El sonido de pasos me despiertó, el Sol se filtraba por cada ventana de la habitación. Pestañeé varias veces hasta que pude abrir los ojos completamente. Miré el cuarto intentando ubicarme, tenía la sensación de un corazón oprimido y aún no distinguía el sueño de la realidad. Pasé los ojos por la habitación mientras mis pesadas pestañas me impedían abrir los ojos del todo.
Todo el peso de lo sucedido cayó sobre mí cuando vi el retrato en la pared, era la última foto que tenía con mi padre. Me enrosqué en mi cama abrazándome las piernas, mientras me pedía no llorar, quería que mi cerebro bloqueara todo lo sucedido la noche anterior, pero no me hacía caso. Quería borrar a William de mi vida, desaparecerlo.
De repente tocaron a la puerta y acto seguido entró Paty.
—Deborah —dijo abriendo los brazos hacia mí.
Enseguida me reincorporé para abrazarme a ella y llorar. No sé por qué no podía parar de hacerlo, nunca había llorado desde la muerte de mi padre, pero ahora, apenas podía contenerme. Paty no dejó de abrazarme mientras sollozaba.
Cuando finalmente me recuperé, me separé de mi amiga, no debía seguir llorando.
—¿Qué sucedió, Debi? Nunca antes te había visto así —inquirió mi amiga con preocupación.
—Ay, Paty —susurré con la voz ahoga, casi no podía hablar.
Le conté a mi amiga todo lo que había pasado con William, como nos habíamos ido acercando hasta que finalmente me había enamorado, y como había terminado en la habitación de mi madre, llorando como una niña. Ella se quedó en shock, pero agradecí que no dijera nada fuera de lugar. Había imaginado contárselo de otra forma, que ella me exigiría saber por qué no le había contado antes, que nos reíriamos juntas debido a lo feliz que era, pero no había sido nada de lo que había imaginado.
—Voy a dejar la escuela —confesé mientras jugaba con la pulsera en mi mano, la misma que me había regalado William.
Lo había pensado desde la noche anterior. Ya no quería seguir viendo la cara del príncipe, no lo soportaría, mi corazón ya estaba demasiado magullado para recibir más golpes.
—¿Qué? No, no lo harás —respondió Paty negando con la cabeza.
—Paty, no soportaría seguir viendo a la pareja feliz, no puedo —dije negando con la cabeza. De nuevo las lágrimas querían aflojar, pero no lo permitiría.
—Deborah —Me llamó al tiempo que alzaba mi cabeza para mirarla a los ojos— ¿Recuerdas por qué entraste en Kensington Hall? —Asentí con la cabeza—. Lo hiciste para darle una mejor vida a tu madre, para que tus hijos no fueran sirvientes. Entonces, no puedes rendirte, no después de luchar hasta aquí.
—Tienes razón, Paty, pero qué puedo hacer —Me sentía desorientada, sin rumbo, había creído tener una roca en la que apoyarme, pero se había desvanecido.
—Ahora, te levantarás de esa cama, te secarás los ojos, te arreglarás y volverás a la escuela como si no tuvieras el corazón en pedazos —dijo Paty con una firmeza que nunca había visto en ella—. Demuéstrale a todos quien es Deborah Beltrán. Que no importa cuantas veces te golpeen tú puedes levantarte.
Me avalancé sobre Paty para abrazarla. Sus palabras eran las que necesitaba escuchar en ese instante. Necesitaba el aliento que acababa de darme con sus palabras.
Paty se marchó a hacer algunas labores y yo me fui al baño para arreglarme. Me miré en un espejo, mi figura estaba demacrada, mis ojos hinchados de tanto llorar y el maquillaje corrido por todo el rostro.
«Ya has fingido estar bien en ocasiones anteriores, tú puedes hacerlo ahora», le dije a mi yo del espejo mientras la observaba a los ojos.
Era difícil, no sabía cómo enfrentarlo todo. Yo siempre había encontrado el lado positivo de las situaciones, pero en ese momento no había nada positivo.
*****
Después de arreglarme como pude, me dirigí hacia la cocina. Abracé a mamá nada más verla. Ella había tenido razón desde el principio, debía de haberle hecho caso y no hubiera sufrido de esta forma.
Mamá me preparó un desayuno y luego de comerlo todo bajo su supervisión. Recogí mis cosas para volver a Kensington Hall.
—Debi, una vez vi en una novela que decían: una ruptura es como un resfriado, crees que mueres, pero pronto te recuperas —susurró Paty cuando la abracé para despedirme—. Te recuperaras pronto —añadió dándome una palmadita en la espalda.
A continuación abracé a mi mamá.
«Lo haces por ella», me dije.
A partir de ese instante mi mamá sería mi única razón para seguir en la escuela, para soportarlo todo.
—¿Estás bien, mi niña? —inquirió cuando me separé de ella al tiempo que acomodaba mi cabello.
«No»
—Tranquila, mamá, estoy bien —respondí con una pequeña sonrisa.
Debía volver a encerrar mi corazón, guardar mis lágrimas y seguir caminando sin mirar atrás. Adiós a William y a todos nuestros recuerdos.
*****
Al llegar a la escuela, me dirigí hacia el interior del edificio universal con la esperanza de no encontrarme con nadie que pudiera detenerme.
—Señorita Beltrán —Llamaron a mis espaldas cuando subía las escaleras para entrar. Por un momento me tensé, pero me alivió no oír la voz de William.
Me di la vuelta y me encontré con varios hombres, pero uno en especial llamó mi atención. Era el mismo hombre del baile, era aquel sujeto que había chocado contra mí en la escalera. ¿Qué hacía aquí?
—So...soy yo —contesté un poco aturdida.
—Mi nombre es Alexander y vengo a buscarla de parte de Lord Thomas Winsester, Gran Duque de la provincia de Milend —se presentó aquel hombre.
¿Milend? Cierto, era una de las pequeñas provincias cercanas a Ankar. No era muy mencionada en los libros pero la recordaba de Geografía.
El señor Alexander me entregó un sobre que tenía un cuño.
"Estimada señorita Deborah Beltrán:
Solicito por medio de esta carta una audiencia con usted. Si está de acuerdo, mis hombres la llevarán hasta mi hogar.
Saludos, Lord Thomas Winsester, Gran Duque de Milend"