Kenkyona Reigi: Shadow's Reise

Capítulo 9: El peso de una medalla

Shadow avanzó por la pasarela de madera con paso firme hasta detenerse ante los grandes portones de la bodega del muelle norte. El marco de roble lucía descuidado, reforzado torpemente con platinas de hierro oxidado.

Sin dudarlo, Shadow alzó el puño y golpeó la madera tres veces con una fuerza brutal. El retumbo resonó en todo el puerto como el impacto de un ariete.

A los pocos segundos, la puerta se abrió de golpe. Un tipo bajo, de hombros anchos y rostro malencarado, asomó la cabeza mascando una tira de cuero seco. Al levantar la vista, se quedó congelado un instante, sorprendido por la imponente estatura de la muchacha.

—¿Qué mierda quieres, niña? —gruñó, cruzándose de brazos con arrogancia—. Aquí no vendemos pescado. Piérdete.

Shadow no pestañeó. Sostuvo la mirada del hombre con una frialdad que congeló la sonrisa del mercenario.

—¿Ustedes son los que extorsionan a los pescadores de esta ciudad? —preguntó con voz baja pero clara.

El sujeto soltó una carcajada burlona y trató de cerrar la puerta de golpe en su cara.

—Lárgate de aquí antes de que—

Antes de que la hoja de madera se cerrara, la mano de Shadow se apoyó contra el borde. La puerta se detuvo en seco. El hombre apretó los dientes e intentó empujar con todo el peso de su cuerpo, pero el brazo de la joven no cediós un solo milímetro; parecía una columna de granito incrustada en la tierra.

Sorprendido por semejante fuerza, el mercenario alzó la vista hacia Shadow. Ella simplemente tiró de la puerta hacia afuera, rompiendo el pestillo, y le asestó un jab directo al rostro.

¡PUM!

El golpe resonó seco. El sujeto salió despedido hacia atrás, rebotando contra las cajas del interior y quedando inconsciente al instante.

Shadow dio un paso al frente e ingresó a la penumbra del almacén. El lugar olía a salitre, humedad y ron barato. Dentro, una docena de hombres armados con dagas, cadenas y garrotes se encontraban repartidos sobre mesas de juego. Al ver a su compañero tendido en el suelo, el silencio cayó sobre el recinto y todos se pusieron de pie, desenvainando sus armas.

—Quiero hablar con el que está a cargo —dijo Shadow con tranquilidad, caminando hacia el centro de la estancia.

—¡Atrápenla! —gritó uno de los mercenarios del fondo.

Tres tipos se abalanzaron sobre ella al mismo tiempo. Uno intentó cortarle el paso con un cuchillo largo, mientras los otros dos buscaban flanquearla.

Shadow no perdió la calma. Recordó los entrenamientos en Aquisgrán y los movimientos de Bruno: ajustó los apoyos de sus pies, esquivó el estocazo con un leve sesgo del torso y descargó un puñetazo directo al esternón del primer atacante. El sujeto soltó el arma y cayó de rodillas sin aire. Sin detener el flujo de su cuerpo, Shadow giró sobre su pierna izquierda y conectó un gancho ascendente a la mandíbula del segundo, lanzándolo contra las vigas de madera. El tercero amagó un golpe por la espalda, pero Shadow lo interceptó antes de que completara la trayectoria, barriéndole las piernas con una patada baja y dejándolo fuera de combate con un pisotón firme contra las losas.

Un solo golpe. Un solo movimiento limpio para cada uno.

El resto de los bandidos dio un paso atrás, petrificados. El ambiente festivo de la bodega se transformó en un aire helado de pánico.

—Esta chica... —murmuró uno de los mercenarios, observando los brazos fibrosos de Shadow y la soltura de su postura—. No es una civil cualquiera.

El hombre fijó la vista en el cinturón de la joven. Enganchada al cuero, la pequeña pieza de bronce con el grabado del puño y la montaña brillaba bajo los tragaluces del techo.

—¡Tiene la Medalla de la Fuerza! —exclamó con la voz quebrada por el terror.

Los murmullos se extendieron como reguero de pólvora entre los hombres. Aunque eran extranjeros y no pertenecían a las provincias centrales, llevaban el tiempo suficiente en Kriegstal para entender el peso de esa insignia. En este país, quien ostentaba una medalla del Kampfturnier no era un simple peleador: era una fuerza de la naturaleza capaz de someter a decenas de hombres entrenados.

Desde la parte alta de la bodega, unas botas pesadas retumbaron contra la escalera de madera.

Un hombre alto, cubierto con un abrigo de pieles y con cicatrices profundas atravesándole las mejillas, descendió con lentitud. Era el líder de los extorsionadores. Miró a sus hombres caídos, luego fijó la vista en la joven.

—Habrías empezado por ahí, muchacha —dijo el líder con voz rasposa, haciendo una falsa reverencia con las manos—. Si nos hubieras mostrado esa medalla desde el principio, nosotros mismos habríamos ordenado a los pescadores que te prepararan el mejor barco para llevarte al otro lado.

Shadow apretó los puños.

—No me gusta presumir mis logros —respondió con frialdad.

El líder caminó hacia el centro de la sala, manteniendo las manos a la vista para proyectar una confianza que ya no sentía.

—Hace unos meses pasaron dos tipos que también llevaban medallas —comentó el sujeto—. Los capitanes los llevaron gratis al ver sus insignias. Yo no soy tan tonto como para buscarme problemas con alguien que posee una medalla. Se dice que sus portadores valen por más de cincuenta soldados.

El hombre hizo un gesto con la mano hacia la salida.

—Así que déjanos en paz. No tienes nada que hacer en esta ciudad. Muéstrales tu medalla a los del muelle y lárgate de a—

Antes de que pudiera terminar la frase, Shadow dio un paso relámpago al frente y lo sujetó con firmeza del hombro, clavándole los dedos en el abrigo.

—No voy a permitir que este pueblo siga siendo atormentado por gente como ustedes —dijo Shadow, sosteniéndole la mirada.

El líder, acorralado y sintiendo su autoridad pisoteada frente a sus hombres, perdió la cordura. Aprovechando la cercanía, arrojó un derechazo traicionero con toda la fuerza de su brazo, buscando el rostro de la chica.



#1583 en Fantasía
#1909 en Otros
#137 en Aventura

En el texto hay: torneo, aventura, rivalidad

Editado: 16.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.