Kenkyona reigi

Capítulo 20: El límite de la fuerza

Antes de que Máximo pudiera dar un solo paso al frente o afirmar su postura en la tierra, la imagen de Shadow se desdibujó.

El movimiento fue tan absurdamente rápido que ni siquiera el viento pareció moverse a su alrededor. Lo único que Máximo llegó a percibir fue la brisa helada del atardecer rasgándole la mejilla un milisegundo antes de que un puño cerrado impactara de lleno contra el lado izquierdo de su mandíbula. El crujido resonó en el patio y el muchacho salió despedido hacia atrás, rebotando en el polvo antes de quedar tendido de espaldas con la vista fija en el cielo.

Ni siquiera había visto venir el golpe.

Shadow permaneció en el mismo sitio, alisándose la manga de la camiseta con total serenidad.

—Levántate —dijo, mirando al chico en el suelo—. No creo que te derrote tan fácil, ¿o sí?

Máximo apretó los dientes, sintiendo un sabor metálico a sangre en la boca. Apoyó las palmas en la tierra y se puso de pie con dificultad, sacudiéndose el polvo mientras la mandíbula le retumbaba por el dolor. Sigue siendo una mujer..., pensó por un instinto absurdo que aún luchaba por no soltar toda su fuerza contra ella. Si le pego con todo, la voy a lastimar.

Avanzó rápidamente, acortando la distancia, y descargó un derechazo seco dirigido al hombro de la comandante.

Shadow ni se inmutó. Con una fluidez casi elegante, desvió el puño de Máximo utilizando únicamente su antebrazo y, aprovechando el impulso del muchacho, metió una estocada con la palma abierta directamente en el plexo solar de Máximo.

El impacto no fue solo doloroso; fue destructivo. La fuerza del golpe expulsó todo el aire de sus pulmones y lo elevó un par de cuartas por encima del suelo.

En ese instante, Máximo lo entendió con aterradora claridad: no debía contenerse. Esta mujer no era solo fuerte; era un monstruo.

Antes de que pudiera caer de vuelta a la tierra, Shadow extendió el brazo, lo agarró con firmeza por el cabello en pleno vuelo y giró sobre su propio eje, estampado el cuerpo de Máximo contra la dura piedra del terreno de maniobras. El estallido levantó una nube de polvo.

El cuerpo de Máximo se sentía entumecido, los músculos le quemaban y la cabeza le daba vueltas, pero la desesperación por no perder su libertad venció al dolor. Estando boca abajo, lanzó una patada baja y traicionera dirigida a los tobillos de la chica para hacerla perder el equilibrio. Sintió que el impacto conectaba. ¡La tengo!, pensó. Pero fue como patear una columna de granito. Shadow ni siquiera se movió de su posición; simplemente absorbió el choque con la estructura de sus piernas sin desplazarse un solo milímetro.

Máximo se incorporó de un salto, respirando con agitación, y decidió ir completamente en serio.

Arremetió con una ráfaga incesante de golpes: izquierdas, derechas, ganchos, intentos de agarre y patadas frontales. Estaba usando todo lo que el maestro le había enseñado en la aldea. Sin embargo, Shadow esquivaba cada ataque de manera magistral, desviando la cabeza o el torso por apenas milímetros, permitiendo que los puños de Máximo solo cortaran el aire.

—Estas son técnicas de varias personas que viven y luchan en Kriegstal —comentó Shadow con calma mientras esquivaba un zurdazo pasante—. Gente que ha pulido su cuerpo durante décadas.

—¡Deja de esquivar! —gritó Máximo, frustrado y agotado, lanzando una patada voladora que rozó la túnica de la chica—. ¡Es aburrido pelear así!

Shadow frenó en seco. Dejó caer los brazos a los lados y miró a Máximo fijamente.

—Está bien —dijo con la voz completamente neutra—. No me moveré de aquí. Vamos. Ven.

La provocación hizo que a Máximo se le nublara la razón. Lanzó un puñetazo directo al rostro con toda la masa muscular que le quedaba, pero Shadow no dio un solo paso atrás. En lugar de esquivar, comenzó a desviar, bloquear y desarmar cada ataque utilizando únicamente sus manos. Todo lo que el maestro le había enseñado parecía inútil, una simple caricatura de combate frente al abismo de técnica que tenía delante. La diferencia de fuerza y habilidad no era una brecha: era un océano.

Entonces, Shadow decidió cerrar el duelo.

Contraatacó con una combinación vertiginosa de golpes precisos a la cara de Máximo que le quebraron la guardia en un segundo. Antes de que el cuerpo del chico colapsara hacia el suelo, Shadow se deslizó por debajo, lo sujetó firmemente por la cintura y, usando las piernas y los pies con una destreza acrobática, lo elevó por los aires, manipulando el peso de Máximo alrededor de su propio cuerpo como si fuera un muñeco de trapo.

En cuestión de dos segundos, lo colocó de nuevo sobre sus dos pies, completamente desorientado.

Máximo parpadeó, tambaleándose. Shadow le dedicó una leve sonrisa... que se desvaneció al instante para dar paso a una expresión seria, casi demoníaca.

Shadow dio un paso al frente y clavó los dedos de la mano en un punto exacto en el centro del pecho de Máximo.

El impacto no fue ruidoso, pero la sensación fue inmediata.

Máximo no sintió dolor. Sintió vacío. Como si algo vital dentro de su tórax hubiera dejado de latir en un milisegundo. Intentó inhalar, pero los pulmones no respondieron. Un peso aplastante le oprimió el pecho, como si una banda de hierro lo estuviera estrangulando desde dentro.

El aire se volvió inalcanzable. La estabilidad desapareció de sus piernas y la vista se le oscureció de inmediato por la falta repentina de flujo sanguíneo al cerebro. Un sudor frío le cubrió la frente y una oleada de terror visceral —un miedo primario e incontrolable a la muerte— lo invadió por completo.

Sus brazos cayeron muertos a los lados. La vista se le apabulló en negro y Máximo colapsó de forma instantánea sobre la piedra del patio.

—¡Khhh-ah!

Máximo abrió los ojos de golpe, incorporándose en el suelo con una bocanada de aire desesperada mientras un chispazo eléctrico le recorría el tórax. Se llevó las dos manos al pecho, hiperventilando, con el corazón latiendo desbocado contra sus costillas.



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En el texto hay: fantasia, accion, aventura

Editado: 31.08.2026

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