Kenkyona Reigi: Shadow's Reise

Capítulo 5: La fuerza de una montaña

La arena del Templo de la Fuerza olía a polvo, sudor y bronce calentado por el sol del atardecer.

Shadow no perdió un solo instante. En cuanto sus botas tocaron el límite de la arena de combate, se lanzó hacia adelante con una explosión de velocidad. No era una novata; llevaba años entrenando, observando, absorbiendo cada lección y devorando kilómetros en su viaje. Tenía la biomecánica grabada en el cuerpo y sabía exactamente dónde impactar.

Cerró la distancia en un pestañeo, metió el hombro y conectó una combinación limpia y seca: un puñetazo directo al plexo solar, seguido de un gancho penetrante a las costillas flotantes y un directo al centro del pecho.

Los impactos sonaron como madera dura chocando contra madera dura.

Nada.

El maestro Bruno ni siquiera parpadeó. Su postura no se alteró un milímetro, sus pies permanecieron clavados en la piedra como raíces de hierro y la sonrisa de su rostro no decayó. Shadow sintió que el aire se le escapaba de los pulmones, no por el esfuerzo, sino por la conmoción. Los golpes habían conectado perfectamente, llevando detrás la inercia de todo su cuerpo, pero para Bruno habían sido poco más que una brisa de verano.

Antes de que pudiera asimilarlo, el maestro lanzó su primer ataque. Un puñetazo directo, simple y sin adornos.

Shadow reaccionó por puro instinto, tirando la cabeza hacia atrás en el último milisegundo. El puño gigantesco de Bruno pasó a un milímetro de su nariz, y la ráfaga de aire producida por el movimiento le despeinó el cabello con una fuerza que le hizo sangrar ligeramente el labio superior.

Si esa cosa me alcanza..., pensó Shadow, dando dos saltos rápidos hacia atrás mientras la frente se le cubría de sudor frío.

No hubo tiempo para terminar la idea. Bruno avanzó con la pesadez de una avalancha. Shadow se vio obligada a retroceder, esquivando por milímetros una embestida y un barrido de brazo que amenazaba con partirle las costillas. La diferencia de masa era abismal, pero Shadow se negó a entrar en pánico. Cambio de plan.

Si la fuerza bruta no funcionaba, usaría la lógica.

Recordó las notas mentales que había tomado durante las horas de observación. Las articulaciones, el centro de gravedad, el equilibrio de los tobillos. Apuntó a la rodilla izquierda de Bruno con una patada lateral baja, buscando doblar la articulación; inmediatamente se deslizó hacia la derecha e intentó aplicar un enganche detrás del tobillo del maestro para aprovechar su propio peso masivo en su contra.

El movimiento fue técnicamente impecable. Una ejecución que habría derribado a cualquier luchador de la capital.

Pero Bruno permaneció inmóvil. La pierna del maestro ni siquiera vibró bajo el impacto; se sentía como intentar doblar una columna de granito a patadas.

¿Qué clase de cuerpo tiene este hombre?, se preguntó Shadow, abriendo los ojos de par en par.

En medio de su asombro, cometió un error de cálculo en la distancia. La mano derecha de Bruno se cerró como un cepo de hierro alrededor de su antebrazo. La chica sintió la presión aplastante de los dedos del maestro rodeándole los huesos.

Bruno la miró a los ojos, manteniendo su expresión tranquila y afable.

—Disculpa —dijo el maestro con sinceridad.

Y la lanzó.

Shadow salió despedida por los aires como si fuera un saco de paja. Atravesó diez metros de patio antes de impactar estrepitosamente contra la pared de basalto del templo. El estruendo de la piedra rompiéndose resonó en todo el patio. La chica cayó sobre la arena, soltando un gemido de dolor ahogado mientras una nube de polvo cubría su figura. Sintiéndose mareada y con la espalda ardiendo, apretó los dientes, apoyó los nudillos sangrantes en el suelo e intentó ponerse en pie. Las piernas le temblaban salvajemente, pero se obligó a levantarse.

Si los puños no servían, usaría las piernas.

Tomó impulso, corrió a través del polvo y saltó en el aire, lanzando una patada descendente cargada con todo el peso de su cuerpo hacia el cuello del maestro. Bruno ni siquiera intentó esquivar; respondió con una patada frontal recta.

El choque de ambas piernas fue brutal. Se escuchó un chasquido seco.

El impacto anuló por completo la inercia de Shadow y la devolvió al suelo. Su pierna derecha quedó prácticamente inutilizada, doliéndole con un ardor insoportable que le impedía apoyar el talón. Se desplomó sobre la arena, incapaz de mantenerse erguida.

Bruno caminó despacio hacia ella, proyectando su enorme sombra sobre su cuerpo herido. Shadow, sabiendo que venía el golpe final y sin capacidad para esquivar, cruzó ambos brazos sobre el rostro en una guardia desesperada.

El puño de Bruno descendió. El impacto atravesó la defensa de Shadow como si sus brazos fueran varas de mimbre seco, golpeando su pecho y aplastándola contra el suelo de piedra.

El mundo se volvió negro. Su cuerpo simplemente dejó de responder y la conciencia de la chica se apagó por completo.

Cuando Shadow volvió a abrir los ojos, la luz del sol golpeaba el patio con una inclinación distinta. El aire matutino era fresco. Había dormido casi un día entero sobre las mantas de descanso a un lado del patio, donde los heridos eran atendidos.

Se incorporó bruscamente, ahogando un quejido. Le dolía cada músculo, su espalda estaba cubierta de moratones y la pierna derecha aún le protestaba, pero el descanso prolongado y la juventud de su cuerpo habían hecho su trabajo. Estaba lo suficientemente recuperada para mantenerse en pie.

Miró hacia el centro de la arena. El maestro Bruno estaba allí, exactamente en la misma postura, chocando los puños contra el pecho mientras derribaba a otro retador con un barrido limpio. No parecía cansado. Parecía inagotable.

Shadow no sintió frustración ni amargura. Miró sus propios puños vendados y sintió una punzada caliente en el pecho. ¿Qué me faltó?, se preguntó. Y en lugar de pensar en rendirse, una sonrisa amplia y entusiasmada volvió a dibujarse en sus labios. Quería volver a intentarlo. Necesitaba descifrar esa montaña.



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En el texto hay: torneo, aventura, rivalidad

Editado: 27.08.2026

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