Kenkyona reigi

Capítulo 17: Bienvenido a Épsilon

El aire en la oficina del coronel se sentía repentinamente más denso, cargado de un peso que nada tenía que ver con las cadenas que apresaban a Máximo.

—El mundo que conocías se acabó hace tres semanas, chico —dijo el coronel, arrastrando una silla de madera para sentarse frente al muchacho—. El día en que cayeron los fuegos del cielo no atacaron únicamente tu aldea, ni tampoco solo las fronteras de nuestro país. Fue un golpe simultáneo contra todos los reinos del globo.

Máximo lo miró, parpadeando con lentitud.

—¿Todos...?

—Todos —reiteró el oficial con frialdad—. Los pueblos pequeños, los valles y las granjas fueron borrados porque no tenían defensas. Las únicas que lograron sobrevivir y contener el impacto inicial fueron las grandes capitales. Y no fue por casualidad o por tener muros más altos, sino porque es allí donde se concentra la mayor fuerza militar de los usuarios de Vael.

Máximo frunció el ceño, apretando los dientes. La palabra volvía a repetirse, ajena y pesada.

—¿Qué demonios es el Vael? —preguntó Máximo en un hilo de voz—. Llevas mencionándolo desde que me desperté.

El coronel lo observó durante unos segundos en silencio. Luego, sacó una llave del bolsillo de su uniforme, se inclinó y abrió el cerrojo de las esposas que sujetaban los brazos de Máximo. El metal cayó con un estrépito sordo sobre el suelo.

—Ponte de pie —ordenó el coronel—. Es más fácil que lo entiendas si lo ves mientras caminas.

Máximo se reincorporó despacio, llevándose una mano al abdomen resentido. Siguió al oficial fuera de la oficina, adentrándose por los amplios y fríos pasillos de piedra de la guarnición central.

—El Vael es la fuerza vital que habita en absolutamente todo ser vivo —comenzó a explicar el coronel mientras descendían por una escalinata de caracol—. Tú lo tienes. Los soldados lo tienen. Incluso las plantas y los animales. Sin embargo, en la inmensa mayoría de la población, permanece dormido toda su vida.

Salieron a un corredor exterior desde donde se divisaban los campos de maniobras. Máximo se apoyó en la barandilla de piedra, mirando hacia abajo.

—¿Nunca te preguntaste por qué en tu aldea había personas ridículamente buenas para cargar sacos pesados, mientras otras corrían durante horas sin cansarse o tenían una intuición absurdamente aguda? —preguntó el oficial—. No era solo 'genética' o 'entrenamiento'. Todas esas capacidades están ligadas directamente a cómo fluye el Vael en el cuerpo, incluso si la persona no es consciente de ello.

El coronel se detuvo a su lado y levantó dos dedos.

—Para entender cómo funciona en un usuario consciente, debes saber que el Vael se manifiesta a través de dos clasificaciones: la Afinidad Física y la Afinidad de Tipo. Aunque parezcan conceptos distintos, ambas son indispensables y se complementan en cada usuario.

Máximo escuchaba con atención, asimilando cada palabra mientras el viento le agitaba el cabello.

—La Afinidad Física es la base —prosiguió el coronel—. Se divide en cinco ramas principales: Fuerza, Velocidad, Vista, Resistencia e Inteligencia. Dependiendo de cómo seas capaz de canalizar el Vael a través de tu red muscular y tu sistema nervioso, puedes potenciar exponencialmente cualquiera de estas características en combate.

El oficial hizo una breve pausa y bajó la mano.

—Por otro lado está la Afinidad de Tipo, que es la naturaleza particular de tu energía. Esta varía según la persona. Algunos usuarios canalizan el Vael en su estado puro, mientras que otros le otorgan propiedades de los elementos que los rodean: agua, fuego, tierra, viento... Cualquier manifestación con la que la persona tenga una conexión innata. En la Afinidad de Tipo, el único límite real es la imaginación y el control del usuario.

Máximo miró sus propias manos. Estaban limpias, pero la memoria de la presión sofocante que había sentido en la plaza aún quemaba en sus palmas.

—Te explico todo esto porque justo antes de caer inconsciente en la plaza, lograste romper tu barrera y despertar tu Vael —concluyó el coronel, mirándolo de reojo—. ¿No te sientes distinto?

Máximo apretó las manos en puños.

—Sí... —admitió en voz baja—. Siento el cuerpo más ligero. Como si el aire fuera menos denso y tuviera más fuerza que de costumbre.

—Es normal. Tu canalización apenas se acaba de abrir —explicó el oficial—. Para la gente común de la capital, esto es un misterio completo. Existen solo dos formas conocidas de activarlo. La primera es por herencia biológica: si tus dos padres son usuarios de Vael, existe un 50% de probabilidad de que el hijo lo despierte de forma natural. Si solo uno de tus padres lo usa, la probabilidad cae a un 10%. Y si ninguno lo tiene... jamás podrás despertarlo por vía natural.

—Mis padres, nunca los conocí —murmuró Máximo—. No sé nada de esto.

—Lo que nos lleva a la segunda forma —dijo el coronel, deteniéndose frente a una gran puerta de madera reforzada—. Haber tenido contacto directo con el Vael de alguien más. Si un usuario te inflige una herida grave utilizando su energía, existe un escaso 5% de probabilidad de que esa masa externa fuerce a tu propio Vael a circular para defenderse de la muerte. Hay más factores que influyen en ese proceso, pero ya habrá tiempo para eso.

El coronel empujó la puerta de madera, revelando una amplia sala de mapas estratégicos. Sobre una mesa central descansaba un pergamino gigantesco que representaba la cartografía completa del mundo conocido.

—Mira esto —indicó el oficial.

Máximo se acercó a la mesa. Sus ojos se abrieron de par en par.

—Existen cerca de cincuenta países en el planeta —explicó el coronel, señalando los bordes del mapa—. Nuestro reino comparte frontera directa con otros tres. Dos de ellos han mantenido un estado de tensión hostil con nosotros durante años, mientras que el tercero es nuestro único aliado histórico. Y todos, sin excepción, fueron arrasados por el Juicio el mismo día.



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En el texto hay: fantasia, accion, aventura

Editado: 31.08.2026

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