El polvo aún no terminaba de asentarse en el patio del templo cuando la voz rasposa de Stefan rompió el silencio de los presentes. El chico misterioso, sosteniendo apenas el torso con los brazos temblorosos, recibió la pequeña pieza metálica que Bruno depositó en su mano.
—Gracias... maestro —susurró el muchacho antes de dejar caer la cabeza hacia un lado, exhausto.
—Tienes una determinación admirable, Stefan —dijo Bruno, acomodándolo con cuidado para que los sirvientes del templo pudieran asistirlo—. Pero recuerda esto: la fuerza sin propósito solo rompe a quien la usa. No dejes que esta medalla sea el final de tu camino.
Shadow vio cómo se llevaban al muchacho a la enfermería. Sabía exactamente lo que significaba ese momento: Stefan se marchaba con la Medalla de la Fuerza tras haber puesto a Bruno sobre una rodilla.
Sin perder un segundo, Shadow dio tres pasos al frente y se detuvo justo en la línea divisoria de la arena.
—Maestro Bruno —dijo en voz alta, rompiendo el murmurullo del público.
El gigante se giró, limpiándose la sangre de la barbilla con el dorso de la mano. Al mirarla, sus ojos pequeños y astutos detectaron el cambio de inmediato. Ya no vio a la muchacha impulsiva y ansiosa que había rodado por el suelo semanas atrás. En su mirada ardía una determinación afilada, fría y perfectamente enfocada.
Nadie en el graderío protestó. Los guardias, comerciantes y aprendices que frecuentaban el templo conocían a Shadow tras verla entrenar sin descanso durante semanas. Sabían que ese momento tenía que llegar.
—Veo que tu mirada ha cambiado, muchacha —comentó Bruno con una sonrisa ancha, reajustándose la cinta de los pantalones—. Bien. Entra.
Shadow avanzó hacia su posición. Cerró los ojos un instante e inspiró hondo, llenando sus pulmones de aire para calmar el ritmo cardíaco. Estaba concentrada al cien por ciento. No pensaba en el dolor ni en la fatiga; solo en llevarse la medalla. Se dio la vuelta con un movimiento fluido de pies, adoptó la postura de combate y comenzó el enfrentamiento.
Shadow mantuvo una distancia prudente de tres metros, orbitando a Bruno con pasos laterales. El maestro no se precipito; permaneció en el centro de la arena, guardando el primer movimiento y observando la cadena de apoyos de la joven.
De pronto, Shadow lanzó dos puñetazos al aire.
Un golpe recto, un corte diagonal. Ninguno iba dirigido al cuerpo de Bruno. La multitud frunció el ceño, confundida por la maniobra. Sin embargo, antes de que alguien pudiera procesar qué estaba haciendo, Shadow aprovechó la inercia del segundo impacto al aire para impulsar un desplazamiento relámpago, filtrando un jab seco directamente al rostro del gigante.
¡PUM!
La cabeza de Bruno se fue hacia atrás. El golpe resonó seco en todo el patio. Los espectadores soltaron un jadeo colectivo. Bruno no había logrado ver venir la trayectoria del ataque.
—Nada mal... —murmuró el maestro, reajustando la cabeza.
Esta vez, Bruno decidió acortar la distancia. Dio un paso pesado al frente para cerrar el espacio, pero en el instante preciso en que su pie despegaba del suelo, Shadow se lanzó hacia abajo y barrió la pierna de apoyo de Bruno con una patada baja cargada con toda la potencia de sus muslos.
El impacto desequilibró al coloso antes de que pudiera afianzar la pisada. Bruno cayó hacia un costado, apoyando torpemente un brazo contra las losas para no perder la postura.
Esto se parece a lo que hizo Magnus..., pensó el maestro por una fracción de segundo.
Pero antes de que pudiera completar la idea, Shadow ya estaba sobre él. Aprovechando el impulso de la barrida, lanzó una patada ascendente que impactó de lleno en el pómulo de Bruno, haciéndolo caer de espaldas contra la tierra.
La multitud se quedó con la boca abierta. Por primera vez en la historia del templo, la gran muralla de Aquisgrán había sido derribada en los primeros segundos de un combate.
Shadow dio un salto hacia atrás inmediatamente, recuperando la distancia. Sabía perfectamente que si se quedaba en el rango de alcance de Bruno, terminaría atrapada como en su primera pelea.
Bruno se levantó lentamente, sacudiéndose el polvo de los hombros con una risotada baja y un tanto picada.
—Vaya... Parece que hoy todos se han puesto de acuerdo para dejarme en ridículo —dijo, estirando el cuello hasta que le crujieron las vértebras—. Se acabó el juego. Ahora me pondré serio.
El gigante se lanzó hacia adelante en un arremetida brutal. Shadow reaccionó con agilidad, esquivando hacia un lateral y dejando que el puño de Bruno solo cortara el aire. Al ver que la joven eludía el choque frontal, el maestro detuvo su avance. Comprendió que perseguirla a ciegas solo consumiría su resistencia.
Decidió cambiar de táctica: plantó los pies en el suelo, levantó la guardia y esperó.
Shadow comenzó a acortar la distancia lentamente. Lanzó una ráfaga de golpes: izquierda, derecha, gancho corto. Todos los impactos dieron contra los antebrazos rígidos de Bruno, pero el maestro no devolvió ni un solo ataque.
¿Por qué no responde?, pensó Shadow, sintiendo un nudo de advertencia en el estómago.
Inclinó el cuerpo para lanzar un último impacto a las costillas, pero cuando su brazo se extendió, vio la mano de Bruno cerrarse a milímetros de su muñeca. Shadow sintió un escalofrío, dio un salto hacia atrás e interrumpió el combo justo a tiempo.
—Casi te tengo —dijo Bruno con una sonrisa tranquila.
Shadow tragó saliva. Lo entendió al instante: si Bruno lograba sujetarle un solo brazo, la pelea se terminaría. No podía quedarse sin atacar, pero tampoco podía mantener una ofensiva prolongada. Debía arriesgarse.
Se lanzó de nuevo con una combinación furiosa de puños y patadas. El maestro permaneció estático, recibiendo los golpes sobre su guardia de hierro. De pronto, sin que Shadow lo anticipara, Bruno dio un paso imperceptible de un centímetro hacia adelante.