Kasandra la invocadora

La Novena Reina

Lo que Metatrón dejó cuando terminó fue el silencio.

No el silencio de lo que ha sido destruido sino el de lo que ha sido devuelto a donde pertenecía: más limpio que el silencio ordinario, con la calidad específica del aire después de una tormenta que ha pasado completamente, cuando el cielo no recuerda todavía qué color debe tener.

Los demonios desaparecían en el humo con la gradualidad de algo que se deshace cuando lo que lo mantenía aquí ha cesado de mantenerlo. No todos a la vez: en la secuencia que dictaba la proximidad al trabajo del ángel, los más cercanos primero, los más lejanos después, hasta que el campo quedó cubierto de ese humo que era el residuo de lo que había estado y que el viento andino dispersaba con la indiferencia del viento que no discrimina entre lo que dispersa.

Belcebú y Belfegore evaluaron lo que tenían frente a ellos.

Los dos al mismo tiempo, con la sincronía de los que no necesitan comunicarse porque el cálculo que están haciendo es el mismo y llega a la misma conclusión en el mismo instante. La conclusión no era la de los adversarios que encuentran algo que pueden enfrentar con lo que tienen. Era la otra.

Se miraron.

El portal que abrieron entre los dos tenía el color del espacio entre los planos donde las criaturas como ellos existen cuando no están invocadas: una oscuridad con textura, con profundidad, que el ojo que se asomaba a ella no podía resolver porque lo que había del otro lado no pertenecía a las categorías de lo que el ojo había aprendido a ver.

Entraron.

El rastro que dejaron, ceniza y humo, se dispersó con el mismo viento que dispersaba todo lo demás.

Y el campo de batalla del Aquelarre Chiclokal quedó con lo que quedaba cuando los demonios ya no estaban: las brujas oscuras.

Kairani salió.

No de las profundidades del castillo ni de ninguna dirección específica: del movimiento de algo que ha estado esperando el momento en que la situación se redujo a lo que realmente importaba, que era este momento, que era este adversario.

El Rey Einar la vio llegar.

Lanzó el hacha con el movimiento de quien no está apuntando hacia donde está el adversario sino hacia donde estará, que es el tipo de cálculo que solo puede hacerse cuando uno ha observado suficiente tiempo cómo se mueve algo para que su trayectoria sea predecible.

Kairani lo evitó.

Pero el hacha no era el ataque. Era el anuncio.

El Rey ya corría.

—Arte mágica: fuerza.

La luz que envolvió sus manos no era la del elemento sino la de algo más directo: la fuerza concentrada de alguien que ha decidido que este combate no es de magia elemental sino de algo más fundamental, de la voluntad convertida en poder físico que la magia amplifica hasta la escala que el combate requiere.

Sus manos encontraron el impacto que buscaban.

Kairani respondió.

—Arte mágica: podredumbre.

El líquido negro que brotó de su cuerpo no era proyectil sino campo: se expandía hacia afuera desde ella en todas las direcciones a la vez, con la lógica de algo que no apunta porque no necesita apuntar, que alcanza todo lo que está en su radio con la acidez de algo que trabaja desde el exterior hacia el interior de lo que toca. El suelo donde caía se oscurecía con rapidez, marcado con el daño que el ácido deja en la piedra cuando el ácido es de este tipo.

El Rey lo evitaba con el escudo cuando podía y con el movimiento cuando el escudo no llegaba a tiempo: los dos en combinación, con la coordinación que solo viene de haber usado esas dos cosas juntas durante suficiente tiempo para que ya no sean herramienta y defensa sino extensiones del mismo sistema.

Alrededor de ellos, la batalla que quedaba.

Las pocas brujas oscuras que no habían huido todavía peleaban con la ferocidad de algo que sabe que el número ya no está a su favor y que ha elegido hacer más difícil la derrota en lugar de aceptarla. Las del Aquelarre de la Montaña respondían con la energía adicional de quien ve el campo despejándose, de quien entiende que lo que falta es el final y que el final está cerca, que es una energía diferente a la del principio: más urgente, más enfocada, con menos que perder porque ya se ha perdido suficiente esta noche.

Marina y las curanderas se movían entre los que habían caído, con la luz dorada todavía activa sobre sus cuerpos, con las pociones y los hechizos de restauración que encontraban a cada herido en el orden de la urgencia médica que Marina dictaba con la eficiencia de quien ha estado en situaciones como esta antes y que sabe que el orden importa.

Los que no peleaban miraban a los dos que sí.

El Rey y Kairani en el centro del campo que se había vaciado a su alrededor, como si el campo entero hubiera decidido que esto era lo que importaba y que todo lo demás era contexto.

Kairani atacó con las palabras mientras atacaba con el cuerpo.

—Nunca vas a recuperar a esa Invocadora —dijo, con la cadencia de quien usa el habla como parte del combate—. Lo que está dentro de ese castillo ya no es tuya.

El Rey la miró.

Sonrió.

No la sonrisa del que está ganando ni la del que está perdiendo. La del que ha vivido suficiente para que ciertas cosas que el adversario dice como amenazas le lleguen como información sobre el adversario y no sobre la situación.

Recogió el hacha que había lanzado antes y estaba en el suelo a varios metros de donde estaban ahora. El escudo en la otra mano.

Kairani recogió una lanza del suelo. La sostuvo verticalmente. Y el poder oscuro que era su naturaleza la recorrió desde la mano hasta la punta en el tiempo que tarda una decisión en volverse acto: la lanza se oscureció, el metal adquirió la cualidad del metal que ha sido impregnado con algo que no es ordinario, que tiene ahora además de la física del acero la física de otra cosa.

—Las brujas oscuras existiremos en este mundo para siempre —dijo, con la convicción de quien dice algo que considera que es simplemente verdad—. Somos la parte oscura de vosotros. Estamos alineados. La oscuridad y la luz son las dos caras del mismo mundo, y mientras el mundo exista, nosotras existiremos.



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En el texto hay: brujas, escuela de magia, magia acción

Editado: 08.09.2026

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