Mi abuelo me ofreció su brazo al bajar del auto. Enseguida los reporteros nos asaltaron en un instante envolviéndonos en flashes, micrófonos y preguntas.
—¿Qué les parece la coronación del príncipe, William? —inquirió uno de los reporteros y todos los demás se quedaron a la expectativa.
Mi abuelo me miró esperando una respuesta de mi parte.
—Eh... Estamos muy complacidos con la coronación del príncipe William. Un rey joven como él podrá aportar nuevas ideas para Frionia. Esperamos poder colaborar en su reinado desde Milend —respondí con toda la diplomacia que había aprendido de mi abuelo.
Otro reportero hizo una nueva pregunta, pero Alexander lo frenó y nos apremió para que entráramos en la catedral. Mi abuelo me había enseñado que a los reporteros solo debía responder lo justo y lo necesario.
—Bien hecho, Deborah —Elogió mi abuelo mientras continuábamos nuestro camino hacia la Iglesia.
Aquella era la primera Iglesia Evangélica de Frionia. Era hermosa, tenía una construcción ecléctica, con detalles en las columnas y vitrales hermosos. Al entrar me encontré con un espacio gigantesco con un tejado a dos agua en forma de arco, lleno de bancos alargados de madera y frente a nosotros había un gran pasillo que llevaba hasta el altar.
Junto a mi abuelo caminamos hasta los primeros bancos, donde se encontraba la reina, la princesa y Susan.
—Majestad —saludamos mi abuelo y yo haciendo una reverencia.
La reina saludó con gesto de la cabeza mientras su mirada se fijaba en mí.
«Si no dejas al príncipe, pararé de enviar ayuda a Milend. ¿Serías capaz de condenar al Gran Duque y a tu pueblo?»
Aún recordaba sus palabras, sus amenazas. Aquello erizaba mi piel solo de pensarlo. Ella sabía perfectamente que jamás dejaría al pueblo abandonado. A pesar de la independencia de Milend, nosotros solos no podíamos mantener el reino, necesitábamos de Frionia para poder seguir adelante.
Susan también me dedicó una mirada, parecía decirme «yo gané» solamente con sus ojos.
Después del saludo, tomamos asiento en la segunda fila de bancos. Después de una larga espera en la que llegaron los miembros de la nobleza para saludar a la reina y los periodistas escogidos paseaban por la estancia, las trompetas comenzaron a sonar y las puertas de la catedral se abrieron dando paso a William. Todos nos pusimos en pie para recibir al nuevo rey. Él iba vestido con un traje rojo lleno de medallas que estaba cubierto por una larga capa del mismo color.
Lo vi caminar por el pasillo principal con mucha seguridad mientras todos realizaban una reverencia a su paso. Cuando casi llegaba al frente nuestros ojos se encontraron rápidamente y yo desvié mi mirada hacia el suelo.
«William debemos terminar con esto de una vez»
Unas mariposas revolotearon en mi estómago al recordar nuestro último encuentro.
El príncipe siguió caminando, dónde fue recibido por el Obispo de la iglesia.
—Hermanos, hoy nos reunimos para coronar al príncipe William Dylan Edgar Edward Velmón como rey del Reinado Independiente de Frionia —comenzó diciendo el Obispo y mis ojos se abrieron como platos al conocer todos los nombres de William—. Príncipe William Dylan Edgar Edward Velmón promete proteger a su pueblo, seguir las leyes y la iglesia...
—Excelencia —interrumpió un guardia a mi lado dejando en un segundo plano la ceremonia—. El señor Guillermo necesita verla urgentemente, es acerca de su padre —añadió en un susurro.
Mi boca se secó al escuchar acerca de mi padre, sería posible que Guillermo hubiera encontrado algo acerca de su asesino. Debía ir inmediatamente.
—Abuelo, debo salir un instante —susurré hacia mi abuelo y este asintió dándome permiso.
Me escabullí del templo siguiendo al guardia que me sacó por una entrada lateral para que los periodistas que esperaban fuera como leones rapaces no nos vieran. Finalmente este se detuvo, sin embargo, no había nadie.
—¿Dónde está Guillermo? —inquirí hacia el guardia.
—Excelencia, esperelo aquí, vendrá enseguida —respondió hizo una reverencia y me dejó sola.
Miré a mi alrededor, estaba en la parte trasera de la Iglesia, la cual estaba rodeada de un extenso campo verde. La brisa sopló y cerré los ojos dejándome envolver por la sensación que el viento me transmitía, este siempre me recordaba la playa.
Sorpresivamente sentí que me taparon la boca. Llevé mis manos hacia allí para encontrarme con una fuerte mano que me aprisionaba. Intenté hablar, pero solo pude toser cuando una especie de polvo comenzó a penetrar por mis fosas nasales. Traté de forcejear con quién me agarraba, pero el sujeto apretó más su mano contra mi cara mientras mis brazos aún se movían buscando algo con lo que defenderme.
De repente mi cuerpo comenzó sentirse pesado y el sueño invadía mis ojos. Mis brazos cayeron a mis costados e intenté pestañar, porque debía resistir, pero los párpados cada vez eran más difíciles de abrir. Antes de que mis ojos se cerraran por completo vi a Susan a la distancia. Traté de pedirle ayuda, pero antes de que pudiera hacerlo mis ojos y luego todo se convirtió en una total oscuridad.
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Un dolor intenso azotó mi cuerpo, mis muñecas ardían, al igual que mis piernas, no lograba separar los labios y mis ojos pesaban como si mis pestañas fueran piedra.
Abrí los ojos lentamente y pestañeé varias veces con la intención de que desapareciera la pesadez de mis ojos. Miré a mi alrededor en busca de algo conocido, pero todo lo que podía ver eran altas paredes llenas de manchones donde la pintura se había caído. El techo hecho de rejas se alzaba muy por encima de la cabeza y los ventanales emitían muy poca iluminación. ¿En dónde estaba?
—Oh, ya despertaste, Bella Durmiente —dijo un corpulento hombre sentado frente a mí, en una silla puesta al revés, entonces todas las imágenes de lo sucedido volvieron a mi mente.
«¿Qué quieren de mí?», intenté preguntar, pero lo único que salió fue un murmullo poco entendible, pues mis labios estaban tapados con algo pegajoso.