Kasandra la invocadora

La Batalla del Aquelarre Chiclokal

El campo se extendía hacia el castillo con la amplitud de los territorios que no han sido diseñados para la batalla pero que la reciben de todas formas porque la batalla no pide permiso para elegir su escenario.

Las columnas de piedra que marcaban el perímetro del Aquelarre Chiclokal tenían en su arquitectura el registro de siglos de magia andina tallados que no eran decorativos sino funcionales, símbolos que en condiciones ordinarias protegían y que esta noche ardían con una luz que no era la suya sino la del fuego que alguien había encendido desde adentro. Las llamas en la distancia tenían el color específico del fuego que quema cosas que no deberían quemarse. Los animales que habitaban los campos habían buscado los bordes, los lugares más alejados del centro, con el instinto de las criaturas que detectan el peligro antes de que el peligro se anuncie.

El humo negro que ascendía sobre el castillo no era de madera ni de piedra.

Era el humo que deja la magia oscura cuando se ejerce en cantidad, con la consistencia específica de algo que ha sido invocado muchas veces en el mismo espacio hasta que el espacio mismo empieza a cambiar de naturaleza.

El Rey Einar se volvió hacia su gente.

No necesitó que el silencio llegara antes de hablar: el silencio llegó con él, porque había personas que llevaban tiempo esperando escuchar exactamente esta voz en exactamente este tono y que cuando llegaba el cuerpo respondía antes que la mente.

—Domadores: los que tengan vínculo con demonios o criaturas de combate se agrupan. Entran al castillo junto con las Buscadoras y rescatan a cada bruja del Aquelarre Chiclokal que siga viva. —Miró a las gemelas, que ya estaban en posición, Aisha con el paraguas negro y Aziza con el rojo, con la postura de las Buscadoras cuando el objetivo está localizado y el camino solo espera que uno lo recorra—. Encontrarlas a todas.

Las gemelas asintieron al unísono.

—Maestras: defiendan desde adentro. Preparen sus varitas. Los aprendices menos experimentados van al centro, protegidos. No negociemos con eso. Una pausa. Brujas guerreras: conmigo, al frente. Preparen sus armas. Maten a cada bruja oscura que encuentren y eliminen los demonios que puedan. Pero ante todo protejan sus vidas. No existe victoria que valga la pena si los que la ganan no regresan para construir lo que viene después.

—Las sanadoras permanecen en el margen —continuó—. Marina como líder. Estar atentas a sus órdenes. Quien caiga, no cae solo.

Una mujer se adelantó.

Alta con la altura de quien ha crecido hacia arriba porque era la dirección natural para ella, con la musculatura de quien ha elegido el combate como idioma principal desde hace suficiente tiempo para que el cuerpo lo refleje completamente. El cabello corto, la cicatriz en el cuello que tenía la geometría de algo que se recibe de frente y que se sobrevive por razones que van más allá de la suerte. El hacha que alzó era de esas que han encontrado la mano que les corresponde y que en esa mano parecen ligeras aunque no lo sean.

—Soy Cordelia —dijo, con la voz de quien lleva suficiente tiempo siendo líder para que el liderazgo se haya vuelto parte de su voz. Líder de las brujas guerreras del Aquelarre de la Montaña. Les prometo que ganaremos esta batalla junto a nuestro rey.

El grupo respondió con el sonido que hacen las personas cuando lo que escuchan corresponde exactamente con lo que el momento requiere.

El Rey se apartó.

Caminó hacia Kasandra con los pasos de quien tiene algo específico que decir y que quiere que sea dicho directamente, sin el ruido de lo que los rodea.

La miró.

—Sé que tú y Thyra irán a buscar a Ana —dijo. Y lo van a hacer. Pero primero ayuden aquí. Defiendan este campo. Lo que entre por ese castillo necesita ser contenido antes de que se extienda más allá de estos muros. Una pausa. Cuando El momento sea correcto.

Kasandra lo miró con los ojos que no decían nada que no fuera necesario pero que decían todo lo que era necesario.

El Rey asintió.

Caminó hacia la colina que daba al castillo y desde donde el humo negro era visible en toda su extensión: no solo las columnas aisladas sino una presencia, algo que había decidido instalarse sobre el Aquelarre Chiclokal como una segunda atmósfera y que se expandía lentamente hacia los bordes.

La batalla comenzó cuando comenzó, que es la manera en que comienzan las batallas que nadie declara formalmente: con el primer movimiento de algo hacia algo, sin anuncio, sin el protocolo que pertenece a otro tipo de conflicto.

En algún lugar dentro del castillo, la sala donde Ana estaba había cambiado de ocupantes.

Ya no estaban las brujas oscuras de la boca cosida y los ojos sellados. Ya no estaba el demonio femenino de piel negra. Solo la diosa Raquel, con su vestido de siglos anteriores y sus ojos de iris blanco, y Kairani, con sus tatuajes que pulsaban con el resplandor rojo que se intensificaba con el movimiento.

Las dos miraban algo que Ana no podía ver desde donde estaba atada. Pero lo que decían lo escuchaba completamente.

—Ese rey de las montañas vino con su ejército —dijo Raquel, con el tono de quien ha visto llegar ejércitos antes y que evalúa sin urgencia.

—Aquí van a morir —respondió Kairani, con la calma específica de quien ha preparado lo que viene con suficiente anticipación para no temer el resultado—. Tengo unas cuantas sorpresas que todavía no han visto.

Salió de la sala.

Raquel permaneció.

Se acercó a Ana con los pasos de quien no necesita acercarse rápido porque la persona a quien se acerca no tiene a dónde ir. Sus ojos de iris blanco la evaluaron con la frialdad de algo que ha tomado una decisión y que ahora verifica que los recursos para ejecutarla estén en el estado que necesitan estar.

—Demonio burlón —dijo—. Quiero que invoques un par de demonios adicionales. Te diré los nombres.

Ana no respondió.



#1606 en Fantasía
#341 en Magia

En el texto hay: brujas, escuela de magia, magia acción

Editado: 08.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.