El día había llegado, después de dos meses soportando los entrenamientos y las enseñanzas de mi abuelo. Después de haber pasado tanto tiempo fingiendo, finalmente había llegado el momento de revelarme frente al asesino de mi padre.
Todo mi cuerpo temblaba mientras pensaba en lo que me esperaba. Más que en el asesino, pensaba en mi madre. La noche anterior había ido a verla, quería estar a su lado mientras aún era simplemente Deborah, porque sabía que después de la fiesta nada volvería a ser como antes. No podía negar que estaba absolutamente aterrorizada por todo lo que se venía encima de mí.
—Excelencia, ya está lista —anunció una voz femenina y al abrir los ojos me encontré con una de las estilistas que había contratado mi abuelo.
Ella me ofreció un espejo en el cual pude ver mi mirada reflejada. ¿Quién era esa mujer que me miraba? Ya no era la que había entrado en Kensington Hall, solo quedaban vestigios de la Deborah soñadora, que intentaba salir a la superficie. Debía controlar esos pequeños fragmentos y enfocarme, solo así encontraría a mi padre.
—Muchas gracias —contesté con una corta y comedida sonrisa y voz firme—. Me gustó mucho.
Llevaba el cabello suelto con algunas ondas en las puntas mientras que, tenía un maquillaje que a simple vista se veía sencillo, pero que había llevado bastante tiempo.
El equipo de estilistas sonrió complacidas antes de salir de la habitación dejándome solamente con la criada que había asignado mi abuelo para mí.
Cuando estuve sola solté un suspiro intentando disfrutar de mi último momento de soledad antes de que el caos se apoderara de mi vida.
—Excelencia, el Gran Duque la espera —anunció la criada a mi lado.
Enseguida le di una mirada y asentí. Los pies me pesaban solo de imaginar mi salida del apartamento. Quería refugiarme en una esquina de la habitación como cuando era niña, pero ya no era una opción en mi vida. Muchas veces había huido de las peleas y los enfrentamiento, pero esto no había forma de huir, solo podía ir al frente, no había otro camino ahora.
Finalmente me puse en pie y la criada me ayudó a reacomodar la falda del vestido. El abuelo no había escatimado en gasto para mi presentación. Había contratado una diseñadora para que creara un vestido especialmente para la ocasión. Se trataba de un atuendo de color rojo vino con corte princesa y un escote cuadrado con mangas cortas, además, la diseñadora había decidido colocar un lazo en la parte delantera de manera asimétrica.
Salí de la habitación para dirigirme a la sala, donde me esperaban los gemelos y mi abuelo. Los tres llevaban traje de gala, los dos primeros tenían trajes negro azulado con camisas blancas y una corbata del mismo color del saco, mientras que mi abuelo llevaba un traje de un color negro.
Los tres me observaron con asombro.
—Estás hermosa, Deborah —elogió mi abuelo cuando llegué hasta su lugar al tiempo que me ofrecía una mano que acepté.
Debía decir que había odiado a Lord Thomas Winsester desde el mismo instante que supe quien era y sus causas para buscarme, sin embargo, ese odio había quedado atrás. Era mi abuelo, mi instructor a partir de ese instante, además, nos unían las mismas causas.
Mi abuelo le hizo una señal a Alexander, quien enseguida se acercó con una caja de terciopelo oscuro, la cual entregó a mi abuelo.
—Estas joyas pertenecieron a mi esposa, la ya fallecida Gran Duquesa —explicó mi abuelo abriendo la caja, en la cual encontré un collar de rubíes a juego con un par de pendientes en forma de gotas—. Me gustaría que los llevaras hoy.
—Será un placer para mí —respondí con una inclinación de la cabeza.
El Gran Duque devolvió la caja a los brazos de Alexander para tomar el collar y colocarlo en mi cuello, seguido de los aretes. A continuación se alejó y me ofreció una sonrisa de aprobación.
Debía decir que pesaban un poco los accesorios, nunca antes había llevado joyas de tanto valor y tenía miedo de estropearlas.
—¿Estás lista? —inquirió mi abuelo mientras me ofrecía su brazo.
—Estoy más que lista —añadí agarrándome a él.
Había esperado esta presentación por dos meses, al fin comenzaría este juego y esperaba que el final fuese la captura del asesino. Mis pies temblaban con temor, pero la promesa de encontrar a la persona que me había arrebatado todo me mantenía firme.
«Papá prometo que lo encontraré»
*****
Mi abuelo había querido que llegáramos un tanto tarde a la fiesta, ya que la presentación sería mejor, era más cómodo de esa forma, antes de que las personas se cuestionaran por qué estaba junto al Gran Duque siendo una don nadie.
Al llegar a la entrada del palacio, los periodistas anclados alrededor de la casa intentaron rodear el auto, pero los guardias del palacio los hicieron a un lado, permitiéndonos pasar. Agradecía que los cristales fueran oscuros para que no pudieran verme o posiblemente inventarían un montón de sandeces.
Cuando los autos frenaron frente al palacio perdí el aliento. Pronto me enfrentaría a mi nueva realidad.
—Todo irá bien —me susurró Guillermo al ayudarme a bajar del auto.
Simplemente asentí con la cabeza antes de dar la vuelta para tomar el brazo del Gran Duque. En mi mente repasaba cada saludo, cada nombre de todos los sospechosos de primer orden.
Entramos al palacio, el mismo que había recorrido meses antes para presenciar el compromiso de William. Me preguntaba cómo reaccionaría él al saber mi origen. Quería pensar que de todas formas no importaba, pero mi corazón no dejaba de acelerarse al pensar que mi posición nos alejaría aún más.
Un criado nos guió hasta la zona del jardín, donde se celebraba la fiesta. En la puerta que daban hacia este había un escalera y un guardia apostado en la misma. Más allá habían algunas mesas con los múltiples invitados, la música clásica llenaba el lugar, tocada por los músicos con maestría y algunas cámaras recorrían el lugar grabándolo todo, imaginaba que aquellos hombres eran pagados por la reina solo para mostrar lo que le convenía.