Kasandra la invocadora

La Maestra y la Sombra

El castillo del Aquelarre Chiclokal era hermoso con la hermosura de las cosas que llevan tiempo siendo lo que son y que no han necesitado justificarlo ante nadie.

Alto, redondo, con los muros cubiertos de musgo que no era descuido sino acumulación, el registro vivo de los siglos que habían pasado sobre esa piedra andina sin que la piedra dejara de ser piedra. Las torres ascendían hacia el cielo con la naturalidad de algo que ha crecido en esa dirección porque era la dirección que correspondía, y en las ventanas altas se veía el movimiento de las luces que no eran antorchas ordinarias sino algo que ardía con el color específico de la magia que lleva generaciones instalada en un lugar.

El Rey Einar llegó a la colina desde donde el castillo era visible en su totalidad.

Y desde donde también eran visibles los que lo rodeaban.

Los demonios emergieron de todas las direcciones casi simultáneamente, con la coordinación de algo que ha sido convocado con instrucciones precisas sobre cuándo moverse y en qué orden. De tamaños que iban desde lo que cabía en un espacio humano hasta lo que no cabía, de formas que recorrían el catálogo de lo que la imaginación de los seres oscuros había producido durante milenios de existencia en los planos donde la imaginación tiene consecuencias físicas.

Muchos.

El Rey no gritó exactamente: emitió el sonido que hacen los reyes que han peleado batallas reales cuando llega el momento en que las palabras ya no son el idioma apropiado. Y el Aquelarre de la Montaña respondió.

Las brujas guerreras llegaron primero al contacto, con Cordelia al frente y el hacha describiendo el arco que dos siglos de práctica habían convertido en algo indistinguible de la extensión natural del brazo. Los demonios de escala ordinaria encontraron en ella exactamente lo que no esperaban: algo que no retrocedía, que calculaba en el momento de recibir y que respondía antes de que el cálculo terminara porque el cálculo era ya instinto.

Hans se movía con las dos espadas con la elegancia específica de quien ha aprendido que dos armas no son el doble de potencia sino el doble de opciones, y que las opciones son lo que importa cuando el adversario no sigue ningún patrón que uno haya visto antes. Su túnica azul oscura se convirtió en el campo de batalla en algo diferente: no la ropa del aprendiz que Ana había conocido sino la de alguien que ha encontrado en el movimiento y el acero el idioma donde es más completamente él mismo.

El Rey llevaba el hacha y el escudo con la eficiencia de algo que ha sido construido para exactamente esto: el escudo recibiendo lo que el hacha no necesitaba atender, los dos creando entre sí un sistema que no requería que nadie lo coordinara porque llevaba siglos funcionando junto.

Las maestras trabajaban desde los ángulos que les daban el espacio para los conjuros que requerían preparación. El fuego elemental de Kasandra encontraba los demonios con la precisión de algo que no desperdicia energía porque sabe exactamente adónde tiene que ir. Los hechizos de agua y tierra de otras maestras completaban los ángulos que el fuego no cubría.

Las historiadoras no combatían de la manera en que combaten los guerreros: combatían de la manera en que combaten las personas que saben cosas que los demás no saben, con los pergaminos flotando a su alrededor y los hechizos que venían de los siglos anteriores al presente, hechizos que los demonios modernos no habían aprendido a reconocer porque eran más antiguos que el conocimiento que esos demonios tenían sobre lo que podía hacer. Algunos demonios se derretían. Otros se congelaban. Unos pocos simplemente se deshacían en el polvo de algo que ha sido disuelto por lo que lo formó en primer lugar.

Kalem.

En el centro del grupo, con la postura que el río le había enseñado no la urgencia sino la precisión, no la velocidad sino la certeza de que cada movimiento llega donde necesita llegar. Las flechas de energía que formaba con las manos encontraban sus objetivos con la exactitud de algo que no apunta hacia donde está el adversario sino hacia donde estará cuando la flecha llegue. Oboro a su lado, con el fuego y el viento que salían de sus manos con la naturalidad de cosas que han encontrado su dueño y que en ese dueño se sienten en casa.

Melidia, Ravi y Kasandra en triángulo, de espaldas entre sí, cubriendo los trescientos sesenta grados del espacio que los rodeaba con tres tipos de magia que se complementaban sin que ninguna de las tres necesitara que las demás le dijeran qué hacer. Los pergaminos de Melidia flotando y siendo usados en el orden que la situación dictaba, cada uno para el demonio específico al que correspondía, con la precisión de alguien que conoce su arsenal mejor de lo que la mayoría conoce su nombre. Los cuchillos de Ravi protegiendo los flancos con la velocidad de algo que no necesita magia para ser efectivo pero que cuando la magia los acompaña son otra cosa.

Yerico entró al castillo.

Con veintidós domadores detrás de él, cada uno con su vínculo activo, con las criaturas y demonios aliados que habían respondido al llamado de sus respectivos pactos. El interior del castillo era lo que el exterior prometía: el espacio de un Aquelarre que había sido tomado y que todavía resistía en sus grietas, donde las brujas del Chiclokal que seguían vivas lo hacían en los lugares donde la arquitectura les ofrecía alguna protección.

Las gemelas iban delante de Yerico.

Sus paraguas abiertos, los ojos con la calidad específica de las Buscadoras en modo de búsqueda activa: no la mirada que ve lo que está frente a ella sino la que ve a través de lo que está frente a ella hacia lo que está detrás, la que sigue el hilo de la presencia de algo aunque ese algo esté en otro corredor, en otro nivel, en otro espacio que la arquitectura ordinaria no conecta directamente con donde están.

Luego Sagiyi desapareció.

Las gemelas se detuvieron. Yerico se detuvo. Los domadores detrás de él se detuvieron con la cadena de reacción de algo que ha aprendido a seguir las señales de quien va delante.



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En el texto hay: brujas, escuela de magia, magia acción

Editado: 08.09.2026

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