Kensington Hall

Capítulo 2 ✓

Ya había pasado una semana desde la prueba y aún quedaba una semana más para conocer los resultados, aunque no podía negar que mi estómago ardía bajo la espera de los resultados. Había volcado mi tiempo en trabajar para olvidarme de todas las posibilidades, pero en algunos momentos ni eso me ayudaba.

—Las vacaciones casi han terminado y no hemos salido a ninguna parte —bufó Paty mientras me ayudaba a limpiar los alrededores de la piscina.

Miré el agua de la alberca y deseé lanzarme a la misma, el Sol radiante del mediodía me tentaba a hacerlo, pero solo al recordar la ocasión en la que Paty me había tirado "sin querer" a la misma, mis deseos desaparecieron. En aquella ocasión la señora Luisa nos había dejado sin paga y a nuestros padres les habían recortado el salario. Había sido una crueldad, por tan poco, pero también un escarmiento para que no lo hiciéramos nuevamente y para que nadie más se atreviera.

—Tal vez el fin de semana podamos salir a algún café —sugerí girándome hacia mi amiga. Quien se quedó en silencio por un momento mientras sus ojos se movían de un lugar a otro.

—No tengo dinero para ello —respondió finalmente haciendo un mohín.

—Es normal, si siempre gastas el dinero comprando accesorios con las imágenes del príncipe y Lord Dileono —contesté poniendo los ojos en blanco—. Yo invitaré esta vez —añadí haciendo que mi amiga saltara sobre mí, apretujándome en un abrazo.

—¡Te quiero, Deboris! ¡Eres la mejor! —exclamó abrazándome con más fuerza hasta casi dejarme sin respiración.

—No te acostumbres —respondí cuando nos separamos, aunque sabía que volvería a hacerlo unas trescientas veces más.

En ese momento mi teléfono comenzó a sonar, lo saqué de uno de los bolsillos del uniforme. Se trataba de un número desconocido. Era extraño porque nunca nadie que no fuera de mis contactos me llamaba o bueno, algún que otro equivocado, que de vez en cuando me llamaba para comprar algún accesorio, tal vez fuese uno de esos equivocados. Contesté mientras Paty miraba expectante.

—Hola.

—Buenas tardes, la llamamos desde la secretaría de Kensington Hall —dijo una voz femenina al otro lado. Mis ojos se abrieron como platos al escuchar el nombre de la escuela. Paty me miró con interrogación y yo gesticulé con los labios el nombre de la escuela, lo que hizo que ella también abriera los ojos—. Tenemos un problema con su nombre de registro y solo tenemos su número de inscripción. Por favor necesitamos de su presencia en la escuela para arreglar ese detalle entre hoy y mañana. Traiga con usted su carnet de identidad o pasaporte y ficha de inscripción a nuestra beca.

—Está bien, señorita, iré hoy mismo —respondí antes de colgar el celular.

Paty aguardó unos instantes sin decir nada, aunque en su mirada podía ver su anhelo porque hablara.

—Me han llamado de Kensington Hall, hay un problema con mi nombre debo ir de inmediato —expliqué, pues sabía que Paty era capaz de lanzarme a la piscina si no hablaba —. Debo hablar con la señora Luisa para salir —agregué girándome hacia la mansión.

Dudaba que la señora Luisa me permitiera marcharme con todas las actividades que aún quedaban por hacer, pero suplicaría si era necesario para poder salir. A toda prisa me dirigí hacia la casa con un ritmo cada vez más acelerado. Tras de mí pude oír los pasos de Paty, que me acompañaba.

Me dirigí hacia la cocina, el almuerzo ya había pasado y estaba segura que estaría allí supervisando que se fregara bien cada traste. Pero al llegar allí solo encontré a las cocineras, sentadas en pleno descanso.

—¿Y la señora Luisa? —inquirí hacia las cocineras, fijando la vista en mi mamá.

—Acaba de marcharse —señaló ella el pasillo que conducía hacia la estancia de los dueños.

Sin mediar más palabras, salí corriendo tras la señora Luisa mientras escuchaba el eco de mis pies al chocar contra el suelo. Finalmente, la visualicé, casi había llegado al comedor.

—¡Señora Luisa! —exclamé haciendo que todo retumbara bajo mi voz.

Cosa que me hizo encogerme de hombros y entrecerrar los ojos. Esperaba que los miembros de la familia Calet no se encontraran aun allí, en especial la duquesa, que odiaba los ruidos.

La aludida se detuvo y se giró hacia mí. Tomé un respiro antes de encaminarme hacia ella.

—¿Por qué no estás en la piscina? —inquirió la señora Luisa nada más llegar a ella. Sus ojos parecían dos cañones.

—Señora Luisa, necesito salir —respondí—. Me han llamado para ir a...

—Otra vez piensas perder un día de trabajo —me interrumpió la señora Luisa con el enfado latente en su voz.

Una incomodidad me surgió en el pecho antes sus palabras. No había faltado en múltiples ocasiones, aquel era un comentario injusto. Me había acabado la espalda trabajando en aquella casa y solo había faltado a mi jornada de la mañana para las inscripciones en Kensington Hall.

Cerré los ojos.

—Debo ir a Kensington Hall lo antes posible —expliqué manteniendo la calma. Aunque estaba siendo injusta conmigo, sabía que solo estaba haciendo su trabajo como ama de llaves.

Además, no podía quejarme o correría el riesgo de ser despedida y eso significaría volver a mudarme, no quería eso. Así que tragué mis palabras.

—¿Y quién hará todas las tareas que faltan? —inquirió alzando las cejas y bajé mi mirada, no tenía respuesta para ello.

—Yo las haré —respondió una voz tras de mí, que me hizo pegar un leve brinco. Me giré para encontrarme con Paty.

Le dediqué una sonrisa de agradecimiento y ella me lanzó un beso. Volví mi mirada hacia la señora Luisa esperando una respuesta. La mujer intercambió miradas entre Paty y yo mientras una de sus cejas se alzaba.

—Está bien —accedió la señora Luisa y tuve que contener un gritillo, lo que hizo que la señora Luisa me fulminara con la mirada—. Si las tareas no están listas en el horario establecido, ambas serán responsables y castigadas por ello —agregó señalándonos con su dedo índice de manera amenazadora.




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