Kensington Hall

Capítulo Extra

Casi no había podido dormir, por las mariposas que no paraban de revolotear en mi estómago. A mis lados estaban dormidas Ariana y Paty, quienes habían pasado la noche conmigo contando historias y películas hasta que ambas se habían quedado dormida. Mientras aún mis amigas dormían plácidamente me levanté y dirigí hacia la habitación donde se encontraba el vestido de novia.

Ya lo había admirado varias veces estos últimos dos días, pero hoy era distinto, hoy al fin lo usaría para ir al altar, para casarme con el hombre que amaba tanto. El vestido tenía un corde se sirena con la parte superior del escote hecho de tull al igual que las mangas y por todo el vestido se esparcían líneas plateadas.

Oí ruidos fuera de la habitación y al regresar al salón principal encontré a mis amigas ya despierta y a mi madre, que acababa de llegar. Paty puso los ojos en blanco, seguró mamá ya las había regalado por estar durmiendo, ella estaba tan o más nerviosa que yo por la boda.

—¿Qué hacían aún durmiendo? Hoy es la boda —respondió mi madre con los brazos en jarra.

Yo solo pude sonreír, hoy era mi boda. Al fin me casaría con el hombre que amaba.

Un rato más tarde llegaron las maqullistas y peluqueras. Mi madre insistió en que desayunara, pero solo pude tomar leche. Tenía tanto en qué pensar, promesas que memorizar y pronto sería la reina, aquello último me aterraba más que todo lo anterior.

Las maqullistas hicieron un maquillaje con un tono rosa y resaltando con el negro del delineador. Quién tenía la situación más difícil era la peluquera, no podía imaginar qué peinado podría hacer con mi cabello corto que apenas llegaba hasta los hombros. Para mi asombro cuando me vi en el espejo quedé más que impresionada. Sobre mí cabeza relucía una hermosa tiara de plata, un regalo de William; la misma poseía unas extrañas piedras que parecían diamante, pero la coloración en sus puntas se volvía verde y azul. La peluquera había hecho dos trenzas que terminaban en la parte trasera y justo allí estaba colocado el velo.

Me miré en el espejo mientras mi corazón se agitaba. Estaba muy hermosa.

—Muchas gracias, chicas, me encantó —dije girandome hacia las mujeres que habían hecho la magia. Ellas me sonrieron complacidas.

—Hija mía, estás hermosa —elogió mi madre entrando en la habitación.

—Gracias, mamá, tú también estás hermosa —contesté.

Ella llevaba un vestido color crema y llevaba el cabello recogido.

Más tarde llegó mi abuelo junto a Alexander, ambos estaban muy elegantes. Los ojos de mi abuelo se iluminaron al verme e hizo algo que pocas veces había hecho, me besó en la frente.

—Eres la novia más hermosa que haya visto —dijo cuando se separó de mí y yo le ofrecí mi mejor sonrisa de felicidad.

Unos minutos después llegó la señorita que había organizado la boda para anunciarnos que ya era momento de irnos hacia la Iglesia. Mi madre tembló de los nervios y yo solté un suspiro, era el momento, pronto sería la esposa de nada más y nada menos que el rey de Frionia. Era algo por lo que estar orgullosa, pero a la vez mi corazón se disparaba de solo pensar que dentro de dos días más sería la reina.
******

Al llegar a la Iglesia, mi madre salió del auto junto a Alexander.

—Espera aquí, hija mía, avisaré que ya has llegado —dijo mi madre, las lágrimas ya estaban en sus ojos.

Ella y Alexander se dirigieron hacia el interior de la iglesia aunque antes tuvieron que esquivar una orbe de periodista sedientos por saber más acerca de la boda. Le había pedido a Alexander que se sentara como parte de la familia y aunque al principio se había negado, finalmente había aceptado hacerlo, él era parte de mi familia y no me importaba lo que dijera el protocolo, lo quería cerca de mí.

Unos minutos después la puerta principal de la Iglesia se cerró y fue el momento de salir del auto. Primero lo hizo mi abuelo, quien ayudó a bajar a Paty, quien era mi dama de honor, llevaba un vestido azul claro y una tiara de flores en el cabello y luego me ayudó a bajar a mi también.

Tomé aire mientras mi piel se herizaba bajo las mangas del vestido. Debía recordar mis promesas hacia William.

Los periodistas al vernos saltaron sobre nosotros para tomar fotos y hacer preguntas, pero los guardias enseguida los hicieron a un lado. Ellos no dejaban que se casara tranquilamente.

Cuando llegamos hasta la entrada, Paty me ayudó a acomodar bien mi vestido.

—Sé feliz, Debi —dijo dándome un abrazo fuerte antes de tomar su cesta con pétalos y ponerse en su posición.

Un hombre que aguardaba junto a la puerta, dijo algo por un audífono e instantes después las puertas se abrieron hacia adentro revelando la Iglesia. La decoración me dejó sin habla, era hermosa y sublime, en el suelo habían pequeños arbustos de hojas verdes y unas pequeñas flores blancas, mientras que junto a cada banco habían árboles blancos con hojas de plata, que llevaban rosas colgando.

Una suave melodía de piano comenzó a sonar y Paty inició su camino hacia el altar mientras dejaba caer pétalos de flores. Cuando llegó al frente hizo una reverencia a William y tomó asiento.

Entonces fue mi turno, me agarré fuertemente del brazo de mi abuelo, podía sentir como los pies temblaban bajo mi vestido. Miré en la dirección de William y su rostro me ofreció una hermosa sonrisa, llevaba un traje negro con corbata y una rosa, dónde solía ir el pañuelo.

Caminé por el pasillo sin despegar la vista de él. Cuando llegué al frente mi abuelo me besó la mejilla y añadió:

—Que seas muy feliz.

Subí los escalones que faltaban para llegar hasta mi amado. Intenté hacer una reverencia, pero William me detuvo.

—No debes inclinarte frente a mí nunca más —susurró tomando mi mano libre.

Lo miré a los ojos y en ellos encontré un brillo que se reflejó en los míos.

Finalmente el Obispo dió comienzo a la boda. Después que hubo dado algunas palabras y consejos pasamos a los votos matrimoniales.




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