Kensington Hall

Capítulo 24

Las palabras de Susan fueron extremadamente dolorosas y a la vez comprensibles. Yo era la que estaba entrometida en la relación de William y Susan, por eso me había apartado del hombre que amaba porque no quería hacerle daño a una amiga. Sin embargo, con esta situación yo también me estaba haciendo daño.

Antes de que pudiera terminar de procesar lo que había pasado con Susan y lo que sus palabras hirientes habían causado en mi corazón. William llegó al apartamento. Su semblante estaba lleno de preocupación.

—Su Alteza —dije mientras hacía una reverencia.

Él respondió con una inclinación de la cabeza. Cuando la criada que había abierto la puerta hizo una reverencia y se marchó, William se acercó a mí a toda prisa y me abrazó.

—¿Estás bien? —inquirió mientras aún me mantenía en sus brazos.

Estar a su lado era muy reconfortante, era como regresar a un hogar caliente en medio del crudo invierno. Me encantaba sentir su cálido pecho y el latido constante de su corazón. Podría permanecer así por la eternidad, pero mi conciencia me recordó que no podía seguir abrazándolo, porque no debía estar con él. Quise comenzar a llorar, pero me contuve y tomando fuerza de voluntad puse mis manos en su pecho y lo empujé.

—Esto no es correcto, William —susurré con voz ahogada cuando estuve a unos pasos de distancia—. Estás comprometido con Susan.

William me observó con confusión y dolor.

—Deborah, ya te dije que voy a dejarla —respondió William alzando los brazos para dejarlos caer otra vez mientras soltaba un bufido.

—Pero es que, incluso hacer eso es incorrecto —susurré intentando contener las lágrimas, pero sentí como comenzaron a deslizarse por mis mejillas—. Susan...ella te ama.

William dió un paso hacia mí y tomó entre sus manos mi rostro para que lo mirara a los ojos. ¿Cómo podía resistir ante su mirada? Eran los ojos del hombre que amaba, que para el resto del mundo eran fríos, pero para mí eran tan cálidos. Tener que dejarlo ir estaba matando mi corazón.

—Deborah...yo sólo te amo a ti —confesó, dejándome sin aliento. El aire desapareció para mí, al igual que todo a mi alrededor. Era la primera vez que lo confesaba en voz alta y había sido tan inesperado y perfecto a la vez—. No me digas que renuncie a ti, por favor —añadió apoyando su frente en la mía.

—William, ella no merece sufrir así —susurré sacando las fuerzas de dónde no las había.

Quería disfrutar de la confesión que tanto había esperado, pero no podía. No si con ello dañaba a otra persona con ello.

Él me despegó un poco de sí, para que pudiéramos mirarnos nuevamente a las ojos.

—Sé que quieres lo mejor para Susan, pero sufrirá más si se casa conmigo. Estar unida a mí para siempre no es lo correcto, porque yo no la amo —respondió él y por primera vez lo planteé así.

Aun así Susan quería seguir adelante con la boda. En serio amaba tanto a William como para olvidar su propia felicidad y vivir el resto de la vida a su lado.

—Pero...

—Deborah, por favor, déjame encargarme de esto —pidió él interrumpiendo cualquier cosa que fuese a decir.

Quería objetar lo que acababa de decir, pero era mejor confiar en él. William conocía mejor que yo este mundo. Debía confiar en él. Aún así había una pequeña pena, que no me hacía estar tranquila del todo.

Finalmente me dejé abrazar por él por un tiempo, mientras intentaba olvidar el día tan horrible que había tenido. Necesito un descanso, solo deseaba salir huyendo y alejarme de los problemas.

—Derek me contó lo que sucedió hoy —dijo William después de un rato, cuando tomamos asiento en un sofá— ¿Estás bien?

—Sí, gracias a Dios, Derek estaba ahí para salvarme —respondí con una sonrisa de labios cerrados.

Si Derek no hubiera estado fuera del restaurante, posiblemente en ese instante estaría en el hospital o muerta. Solo de pensarlo se erizaba toda mi piel.

—¿Ya saben quién fue?

—Aún no, los hombres de mi abuelo están averiguando —respondí y solté un suspiro de cansancio.

—Yo también averiguaré acerca del caso —respondió William.

—No quiero hablar de ello —susurré mientras apoyaba mi cabeza en el hombro de William—. Solo quiero descansar.

Quería disfrutar de un momento de paz después de un día tan tormentoso.
******
William
La respiración de Deborah se fue haciendo más pausada y comprendí que se había quedado dormida. La cargué en brazos y caminé por el apartamento hasta que me topé con un guardia, era el hombre que siempre andaba con ella.

Con solo una mirada comprendió y señaló hacia una puerta, la cual estaba abierta. Entré en ella con Deborah en brazos y la dejé sobre la cama con la mayor delicadeza para no despertarla. A continuación la arropé con la colcha que estaba sobre la cama. Ella parecía tan cansada, como si el mundo hubiera caído sobre sus hombros, al verla así, anhelaba aliviar sus cargas para que ella pudiese estar tranquila.

Acaricié su rostro con suavidad, me parecía que estaba frente a un objeto de porcelana que debía cuidar. Seguidamente deposité un beso en su frente y me quedé en ese punto un instante. La amaba tanto, que daría mi vida por ella. Anhelaba el día que pudiera vivir el amor sin las preocupaciones que me acarreaban en ese instante.

—Descansa, ojos brillantes, yo me ocuparé de los problemas —susurré antes de ponerme en pie y salir de la habitación.

En la sala me esperaba el guardia de antes. Inmediatamente abandoné mi postura relajada y coloqué mis brazos en la espalda.

—Espero que pueda ser discreto con mi visita —dije a modo de petición, pero con un matiz de amenaza.

Estaba seguro que no pondría en riesgo a su señora, pero debía asegurarme de que así fuera. Si algo me había enseñado la reina era a intimidar a las personas solo con mirarlas.

—No se preocupe, Su Alteza, está visita nunca ocurrió —respondió el hombre haciendo una reverencia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.