Kensington Hall

Capítulo 14

Estaba flotando en una nube, en una dulce nube de algodón. Cada vez que miraba el cuadro colgado en mi pared no podía evitar soltar un suspiro. ¡William me había hecho un cuadro!¡El me quería! En los pasillos de la escuela tenía que disimular las sonrisas, no quería llamar la atención más de la cuenta.

—Deborah, ¿me estás escuchando? —la voz de Susan me devolvió a la realidad.

En ese momento me encontraba en el comedor. Junto a mí estaba Susan y Gerard, que parecía exhausto de estar allí, no sabía porque tenía que acompañarla a todos lados, si William rara vez andaba con sus guardias dentro de las puertas de Kensington Hall.

Susan se había sentado junto a mí para almorzar y había comenzado a hablar de vestidos nuevos, por lo que mi mente se había ido volando lejos de allí.

—Lo siento, me sumergí en mis pensamientos —me disculpé un poco avergonzada, sabía lo molesto que resultaba hablar sin que te prestaran atención.

—Bueno, te decía que estoy muy emocionada por el baile de esta noche —respondió ella conteniéndose. Sus gestos y su semblante hacían ver que en cualquier momento podía pararse y ponerse a dar saltos de alegría.

—¿Un baile? ¿Cómo que otro baile? —inquirí con asombro. El baile de máscaras había sido apenas una semana y ya iban a realizar una nueva fiesta.

—Ufff, no puedo creer que nadie te haya informado —respondió llevándose una mano al rostro con frustración.

Claro que nadie me avisaría, ya Ariana no estaba a mi lado para contarme todo, la extrañaba mucho, sin ella aquí me sentía muy sola.

—Esta noche habrá una fiesta por mi regreso al país. La reina lo organiza, así que será en el palacio y toda la escuela está invitada, además, de otros miembros de la aristocracia —explicó Susan. ¿Realmente estaba tan emocionada por una simple fiesta? Después de todo ella había crecido de baile en baile.

—Si no tienes que ponerte...

—No, tranquila, sé exactamente que me voy a poner, pero gracias de todas formas —interrumpí su ofrecimiento.

No sabía que tan extravagante sería la fiesta, pero esperaba que el vestido de la entrevista fuera lo suficientemente bueno. Un rato después pasaron por nuestro lado William y Derek. Susan enseguida los detuvo y se puso a hablar acerca del baile e insistía en que no podían faltar. William no me miraba, sabía que no debíamos llamar la atención, no era momento para revelar nuestros sentimientos, aunque para mí era muy difícil no mirarle.

—¿Realmente vas a ir al baile? —preguntó Gérard a mi lado en un susurro.

—¿Por qué no iría? —respondí encogiendome de hombros, mientras intentaba concentrarme en él y no en el príncipe que estaba junto a mí—. Ahora pertenezco aquí.

—No, Debi, no te equivoques. Pon los pies en la tierra, tú convives con ellos, pero no significa que pertenezcas aquí —contestó él negando con la cabeza. Por supuesto que no podía decir otra cosa, siempre había sido demasiado crudo, realista, sin ninguna fantasía. Todo su mundo era práctico, su trabajo, sus relaciones, su tiempo libre, no desperdiciaba un solo segundo en soñar. Que aburrida era una vida de esa forma.

—Gerard, todo estará bien, no te preocupes —respondí para que se relajara, pero sus gestos me decían todo lo contrario, no estaba satisfecho.
*****
En la tarde me arreglé con aquel vestido negro que me había regalado William. Aún podía recordar ese primer día juntos, había sido el primero de muchos. Miré la pulsera que colgaba de mi muñeca, pronto lo llenaría con más recuerdos. Tal vez podría hacer un hada o un pincel para añadirlo.

Cuando el taxista me llamó para avisarme que ya estaba abajo, me puse un abrigo y bajé hacia la salida. Era increíble como el ser humano podía acostumbrarse a todo, antes me molestaban mucho los tacones, pero ahora caminaba con mayor seguridad con ellos.

El taxi recorrió la pequeña distancia que separaba Kensington Hall del palacio y cuando estuve frente a él, quedé maravillada con la belleza de la construcción. El palacio estaba rodeado por un hermoso lago que abarcaba una gran área, la construcción está compuesto por torres y secciones del palacio con grandes ventanales. El interior era lujoso, con esculturas en las paredes, adornos en oro, que resaltaban algún tapiz.

El salón de baile tenía un aspecto cálido, tenía dos pisos, un nivel superior con un balcón desde el que algunos miraban y otro inferior, dónde ocurría el evento principal. Los músicos tocaban una pieza exquisita mientras algún que otro invitado se dedicaba a bailar.

Me decanté por quedarme en el balcón y observarlo todo desde allí. No quería estar rodeada de tanta gente y no tener con quién hablar. Había bastantes miembros de la nobleza; cuando Susan me había comentado que estarían presentes algunos miembros de la élite, no esperaba a tantos.

Busqué entre el público a William o a Susan, pero no había rastro de ellos. Solo la princesa se paseaba por el salón hablando con algunos invitados, de su misma edad, imaginaba que eran invitados. Ella lucía un hermoso vestido color aguamarina y peinado recogido que le hacía lucir mayor.

Un rato después, mientras alternaba mi vista entre mi celular y los asistentes a la fiesta, vi llegar a Derek junto a sus padres y Ariana, y no evitar sonreír, al fin tendría con quién hablar. Me dirigí hacia las escaleras para bajar hacia el salón intentando no perder la pista de mi amiga entre la multitud. Cuando ya estaba llegando a mi destino, choqué con un hombre, casi caí al suelo, pero él me sujetó y detuvo aquel desastre.

—¿Esta bien, señorita? —inquirió cuando logró estabilizarme.

Se trataba de un hombre de unos cuarenta años, con el cabello castaño oscuros y ojos del mismo color. Llevaba un traje más sencillo que el resto de los invitados, ¿sería un lacayo?

—S-sí —respondí con un asentimiento de la cabeza, ese hombre daba un tanto de miedo de tan solo verlo.

—Lo siento mucho, no la vi —se disculpó soltandome para hacer una reverencia.




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