esa persona, una sintonía específica que hacía que respondiera a Thyra con una velocidad que no respondería a nadie más.

Se montó en el patio norte, que a esa hora estaba vacío con el vacío específico de los espacios que van a llenarse pero todavía no lo han hecho.

Y voló hacia el este.

Japón llegó primero como luz.

La manera en que el sol de la mañana caía sobre el archipiélago desde el Pacífico tenía una calidad diferente a la luz de Groenlandia más directa, más clara, con menos capas de nube que filtrar. Luego llegaron los colores los verdes de los bosques que cubrían las laderas de las montañas con una densidad que no dejaba ver el suelo, el blanco de la nieve en las cumbres más altas, el gris plateado del mar entre las islas.

Thyra descendió sobre el jardín.

Era un jardín del tipo que en Japón se construye con la misma seriedad con que otros construyen edificios cada piedra colocada con intención, cada arbusto podado en la forma que corresponde no solo estéticamente sino funcionalmente, el agua moviéndose por los canales en el camino exacto que maximiza el sonido y la reflexión de la luz. Rodeaba una casa pequeña de madera que en su escala y en su proporción decía más sobre quien la habitaba que cualquier edificio grande habría podido decir era una casa que había sido elegida por alguien que no necesitaba demostrar nada con el tamaño de su casa.

Sakura estaba en el jardín cuando Thyra aterrizó.

Era una mujer de belleza que no dependía del momento el tipo de belleza que existe a las seis de la mañana antes de que nadie se haya preparado para el día, que existe en el movimiento y en la quietud con la misma convicción. Su cabello negro recogido con la sencillez de quien tiene cosas más importantes en qué pensar que el cabello, aunque el resultado era igualmente preciso. Sus ojos tenían esa oscuridad específica de los ojos que han visto muchos siglos y que por eso tienen capas.

Alzó la vista cuando escuchó la llegada. Y sonrió con la sonrisa que tienen las amistades de siglos sin el artificio de los saludos recientes, sin la necesidad de establecer el tono de la conversación, simplemente la continuación de algo que ya estaba en curso.

—Bienvenida, amiga —dijo—. ¿Cómo estás? ¿Cómo va el entrenamiento de tu nueva aprendiz?

Thyra apoyó la escoba contra la pared exterior de la casa con el gesto de quien deja un objeto en el lugar que le corresponde.

—Eso después —dijo. Primero dime cómo estás tú.

Sakura hizo el gesto de quien acepta el cambio de tema pero que no lo da por cerrado.

—Complicado —dijo, con la honestidad que tienen las conversaciones entre personas que llevan suficiente tiempo siendo honestas entre sí para que el esfuerzo de serlo haya desaparecido hace mucho. El Aquelarre del Castillo Negro envió mensajeros hace dos semanas. La reina Tsukiko quiere que todas las brujas del territorio estén disponibles para sus propósitos militares. No importa el tipo de magia que uno practique para Tsukiko, toda bruja es una guerrera que todavía no ha sido activada.

Thyra frunció el ceño.

—¿Y tú qué respondiste?

—Nada todavía. Porque mientras no respondo, ella no puede actuar directamente. —Sakura miró el jardín con la expresión de quien evalúa opciones que no le gustan. Pero el tiempo de no responder se acaba.

—Eres una bruja domadora —dijo Thyra. Saben lo que tienes. No te dejarán sola indefinidamente.

—Lo sé.

—Entonces ven conmigo. Al Aquelarre de la Montaña. El Rey Einar te recibirá, tengo la certeza de ello. Lejos de la jurisdicción de Tsukiko, fuera de su alcance directo.

Sakura la miró con la expresión de quien considera una propuesta que genuinamente le atrae pero que no puede aceptar todavía.

—No creo que sea el momento —dijo. Además, El Rey Einar y Hans están aquí.

—¿El Rey Einar está en Japón?

—Desde hace tres días. En el extremo norte de la isla principal. No sé exactamente qué los trajo, pero están aquí.

Thyra procesó esa información y la guardó en el lugar donde se guardan las cosas que pueden ser relevantes más tarde.

—Entonces por ahora no te muevas —dijo. Pero para lo que me llamaste. La Yuki-onna.

Sakura asintió, y la ligereza de la conversación anterior fue reemplazada por algo más concreto.

—Lleva semanas apareciendo en las noches frías. No ha atacado todavía directamente, pero su presencia congela el aire de la calle y las personas que se la cruzan llegan a sus casas con una tristeza que no pueden explicar y que dura días. Una pausa. Necesito atraparla. Pero si uso mi poder de domadora, dejo una firma mágica que Tsukiko puede rastrear. Necesito que la magia venga de afuera.

—Por eso me llamaste.

—Por eso te llamé.

Thyra no respondió inmediatamente. Miró el jardín, el agua que circulaba por los canales con su sonido específico, la piedra colocada con intención en el ángulo exacto para recibir la luz de la mañana.

—Esta noche —dijo finalmente.

La casa pequeña con su jardín grande tenía en el interior la calidez específica de los espacios que han sido habitados con cuidado durante mucho tiempo. Sakura cocinó algo que olía a té y a algo más sustancioso, y las dos brujas pasaron las horas anteriores a la medianoche hablando con la facilidad de las personas que no necesitan llenar el silencio pero que tampoco necesitan preservarlo artificialmente.



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En el texto hay: brujas, escuela de magia, magia acción

Editado: 29.08.2026

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