Kensington Hall

Capítulo 1 ✓

Mi mamá siempre me había dicho que era imposible que la nobleza y los plebeyos alguna vez pudieran convivir. No obstante, Kensington Hall, formada por sus cinco palacios de estilo moderno, era el sueño de cualquier niña que hubiese visto alguna vez "Barbie y la escuela de princesas". Lamentablemente, no todas las niñas podían disfrutar de estudiar en aquella prestigiosa institución, que recibía a todos aquellos que poseían un título nobiliario, no importaba si pertenecían a Frionia o no.

Miré la reja dorada que rodeaba los territorios de Kensington Hall y respiré hondo. Mis ojos fueron hacia mi amiga Paty, quien se encontraba a mi lado con ojos brillantes. Era el día en el que se cumpliría mi mayor sueño, por fin tendría una oportunidad para entrar a aquella escuela. Aún podía recordar cuando miraba la escuela en la televisión e imaginaba mi vida dentro de esas puertas.

La reja se abrió para dejar paso a la gran multitud que llegaba al lugar con el mismo objetivo que nosotras: lograr la beca, que habían ofrecido para la universidad de Kensington Hall.

Caminamos por una amplia carretera que quedaba entre dos de los palacios y dirigía hacia el castillo principal, en donde residía la rectoría. Ambos eran de paredes celestes, ventanales amplios, tejados blancos.

Con cada paso, todo parecía hacerse cada vez más gigante. Bajé un poco la cabeza, todo allí me hacía parecer un grano de arena en medio de una playa.

En la escalinata principal nos esperaba una mujer de unos cincuenta años, aunque podrían ser menos. Tenía un cabello castaño y llevaba una camisa de mangas largas acompañada por una falda recta de color beige, que llegaba hasta sus rodillas.

—Bienvenidos, queridos aspirantes —dijo la mujer al tomar el micrófono, que habían colocado frente a ella. Pude ver cómo nos miraba con detenimiento mientras disimulaba sus labios fruncidos y nos ofrecía una falsa sonrisa—. Yo soy Lady Charlotte Brinsgtor, directora de Kensington Hall, es un gusto para mí darles la bienvenida a los aspirantes para la primera beca que ha ofrecido esta institución —La realidad es que no me parecía para nada feliz, pero, de todos modos, la beca no dependía de ella—. Gracias a la generosidad de nuestro amado príncipe, uno de ustedes podrá acceder a esta institución educativa y convertirse en parte de las grandes personalidades de nuestro país.

Sentí un apretón en mi mano y dirigí mi mirada hacia un costado, Paty no despegaba los ojos del palacio a espaldas de la directora. Ella compartía mi sueño de pertenecer a aquella escuela, para nosotras era un cambio que podía afectar de manera positiva nuestra vida.

Los presentes aplaudieron con energía y algunos chiflidos también se escucharon. Miré a mi alrededor y me di cuenta de la gran cantidad de personas que se encontraban allí, lo que reducía la posibilidad de entrar a Kensington Hall, pero tenía fe de poder lograrlo, confiaba en que Dios sabía lo mejor para mí.

—La prueba constará de cinco preguntas de historia y política —explicó la directora cuando cesaron los aplausos—. Luego de ello, cada uno de ustedes tendrá una entrevista. Para hacer justas las pruebas, las mismas serán revisadas con los nombres de cada uno ocultos —añadió. A continuación, entregó el micrófono a otro profesor antes de entrar en el edificio principal.

Otro profesor tomó el micrófono para organizarnos. Fuimos divididos según nuestras fechas de nacimiento, lo que significó separarme de mi amiga, ya que ella había nacido en enero y yo en agosto.

Un profesor fue nuestro guía hasta el aula que nos habían asignado.

El salón se encontraba en la planta baja de uno de los palacios secundarios y la misma era bastante grande, aunque poseía pocas mesas. En la pared principal se encontraba un proyector y junto a este una pizarra.

Tomé asiento en un pupitre cerca de uno de los ventanales de madera y cristal, desde el cual se podía admirar los otros edificios y el verde del pasto que los rodeaba.

La prueba tenía una duración de cuatro horas, pero en tres horas había terminado, aunque tardé unos instantes más, puesto que revisaba cada detalle milimétrico, un solo error podía costarme la beca. Las preguntas tenían una gran dificultad, pues la mayoría llevaba una argumentación bastante extensa, aunque no esperaba menos para una oportunidad como aquella.

Finalmente entregué la prueba y salí al corredor mientras soltaba el aire contenido. Estaba complacida con lo que había escrito, esperaba que fuera suficiente.

Siguiendo las instrucciones que el profesor me había dado antes de salir, subí una escalera de mármol, adornada con una alfombra roja y bordes dorados, hasta llegar a un segundo piso.

«¿Hacia dónde era?», miré hacia ambos lados del corredor, pero seguí sin encontrar respuesta.

«Concéntrate», me dije mientras soltaba un suspiro.

«El profesor dijo que subiera al segundo piso y que fuera hacia la derecha, no... era la izquierda»

Mi memoria era tan buena para retener algunas cosas y para otras...

—¡Hey! —grité al divisar a un hombre de cabello rubio al final del pasillo y cuando se detuvo, me acerqué a toda prisa—. Buenos dí...

Mis palabras se perdieron cuando unos ojos tan claros como los míos se clavaron en mí, distantes como un tempano de hielo, pero a la vez me atraían irremediablemente. Unos ojos que por primera vez podía ver en persona. Me quedé sin aliento al darme cuenta que frente a mí tenía al príncipe William Velmón.

Lucía mucho mejor que en cualquiera de sus fotos o apariciones en la televisión. Vestía un traje negro casi sin ninguna arruga y su corbata correctamente anudada. Mi corazón repiqueteaba dentro de mi pecho mientras mi mirada bajaba hacia su corbata.

—Su Alteza —dije haciendo una reverencia. Mi voz sonaba algo temblorosa—. Lo siento, no le había reconocido.

—No hay problema —respondió él con un tono amable, pero a la vez tan distante.




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