Kensington Hall

Capítulo 18

Los árboles parecían pasar a mi lado a toda velocidad. Cuando era niña me preguntaba a dónde se dirigían y papá me decía que éramos nosotros quienes nos movíamos, que los árboles tenían raíces firmes que no les permitían moverse, pero que las ayudaban a crecer y ser cómo eran.

Al ver aquellos árboles me di cuenta que acababan de cortar mis raíces o tal vez nunca las había tenido. Sí, al parecer había crecido con raíces falsas y ahora el viento me había arrancado.

—Señorita, ya vamos a entrar en la ciudad —anunció el señor Alexander— ¿Dónde quiere que la dejemos? —añadió.

—En uno de los centros comerciales. Entraremos al garaje y saldré normalmente —le respondí. Me asombraba de mi nuevo rol, aún no podía creerlo—. Dejame en algún lugar donde las cámaras no capten mi rostro —añadí cuando el auto entró a uno de los garajes.

El chófer siguió mis órdenes y se detuvo en un lugar bastante alejado. Me bajé del auto antes de que el señor Alexander pudiera bajarse a abrirme.

—¿Estará bien sola? —inquirió el señor Alexander bajando del auto a toda prisa.

Tenía la misma expresión que producía terror, pero había descubierto en poco tiempo que todo era una fachada.

—Señor Alexander, tranquilo, estaré bien. Nos vemos el sábado —respondí dando unas palmaditas en su hombro.

—Está bien, milady —respondió haciendo una inclinación de la cabeza. Él sabía mejor que yo que no debía hacer una reverencia allí—. Por favor, le pido que solo me llame Alexander.

—Muy bien, Alexander —contesté con un asentimiento.

A continuación me despedí nuevamente y me marché hacia el interior del supermercado. Necesitaba estar sola, tenía mucho en qué pensar y mi cerebro no sabía siquiera por dónde empezar. Solo recordar la conversación con él Gran Duque me producía dolor de cabeza.

******
—¿Cuál es el siguiente paso? —inquirí sentándome en la silla que había ocupado antes del desmayo.

—Primero que todo, no le dirás a nadie, al menos por ahora —respondió entrelazando los dedos sobre la mesa—. Dentro de dos meses habrá una fiesta en honor a la reina, irá toda la nobleza y será la oportunidad perfecta para presentarte. Sospecho que uno de tus primos lo hizo, y ellos estarán en esa fiesta.

Asentí con la cabeza, comprendía su estrategia o eso me parecía. Si me presentaba en ese momento la sorpresa sería clave y tal vez les haría cometer errores que los delataran.

—Durante ese tiempo, tendremos clases de etiqueta, política y sabrás más de los sospechosos. Debes estar preparada Deborah, porque ingresar en este mundo es muy fácil, pero puede destruirte —explicó mirándome con un matiz de preocupación y a la vez de duda.

Estaba segura que dudaba de que pudiera lograrlo, que pudiera ser su heredera, y no me mentiría a mi misma, yo también lo dudaba. Ya había probado lo que le sucedía a las ilusiones dentro de este mundo. Pero había aceptado para saber quién destruyó a mi papá y no me retractaría, mis miedos internos no me harían retroceder. La persona que había arruinado nuestra vida tendría que pagar.

—Estoy lista para todo —contesté con la firmeza que mi alma no tenía, pero que sabía que debía conseguir antes de presentarme ante la sociedad— ¿Cómo haremos con las clases?

—Tengo un apartamento en Ankar a nombre de un amigo. Nos reuniremos allí. Así nadie sospechará y a cualquiera que te pregunte podrás decirle que trabajas allí —explicó. Era un plan bastante bueno, imaginaba que lo había planeado con antelación si hacía tanto que me buscaba—. Te pondré un escolta, estará camuflado entre el personal de la escuela, no te preocupes.

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Que no me preocupara, cierto, no había forma de preocuparme mientras actuaba como una autómata. Necesitaba estar sola, muy sola para que mi cerebro tratase de procesar la avalancha de información que había recibido.

Salí del centro comercial luego de comprar un simple labial para justificar mi presencia allí y tomé un taxi para volver a Kensington Hall. Tenía que estar sola o me volvería loca.

Como era sábado la escuela estaba casi vacía y fue lo mejor, en ese momento no estaba para miradas despectivas. Era capaz de explotar en ese momento con quién se atravesará en mi camino.

Al entrar en mi habitación fijé mi vista en el cuadro, en aquel bendito cuadro que me había regalado William.

—¡Ahhh! —grité con la voz desgarrada mientras caía al suelo envuelta en lágrimas y llanto— ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué esto me tenía que pasar a mí?!

En ese instante ya no sabía porque lloraba, si por la parte de mi corazón que había roto William o por la que había desmenuzado la verdad, tal vez debía llorar por las mentiras de mi madre o quizás por haber perdido mi infancia junto a la muerte de mi padre. No sabía cuales eran las causas de mis lágrimas, solo sabía que deseaba llorar.

Aún con lágrimas en los ojos, me dirigí hacia el baño y abrí la ducha, quería tomar una ducha. Quise quitarme la ropa, pero no tenía la fuerza para hacerlo, así que simplemente me senté en la ducha con la ropa.

Debía deshacerme de todo el dolor aquel día, porque el lunes tendría que enfrentarme al mundo que me esperaba. El sueño había terminado.

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Abrí los ojos el lunes sabiendo que era un día diferente, que era el inicio de un enorme cambio en mi vida. Me pasé el fin de semana en mi habitación, pero había llegado el momento de salir nuevamente al mundo.

Me alisté como siempre y antes de irme me miré al espejo.

«Es el momento de enfrentarte a un nuevo día. Uno en el que William es solo el príncipe», le dije a la chica del espejo.

Había llorado, gritado y golpeado mis almohadas dejando salir todo el cúmulo de mi interior, era el momento de empezar desde cero.

Las clases de la mañana se fueron rápidamente y llegó el horario de almuerzo, el que más temía. Nada más entrar me encontré de frente con lo que más temía, William. Él era la única persona que podía derribar las murallas que había logrado construir.




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