Kasandra la invocadora

La Guerra del Aquelarre

Kalem corría.

No con la velocidad de los campos de entrenamiento donde la velocidad tenía un propósito controlado y un final calculado: con la velocidad de algo que no puede ser más lento porque lo que lo mueve no lo permite. Sus pasos en los corredores del castillo resonaban con la urgencia de quien ha visto algo que no puede no haber visto y que por eso ya no puede moverse de ninguna otra manera.

Oboro llegó al mismo tiempo desde el corredor paralelo, como si hubiera sabido adónde iba él antes de que él lo supiera, que era la clase de cosa que Oboro hacía con la naturalidad de quien ha aprendido a leer a las personas que le importan antes de que esas personas terminen de decir lo que tienen que decir.

Las puertas de la sala del Rey se abrieron antes de que llegaran a ellas.

El Rey Einar estaba de pie frente al escritorio, no sentado: la posición de quien ha recibido información que no admite el confort de la silla. Thyra y Kasandra estaban a su derecha, vestidas de negro las dos, con el negro que no es el color de la ropa ordinaria sino el de la decisión de que lo que viene requiere ese tipo de presencia. Hans en el extremo de la mesa, con el cuaderno de anotaciones y la expresión de quien convierte todo en información porque la información es la primera forma de acción que está disponible.

Kasandra miró a Kalem cuando entró.

No con la pregunta de los que no saben: con la pregunta de los que ya saben algo y que necesitan confirmar exactamente cuánto.

—¿Qué sabes?

Kalem estaba llorando.

No con el llanto elaborado de quien ha tomado la decisión de llorar sino con el llanto que llega sin ser convocado, el que aparece cuando el cuerpo ha recibido algo que supera lo que puede procesar sin que se note en la cara.

—Vi a Ana en un sueño, pero era ella, —dijo, con la voz que tiene los bordes rotos de algo que ha intentado no romperse y que no lo ha conseguido—. Me dijo que la reina oscura la atrapó.

El silencio que siguió tenía la calidad de los silencios que ocurren cuando varias personas están procesando información que tiene consecuencias grandes en el tiempo que tarda esa información en ser completamente real para cada una de ellas.

El Rey fue el primero en hablar.

—¿Qué sabemos?

Thyra respondió con la precisión de quien organiza los hechos antes de hablar:

—Fue capturada. El canal astral que establecimos se cortó desde el Cairo. El espejo de comunicación dejó de responder después del corte.

—El clan de la reina oscura la tiene —dijo Kasandra, con la voz plana de quien dice una cosa que le cuesta decir y que de todas formas dice porque no decirla no cambia que es verdad.

La puerta de la sala se abrió con la urgencia específica de quien tiene información y que sabe que la información no puede esperar el protocolo del llamado.

Yerico entró. Sagiyi a su lado, o en su sombra, o en el espacio entre ambas cosas que era donde Sagiyi existía cuando no era completamente visible.

—Los Andes peruanos —dijo Yerico, con la respiración de quien ha corrido—. Sagiyi detectó demonios. Muchos.

El Rey lo miró.

—¿Cuántos?

—Trescientos cuando empezó a contarlos. Va aumentando.

Hans se puso de pie. Sus anotaciones quedaron sobre la mesa con la postura de algo que acaba de volverse secundario. Miró al Rey con la expresión de quien ha llegado a una conclusión y que la tiene lista antes de que le pidan que la comparta.

—Es correcto, señor. El Aquelarre Chiclokal está en los Andes peruanos. Si hay trescientos demonios invocados en esa zona y el número aumenta, alguien los está llamando desde allí. Una pausa. Debemos establecer contacto con ellos. Ahora.

El Rey tomó el espejo.

No el espejo de comunicación ordinario: uno de bordes tallados con puntas que no eran decorativas, con el marco de un material que no era metal exactamente pero que tenía la densidad del metal y la temperatura de algo que ha sido fabricado para funcionar bajo presión. Lo sostuvo frente a él.

—Arte mágica: conéctate.

La superficie del espejo no respondió de inmediato.

Los segundos que pasaron en silencio tuvieron la textura de la espera que duele: todos en la sala mirando la superficie plateada que seguía siendo superficie plateada y que no mostraba nada salvo el reflejo incompleto de los que la rodeaban.

Luego algo comenzó a formarse.

No con la claridad de una conexión establecida: con la calidad de algo que llega a través de interferencia, que el canal entre los dos puntos tiene ruido de una naturaleza que no es técnica sino mágica, el ruido de algo que está bloqueando sin bloquearlo completamente.

Una mujer.

Cabello negro que llegaba parcialmente a la imagen antes de que el canal lo estabilizara. Traje blanco que en la imagen tenía el blanco de algo que ha estado blanco y que el tiempo de lo que estaba ocurriendo a su alrededor amenazaba. Sus ojos, cuando encontraron la cámara del espejo con la urgencia de quien sabe que tiene poco tiempo para decir lo que necesita decir:

—Gran Rey. —La voz llegaba fragmentada, con los huecos que producen los canales que funcionan con lo que tienen en lugar de con lo que necesitarían—. Nuestra reina murió. El clan oscuro tomó el castillo. Algunas de nosotras resistimos, pero... no sé cuánto tiempo más. Están invocando demonios, más de los que hemos visto jamás juntos en un solo lugar, y no podemos contenerlos. Una pausa en la que el ruido del canal aumentó. Ayúdenos.

La conexión se cortó.

El espejo volvió a ser superficie plateada, esta vez con la definitoriedad de algo que ha terminado de transmitir lo que podía transmitir.

La sala quedó en silencio durante el instante que tarda una decisión en tomarse cuando los elementos necesarios para tomarla ya están todos presentes.

El Rey Einar se volvió hacia la puerta.

Cuando habló, no fue con el volumen de quien grita sino con el volumen de quien ha aprendido que ciertas voces no necesitan gritar para que todo el edificio las escuche. Y todo el Aquelarre de la Montaña, en sus pasillos y sus bibliotecas y sus campos de entrenamiento y sus torres y sus cocinas y sus cámaras secretas, escuchó.



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En el texto hay: brujas, escuela de magia, magia acción

Editado: 08.09.2026

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