Kenkyona Reigi: Shadow's Reise

Capítulo 6: La estrategia

Shadow se quedó inmóvil en el borde del Templo de Aquisgrán, contemplando el punto exacto de la arena donde días atrás el maestro Bruno había sido acorralado por el deslumbrante despliegue de Magnus.

En su mente, la escena no cesaba de repetirse. Analizó cada fragmento de aquel combate. Su primera impresión había sido la misma que la de todos: Magnus era un peleador de pura velocidad. Sin embargo, al reconstruir la trayectoria de los impactos, Shadow llegó a una conclusión muy distinta: la velocidad por sí sola no hubiese sido suficiente para hacer mella en la resistencia de Bruno. Lo que Magnus había logrado era convertir la aceleración en peso, transformando la inercia de su carrera en una masa destructiva en el punto exacto de contacto.

Shadow se miró las manos. Recordó su propia derrota contra la gran muralla del reino: poseía la agilidad, la lectura de pasos y los reflejos para esquivar, pero sus golpes resonaban contra la piel de Bruno como hojas secas contra un muro de granito. Carecía de la potencia necesaria para canalizar su rapidez en daño real.

Si pierdo soltura, pierdo mi ventaja, pensó apretando los puños. Tengo que hacerme más fuerte físicamente, pero sin ganar un volumen que me vuelva lenta.

Determinada, descendió a las instalaciones inferiores del palacio, donde se encontraba el gimnasio de instrucción militar.

Durante los días siguientes, Shadow convirtió la sala de entrenamiento en su refugio diario.

Comenzó por adaptar los ejercicios a su estructura. En lugar de levantar grandes cargas en repeticiones lentas, diseñó circuitos de resistencia explosiva.

  • Fuerza y tracción: Trabajó con barras cargadas y poleas de hierro, buscando fortalecer la cadena posterior de la espalda y los hombros sin saturar la masa muscular.

  • Potencia de piernas: Realizó saltos con chaleco lastrado y estocadas continuas para aumentar la tracción de sus arrancadas desde el suelo.

  • Velocidad de impacto: Dedicó horas al boxeo de sombras frente a los espejos. Lanzaba ráfagas de tres y cuatro golpes, concentrándose en cerrar el puño solo en el último milisegundo antes del impacto para maximizar la aceleración sin tensionar el brazo antes de tiempo.

Al principio, la fatiga acumulada le hacía sentir los hombros pesados. Sin embargo, conforme avanzaban las jornadas, el dolor dejó paso a una firmeza distinta. Sus brazos no se habían vuelto voluminosos, pero la tensión bajo su piel era compacta y fibrosa.

A la par de su entrenamiento físico, Shadow dedicó las tardes a recorrer la ciudad de Aquisgrán para despejar la mente y entender el entorno donde Bruno había construido su reputación.

Las calles de la ciudad fronteriza hervían de actividad. Shadow caminó entre los puestos de especias, las herrerías y los mercados de víveres, conversando con los comerciantes locales.

—¿El maestro Bruno? —se rió un viejo vendedor de hortalizas mientras acomodaba sacos de grano—. Muchacha, cuando ese hombre no está en el templo recibiendo a retadores, lo vas a encontrar en los comedores del sector sur devorando bandejas enteras de carne.

—Y cuando termina de comer, no se queda sentado —añadió la dueña de un puesto de suministros—. Viene a los muelles o a las zonas de carga y nos ayuda a levantar las vigas más pesadas de las carretas rotas. Nunca pide dinero por eso. Con que le inviten un plato caliente le basta.

Shadow escuchó en silencio. La imagen de Bruno como una muralla de combate empezó a matizarse con la de un hombre integrado por completo en la vida diaria de su gente. No era una simple bestia de torneo; era la piedra angular de la ciudad.

Un par de semanas después del inicio de su rutina, Shadow regresó al gimnasio del palacio temprano por la mañana.

Se acercó a una de las pesas de hierro que al principio de su estancia le exigía un esfuerzo considerable para mover. La sujetó con una mano y tiró hacia arriba. La carga subió de forma fluida, sin romper su postura.

Volvió a probar con una carga mayor y la levantó con solidez.

Salió al patio exterior y probó un despliegue de velocidad en línea recta. Se impulsó contra el suelo de piedra: sus piernas no solo respondieron con la rapidez habitual, sino que el empuje contra la tierra se sintió mucho más firme, propulsándola con una fuerza renovada. Lanzó una combinación al aire; el chasquido de la tela de su ropa al cortar el viento sonó más seco y potente que antes.

Más fuerte... pero no más lenta.

Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro. La sensación de incertidumbre había desaparecido. Estaba lista.

Shadow caminó hacia el templo con el corazón batiendo con fuerza. Había trabajado cada músculo pensando en la revancha, convencida de que esta vez pondría a prueba sus límites. Sin embargo, al aproximarse al arco de entrada, el retumbo sordo de botas contra la piedra y el sonido de respiraciones agónicas quebraron la tranquilidad de la mañana.

Alguien estaba peleando.

Shadow se pegó a la columna del pórtico y asomó la mirada. Lo que vio en el patio central la dejó petrificada.

Ambos combatientes estaban completamente destrozados.

En el centro de la arena se hallaba un chico desconocido. Llevaba la ropa desgarrada, el rostro cubierto de hematomas y cortes, y la pierna izquierda le temblaba de tal manera que apenas podía sostener su peso. Tosía con aspereza, manteniendo la mirada clavada en su oponente.

Frente a él, Bruno distaba mucho de ser el coloso invulnerable que Shadow recordaba. El maestro tenía un ojo hinchado, un reguero de sangre brotándole del labio y el torso cubierto de marcas rojas. Respiraba pesadamente, con los hombros caídos por el agotamiento.

¿Qué demonios pasó aquí?, pensó Shadow, abriendo los ojos con estupefacción. ¿Quién es este tipo?

El chico dio un paso al frente. Un paso tambaleante y agónico. Luego otro.



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En el texto hay: torneo, aventura, rivalidad

Editado: 27.08.2026

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