Kensington Hall

Capítulo 28

La reina entró en el apartamento sin que yo la autorizara. Un temblor recorrió mi cuerpo ante su presencia.

—¿Acaso no le dije, Lady Deborah que se alejara de William? —dijo la reina dándose la vuelta hacia mí. Sus ojos parecían penetrar cada célula de mi cuerpo como si pudiera destruirme de esa forma— ¡Y se les ocurrió salir frente a las cámaras! Ahora sufrirá las consecuencias de haberse burlado de mí.

—Estamos listos para sufrirlas, Reina —respondió la voz de William tras su madre antes de que pudiera decir nada.

Por primera vez pude ver el miedo en los ojos de la reina, no era muy evidente, pero allí estaba. Se dio la vuelta hacia su hijo.

—William, ¿qué haces aquí? —inquirió.

William le ofreció una sonrisa de lado y contestó: —Eso no es importante, reina. Lo importante son las consecuencias a las que se refiere.

La reina intentó hablar, pero William la hizo callar levantando su mano.

—No es necesario que dé ninguna explicación, ya lo conozco todo —agregó William acercándose a mí, para tomar mi mano.

La reina nos observó sin entender. Esta vez tuve que sonreírle con triunfo.

******
Dos semanas antes...
Tenía que hablar con William y pedirle que terminaramos, pero como se le decía aquello al hombre que se amaba. Le había enviado un mensaje para que nos viéramos en el jardín de Kesington Hall. Mi corazón estaba en un puño, pero no tenía otra solución, no iba a permitir que la reina, por sus caprichos permitiera que Milend se quedara sin ayuda.

—Deborah, ¿qué sucede? —preguntó William al entrar al laberinto.

Mi corazón estaba en un hilo al oír su voz. Ya una vez había decidido alejarme de él, pero ahora era diferente y no sabía por qué, pero dolía solo de pensarlo.

—William... debemos terminar con esto de una vez.

—¡¿Qué?! —exclamó William y enseguida negó con la cabeza—. ¿Acaso hice algo mal? si es por Susan te prometo que pronto anularé el compromiso, solo... no renuncies a mí... A nosotros —La desesperación en su voz llegó a lo más hondo de mi alma.

Contuve las lágrimas y traté de conservar la calma. No quería romper con William, pero no podía ser egoísta y dañar a las personas que habían confiado en mí. Milend era el legado de mi abuelo y bueno, malo o regular era suyo. Sin embargo, no pude contenerme al notar el sufrimiento escondido en los ojos del hombre que amaba, así que hice lo único que podía, contarle todo lo que había hecho la reina y sus amenazas.

—¿Entiendes, William? No podemos estar juntos. Se trata de personas inocentes —dije al terminar de contarle.

—Lo entiendo, Deborah y me alegra que seas tan sensible ante las personas. Creo que tengo un plan para solucionar esto —respondió mi príncipe acariciando mi rostro con suavidad.

Lo miré con dudas, no sabía dónde nos llevaría aquello, pero quería confiar en William y su plan.

******
—Reina, sé muy bien que ama las amenazas y que es muy astuta, pero yo también puedo hacerlo —dijo el príncipe, con seguridad—. Amenazó a Deborah con Milend y le dimos lo que quería, nos alejamos o al menos eso le hicimos creer.

Ver a la reina descolocada fue algo nuevo. Era una persona que nunca perdía el control y ahora era así. Desconocía las intenciones de William, pero estaba segura que pondría fin al control de la reina sobre nuestra vida.

—He estado investigando algunas transacciones bastante extrañas desde hace años. Eran bastante difíciles de rastrear, pero lo he logrado —comenzó a explicar William—. Usted, majestad, ha estado desviando cuantiosas sumas de dinero a su cuenta personal.

Los ojos de la reina se abrieron como platos para mirar a su hijo. Yo también me quedé anonada ante tal información. William no me había contado qué tenía contra la reina, solo que debíamos fingir habernos alejado hasta que él estuviera seguro de una información.

—Eso no es cierto —dijo la reina negando con la cabeza, aunque parecía intentar mantener la calma.

—Tengo todas las pruebas necesarias, reina —respondió William—. Ahora, tiene dos opciones: uno, se queda y enfrente un juicio por desvío y malversación de fondo, o dos, toma todo su dinero, nos deja en paz y se marcha a la isla de Hayat.

—¿Irme? —preguntó en tono bajo casi para sí misma— ¿Quién cuidará de Carolina?

—Reina, jamás se preocupó por mi hermana. Estoy seguro que estará perfecta sin usted.

Pude ver cómo la reina debatía consigo misma. Imaginaba que su orgullo le pedía que se quedara. La oferta que le había hecho William era muy buena en su situación, siendo tan inteligente, como era, esperaba que aceptara y por fin nos dejara en paz.

—Aceptaré irme —respondió la reina finalmente entre dientes y con los ojos cerrados.

Su respuesta me dio un gran alivio, pude soltar el aire que había contenido. Los hombros de William también se relajaron, él, a pesar de mostrar fortaleza, estaba muy tenso.

—Bien, tienes dos días para abandonar el palacio —dijo William. Hasta en su voz se notaba que la rendición de su madre le daba alivio—. Si no hay nada más, puedes irte —añadió señalando la puerta.

La reina nos ofreció una mirada de odio puro y con toda la dignidad del mundo se dirigió a la puerta para irse.

Cuando la puerta se cerró me acerqué a William para abrazarlo con todas mis fuerzas. Ya no había nadie entre nosotros, éramos libres nuevamente.

—Fuiste muy valiente —dije dejando un beso en su mejilla.

—Te amo —susurró él sin dejar de abrazarme.

******
La luna iluminaba mi habitación a través de la ventana, el silencio envolvía la mayor parte de la ciudad y el viento fresco golpeaba mi rostro. Ya eran las cinco de la mañana y aún no había podido acostarme a dormir, así que había tomado asiento frente a la ventana.
Mi mente no podía concentrarse en nada en específico y cuando intentaba dormir solo veía a Guillermo en el suelo ensangrentado. Había intentado dormir ya dos veces, pero había sucedido lo mismo.




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